Leonardo Quiroz y su encuentro cercano con Jaime Ravinet.

Un testimonio sobe la invasiva publicidad municipal y su falta de contenido.

“Antes no estaba ese edificio del frente. Tenía una vista panorámica espectacular al cerro Santa Lucía, veía la Alameda, el Diego Portales. Ahora, en cambio, no sólo perdí la vista sino también la privacidad de mi departamento. Pero lo peor vino después. Hace tres semanas atrás pusieron una gigantografía con la imagen de Ravinet. Cada vez que me levanto y abro las cortinas está el colorín mirándome fíjamente. Qué manera de tomarse los espacios públicos. Ahí uno se da cuenta cómo el sistema trata de imponer cosas.

Cuando llegué a vivir al edificio había un letrero de cerveza Cristal que se prendía y se apagaba y quedaba todo iluminado de verde. Por lo menos el verde es un color más relajante. Ahora, en cambio, tengo que aguantar un naranjo medio eléctrico que rebota del cartel de Ravinet. A veces llego al departamento y no tengo para qué prender la luz porque está todo invadido por una tonalidad naranja. Es como si estuviera viviendo en una película de Bukowsky. La otra vez me fumé un pito con un amigo filósofo y nos quedamos pegados analizando la fotografía de Ravinet. Tiene una cara de santo. Es como si le dijera a todo el mundo confía en mí, aquí tienes mi hombro. Te muestra un horizonte donde la presencia máxima es él y el ojo izquierdo está al centro de la foto. Son como esas imágenes de los masones. El típico ojito dentro de una pirámide que aparece en los billetes de dólar. Es como el ojo de dios. Tiene la misma lógica. Y más abajo la R en un círculo para llegar al público joven y la frase “lo echábamos de menos”.

Para mí, Ravinet es el viejo patrón que vuelve a su fundo con los mismos contactos y la misma situación viciada de cualquier gobernante. Tiene favores que pagar y la vende con que se preocupa de la ciudad. En el fondo, Ravinet y Zalaquet son la misma guevá. Los dos están aquí no por su vocación de servicio público sino porque Santiago es un símbolo de poder. La derecha y la izquierda son como la Coca-cola y la Fanta. Vienen de la misma matriz para vendérsela a distinto público. Puro marketing. Eso es lo que hace ganar a un candidato. Por un voto son capaces de arriesgar la vida de la gente de sus comandos. Es cosa de ver las peleas, los tipos electrocutados y los accidentes provocados por tapar la señalética. En el fondo es una publicidad sin ética ni moral.”