Capacita a empresas con teatro y vive en casa de su viejo. Alejado del mundo de la televisión, el ex Protagonistas de la Fama escarba sabrosos detalles del encierro y su salida de pantalla, con estafa y accidente incluidos. Y por primera vez, cuenta su participación en un clásico comercial de té y su mesa que recorría Chile entero.

Por Diego Figueroa Jamasmie.

Gerardo “Chicho” del Lago (31) abre la puerta de su departamento en la comuna de Las Condes. Como cualquier sábado en la mañana se pasea con pantuflas, pantalón de pijama y una polera de Scooby-Doo ajustada. Se ve panzón y las ojeras bien marcadas lo delatan. El carrete del viernes estuvo bueno. Pero no le importa que se le note. Si fue capaz de aguantar por meses que medio Chile lo mirara, qué más da andar así un fin de semana en su casa, donde vive con su padre y hermana.

Está ansioso, pregunta más de una vez por qué es el elegido para esta entrevista y cuándo será publicada. Casi sin que le pregunten comienza a desclasificar archivos empolvados del recordado reality. Recuerda los autógrafos, las luces y los aplausos. Pero tampoco olvida cómo poco a poco el teléfono dejó de sonar.

¿Fue muy duro pasar al olvido luego de ser una carta de Canal 13?
-Uno dice “pucha qué lata”, pero así se dieron las cosas. Hay que ser lo suficientemente cuerdo para darse cuenta de que la tele no lo es todo. Pagan mucho mejor que en otras pegas, pero también hay más posibilidades. Amplié mis horizontes, descubrí que podía hacer clases, estar en teatro, hacer talleres y estudiar cosas relacionadas a la actuación.

¿Y qué hiciste con la plata que ganaste en la tele?
-Ahorré. Pero caí con uno de todos los chantas que daban vueltas cuando terminó el programa. Le hice caso e invertí tres millones en un local en Suecia. Llegó este gallo (ver foto) que era el dueño y nos dijo que nos asociáramos con él. Nos entusiasmamos porque supuestamente ganaríamos como medio millón al mes. También participó la Carlalí– primera eliminada de Protagonistas de la Fama-. Pero este tipo se arrancó con la plata… Aún no he hecho nada, no me he metido en demandas, pero hay veces en que esa plata hace falta.

¿Qué recuerdos tienes del encierro que no se hayan visto?
-Una vez le amarré toda la ropa a la Cata Bono, prenda por prenda. Pero la ordené impeque, tal como ella la dejaba. Ella se levantaba muerta de sueño todos los días. Se sentaba en la cama como cinco minutos sin abrir los ojos. Sin ver, tiraba la mano para atrás y pescaba un chaleco. Ese día pescó la hueá y se le fue todo al suelo. Eran como 60 prendas amarradas con nudos súper apretados, casi que había que echarle aceite para soltarlos.

Pero hay situaciones que no se mostraron que deben ser más divertidas ¿Qué hay de cierto del sexo en el reality?
-Yo doy fe que hubo. No voy a decir quiénes porque eso es tan personal que las mismas personas deberían contarlo.

Con esto descartas que hayas tenido sexo con tu pareja de ese entonces…
-Yo disfruté de caricias y bonitos juegos (ríe).

Te pregunto porque en tu ficha de ingreso al programa contestaste que el sexo era lo que más te gustaba.
-Es cierto. Pero yo sabía que había videos de otros programas que se habían filtrado y si me pasaba eso a mí, me podía perjudicar. Aparte que no soy tan exhibicionista para decir “hey, véanme, estoy follando”. Sé que Canal 13 por su línea editorial no lo iba a mostrar. Pero imagínate que echaran a un compadre que tuviera acceso a las cintas. Podría pelárselas y echarlas a correr por Youtube. No tuve sexo. O sea, después del reality, te podría contar maravillas, pero dentro no. Cuesta, cuesta.

¿Y cómo se hace? Fueron tres meses de encierro total: sin tele, sin hacer deporte…
-Con harta pajita po. Por alguna parte hay que descargarse (ríe).

¿Es cierto que en una fiesta, Jorge, Francesca y tú terminaron borrachos, corriendo sin ropa por la casa y duchándose juntos?
-Eso no fue tan fue así. O sea, sí me bañé con la Francesca y después se metió el Jorge. Porque ella, me producía una química muy rica. Y sí, estábamos en pelota, un Adán y una Eva, tulita con tulita y sapito con sapito. Rico. Pero la verdadera historia fue así: yo para tomar tengo que fumar. Y como la fiesta fue adentro de la casa no podía. Entonces me tomé dos copetes y era una desesperación. Y fue como “puta que lata, para qué tomarme otro copete”. No estaba arriba de la pelota pero sí estaba en ese estado cuando te sientes “rico”. De repente, la Francesca dijo que se iba a duchar y yo le dije: “yapo, duchémonos”. Me dijo “te apuesto que no te atrevís” y así se dio. Hasta que llegó el Jorge y cagó la onda.

¿En ese tiempo tú ya pololeabas con Elizabeth (la “Chica”), su amiga del encierro?
-No, la cosa no pasaba más de miraditas. Yo no me quería comprometer con nadie y siempre le dije que lo viéramos afuera. Mi meta era la actuación, y nadie me sacaba de allí. Pero al final están las mujeres po hueón.

¿Son aporte los realities?
-En cierta medida son un aporte. Hay muchos padres que no tienen buena comunicación con sus hijos y se pueden proyectar. Al ver las imágenes pueden decir: “ah, esto le pasa a mi hijo”, porque siempre hay similitudes. Me acuerdo que después de Protagonistas… una señora se puso a llorar en mi hombro. Yo estaba en un pub, me abrazó y me repetía “tú eres igual a mi hijo”, y lloraba. Yo le dije, mándele muchos saludos entonces. Y ella me respondió que estaba en el cielo y se había muerto antes de que empezara el reality.

Cuando lo eliminaron del encierro, “Chicho” se tuvo que reinventar. Apareció esporádicamente en otros programas. Canal 13 le permitió trabajar paralelamente en Mega. Ahí, en el programa del Pollo Fuentes, participó en segmentos de humor. Apareció en espacios de Sábados Gigantes y formó parte del elenco del Área dramática de Mekano. Pero gradualmente el teléfono dejó de sonar y un accidente terminó por dejarlo fuera de la pantalla.

¿Tienes ganas de volver a la TV? Tu salida fue abrupta.
-Tuve un accidente en auto que me dejó prácticamente fuera de pantalla. Me tuve que retirar del Mega. Justo me estaba proyectando en el canal con un personaje que tenía en Don Floro y con el accidente tuvieron que cambiar el final. Con eso quedé casi con las dos patas afuera. Y después ya no me llamaron más. Después se acabó el área dramática de Mekano y quedé en la nada. Pero siempre con ganas de trabajar, ojalá que suene el teléfono, yo ahí estoy.

¿Y en qué estás ahora?
-Soy parte de una consultora que hace capacitación para otras empresas con teatro. Nuestra herramienta de intervención es la obra teatral. Por ejemplo la Asociación Chilena de Seguridad quiere que sus trabajadores sean responsables de su cuidado. Y nosotros hacemos una obra que se llama “Agarra la pelota”, en la que el guión les dice “hazte cargo de tu seguridad”. Y también estoy terminando sicología en Uniacc, mi idea es poder fusionar las dos profesiones.

LOS PRIMEROS PASOS EN TV

Leí en tu curriculum que sale en Internet, que participaste de un comercial de té, ¿fue en el clásico de la mesa gigante?
-Sí, de dónde sacaron eso (risas). Yo vivía en Antofagasta, estaba en el colegio como en primero medio. Y llegaron un día a contar que querían grabar el comercial, con helicóptero y todo. Obvio que escogieron a los rubiecitos del curso así es que fuimos con una compañera. Ella cantaba y yo salía como mozo. Fue una experiencia bonita, el primer comercial que grabé.

También fuiste un hediondo a pata, en un comercial de talco…
-Sí. Aparecía en una cama matrimonial acostado con una modelo brasileña bien bonita. Era rica rica. De hecho estaba que tiraba las manos, pero después me arrepentí. Ella me susurraba “ya po, mi amor ya po”. Y yo le respondía “no amor, ahora no. Tengo sueño”. Ella insistía y yo me negaba. Hasta que por cansancio decía “bueno ya”. Ahí me levantaba y dejaba los zapatos en el balcón.