A la distancia es difícil saber con precisión si el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle fue bueno o malo. Partió con vacas gordas y terminó con vacas flacas, casi no hereda el poder a otro concertacionista y su nombre nunca inspiró particular respeto. Era un “hijo de” sin mayores luces, lo molestaban injustamente por viajar a cada rato y por su pánfilo hablar. Si el gobierno de Aylwin fue un primer tiempo goleador, lleno de figuras y juego vistoso, lo de Frei fue un segundo tiempo displicente, cargado al jugador de refresco que deja pasar el tiempo esperando el pitazo final de un partido ganado por la mínima diferencia. Pero la vida tiene sus vueltas y hoy asoma, tras la forzosa retirada de Lagos, como el más seguro contendor de Piñera. Y lo mejor para él, su nombre se ha instalado a través del rumor. En los pasillos de las oficinas, en los cumpleaños, en los carros del metro la gente se pregunta ¿por qué no Frei? Si con Lagos imaginariamente nos acercábamos a Europa, con Frei realistamente nos parecemos a Chile. Es prácticamente una garantía de que las cosas van a seguir como están, lo que no es tan bueno pero no tiene nada de malo. Frei es el candidato de los entregados, y a esta altura ¿quién no lo está?

Un crítico de Frei comenta su gobierno: