La siguiente es la afirmación de Germán Arestizábal que gatilló la respuesta de Zurita:

“(Zurita) es asqueroso. Qué sentido puede tener, si lo único que nos queda es un poco de dignidad. Para qué hay que andar maqueteándose por unos pesitos más. Zurita es un pobrecito. Me dan unas ganas de llorar, hueón. ¡Es terrible! Me lo lloraría todo por Zurita. Es que aparece con parkinson y toda la hueá, dando lástima y todo cagao… Es demasiado cínico, por qué no se queda mejor en su camita”Nike Air Max 90.

Me llevé una sorpresa, el “artista” Arestizábal está vivo. Hay que reconocer que tiene resistencia el borrachín éste. Me había sinceramente alegrado, pero al parecer despertó de la última caña odioso, con ganas de pelear. Por supuesto que no me voy a hacer cargo de las imbecilidades que dice de mí, jodido asunto el delirium tremens, pero por si se le llegara a pasar la mona, voy recordarle a este deficiente un par de cosascheap nike air max 90.

Ilustrador surrealistoide de muy poca monta, este taradito se me pegó en los años 80 y como, fuera de lo salamero y adulón hasta lo insoportable, era de los cariñositos, de los que inauguraron los abrazos con besos, unos besos salivosos, tufientos, fuera de falsos bastante asquerosos en verdad, para qué vamos a decir una cosa por otra, que le dieron la fama que sus monitos no podían darle. En ese tiempo me quedaban todavía los restos de una Guggenheim, y me acordé de esto por algo que este tres medallas dice sobre unos pesitos.Cheap Rolex

Ponte un corcho y envásate sólo hijito de puta, entiendo que la indigencia y el sablazo eran dos caras de la vida esos años y no lo reprocho, pero tú, la chancha con más corrida de tetas, hablando de conseguirse unos pesitos. Alucinante. O tenís la concha de una dromedaria o se te jubiló de cirrosis la única neurona. De los únicos pesitos que te deberías acordar huevón tufiento antes de andar insultando a los que fueron buenas personas contigo, es de todos los pesitos que no una, cien veces tuve que pasarte para que no te murierai congelado en la calle, ¿oíste conchetumadre?

Y te dejo hasta aquí no más maricón culeado porque para la próxima me enojo.