Akineton Retard es el único grupo chileno que ha tocado en China. Llevan más de diez años de carrera, han editado discos en Brasil, Europa y Asia y tocaron en una reunión entre Chirac y Bachelet en Santiago. A Beijing fueron el 18 de septiembre del año pasado y los recibieron como reyes: dictaron un taller en un conservatorio que tiene más de 20 mil alumnos, hicieron recitales y los chinos se volvieron locos con el chin chin. En esta entrevista, Vicente García Huidobro, el guitarrista, cuenta las aventuras de su banda por esos lados: dice que lo único que no les gustó fueron los eruptos que los chinos se tiran en la calle y los masajes en los pies. “¡Dolorosa la hueá! ¡La cagó!”, se queja.

¿Cómo llegaron a tocar en china?

-El proyecto original era una gira por Japón. Nosotros ya habíamos publicado unos discos allá, a través del sello japonés Poseidón, y ellos nos organizaron un viaje que tenía como motor la promoción de un DVD. Ahí fue cuando la embajada chilena en Beijing se interesó que fuera Akinetón Retard. Les mandamos unos discos y les gustó súper harto. Pero fue por el Emilio Labarca y la Javiera Parada, de la Dirac, que ya no s cachaban y se movieron para que fuéramos, que la cosa resultó: nos consiguieron la gira en China, hacer un taller en el conservatorio de Música Contemporánea de Beijing y nos organizaron un recital, en el mismo consevatorio, en un auditorio súper grande. Al final terminamos yendo como embajadores culturales, lo que le dio mucho más a la cosa, y tocamos para las festividades del 18 de septiembre el año pasado allá.

¿Cómo era el conservatorio?
-Era un conservatorio de música contemporánea con un edificio como de tres cuadras, gigante, donde estudiaban como veinte mil personas, el equivalente a toda la Universidad de Chile. Estaba dividido en música contemporánea propiamente tal, que no era muy adelantada, se notaba que todavía estaba en cierne. Y estaban también los músicos de reality tipo “Rojo”, porque en este tiempo esa era la moda.

¿Cómo fue la presentación?
-Ese recital fue súper divertido, porque a las tres de la tarde tocó un grupo italiano, a las cinco una flautista y a las siete Akineton. Estaba lleno, lleno. Debe haber habido unas mil y tantas personas. Era la cagá, porque nosotros estábamos tocando rápido, de repente parábamos en seco y todos los chinos gritaban ¡Waa! Les encantó, como que se enloquecieron, nos aplaudieron mucho. Cuando terminamos, se nos acercaban los chinos, algunos alumnos de la cátedra de jazz que conocimos el día anterior en el taller, y nos hacían señas como de buena onda. Algunos trataban de hablarnos, pero no entendíamos nada. Ellos tampoco hablaban mucho inglés, entonces era todo con señas e intentos de comunicación que en general eran un fracaso. No vendimos muchos dvds, porque los chinos no tenían mucho poder adquisitivo, como que no andaban con lucas pa gastar.

¿Ha tocado otro grupo chileno allá?
-Sé que Ángel Parra papá tocó en China uno o dos años antes que nosotros, pero ningún grupo. Por eso fue muy raro ver que allá había gente que conocía Akineton por Internet y que llevaban los discos pa’ que se los firmaras, era impresionante.

CHINOS TALLEROS

¿Qué les parecieron los chinos?
-La gente era muy linda, muy buena onda, simpática. Era como súper sencilla, humilde y me daba la sensación de que era honesta. Yo antes creía que China era un lugar, no sé, gris, con gente amargada, que no te hablaba, que andaban todos apurados haciendo sus cosas, pero nada. Los chinos te echaban la talla, eran muy espontáneos. De repente, en la calle, llegaba un chino con cámara, te abrazaba y sin decirte nada se sacaban fotos contigo, jaja. Es que todavía era raro en la calle y era muy chistoso. Después, cuando nos fuimos a Japón, era todo lo contrario, ellos eran mucho más cerrados.

¿Había mucha diferencia entre chinos y japoneses?
-China con Japón no tienen nada que ver. Nosotros, desde el prejuicio, pensábamos que eran todos iguales, chinos, japoneses, tailandeses, todos. Pero contrario a lo que pensábamos, los chinos son mucho más simpáticos, más alegres. Los japoneses dieron vuelta el juego en comparación a los chinos, el nivel de fashion, mucha asexualidad, los hombres hermafroditas, los japoneses vestidos perfectos. China era lo contrario. Yo lo encontré súper parecido a Chile, porque los chinos andaban de buzo, harto polerón, harto chalequito. No se veían tribus urbanas o por lo menos no al nivel de lo que se ve acá. Era todo más rústico. Eran más felices que los japoneses, o eso parecía por lo menos, es que allá trabajan caleta, pero lo chinos, con menos cosas eran más contentos.

¿Qué hacían durante el día?
-Como íbamos de embajadores culturales, la embajada se encargó de mostrarnos harto Beijing. Paseábamos, paseábamos y paseábamos, jaja. También nos fuimos a hacer masajes, había una gran oferta, ¡dolorosa la hueá! ¡La cagó! También había mucho ofrecimiento de masaje con happy ending, pero ese no fue el que nos hicimos nosotros, jaja. Allá la prostitución es más velada, no como en Japón. Además, en China se notaban más insalubres algunos lados… por lo que me han contado, jaja.

¿Y cómo fueron las celebraciones?
-Esa vez a la embajada le prestaron el Parque Jingshan, que era como al lado de los jardines del Emperador y cerca de La Ciudad Prohibida. Ahí, un orfeón de niños lisiados tocó el himno de Chile y eran muy desafinados, jaja, pero se veían bonitos, todos vestidos de rojo y en sillas de ruedas tocando y poniéndole empeño. Nosotros llevamos el “chin chin” y después el baterista y el saxofonista de Akineton, tocaron unas cuecas y La Piragua con “chin chin” y con saxo. Estuvo súper bonito.

¿Cómo se prepararon para el evento?
-Nos habían pedido llevar algo demostrativo de Chile, así que pensamos en algo que nos sirviera tanto a nosotros como a ellos. En una tocata, antes de partir de gira, tocamos con el “chin chin” y resultó bien, aunque en China fue un golpe. ¡Allá fue furor! Nunca habían visto el“chin chin” propiamente tal, aunque en la música balcánica existe el concepto del bombo con el platillo, pero va por adelante y el loco lo toca con las manos.

MAO Y EL CHE GUEVARA

¿Qué les llamó la atención de China?
-Lo que en Beijing era increíble era la reventa de todo. O sea, en la calle te ofrecían de todo, pero falso, jaja. Uno piensa que eso en otras partes debiera estar más normado, pero no es así. El regateo parecía película de Monty Python, era pa’ cagarse de la risa. El chino partía vendiéndote el producto y te decía “esto vale cien”, si tú le decías “le ofrezco diez”, al tiro enganchaban y te decían “ya, quince”. Después te ibas y si le decías “no, en realidad tengo cinco”, él te decía:“ya cinco igual”, jaja. Al final podías pagar algo diez veces menos de lo que costaba originalmente. Además, olvídate de socialismo, las marcas estaban galopando adentro. Al final, Mao Tse-tung era a estas alturas como el Che, un merchandising total. Había poleras, relojitos de Mao con el brazo que era el segundero, divertido.

¿Comieron algo extraño?
-Yo no comí muchas cosas raras, pero dos veces almorzamos algo que nunca supimos qué era, si era perro, oveja, o qué hueá. Una carne súper rara, que al final no podías preguntar qué era porque igual no íbamos a entender, jaja. Pero era asqueroso, nada que ver con la comida cantonesa que comes acá. Había muchos sabores y cosas que uno no reconocía. De hecho, había unas ollas en las calles que
tenían como unas poleras deshilachadas y nosotros preguntábamos qué era, pero nunca supimos, nadie nos decía. Era asqueroso, así que no comimos. También vendían caballitos de mar, alacranes y larvas en fierritos en la calle, pero no me animé a comer ni una de esas cosas. El saxofonista sí, y le gustó. Lo que pasa es que no nos podíamos arriesgar a comer nada, porque teníamos tocatas y no podíamos enfermarnos.

¿Hubo algo que les molestara?
-Algo que nos chocó harto era ¡cómo escupían y eructaban! Se tiraban flatos en la calle y no estaban ni ahí, jaja. Lo que pasa es que ellos tienen un concepto de que toda la enfermedad que uno lleva adentro hay que botarla inmediatamente. Igual tienen razón, pero ¡escuchabas unas guturalidades en la calle ¡asquerosas! y los hueones ni ahí. En realidad, como no sentían que estaban haciendo nada malo, no pescaban. Esa weá era súper loca, jaja.