A partir de la próxima semana estará en todos los kioscos y librerías del país “El Futuro Comienza Hoy”, libro escrito por Ricardo Lagos mientras pasaba una temporada en la Universidad de Brown (USA) y publicado por la editorial La Copa Rota. Lagos recorre en él los logros de los gobiernos de la Concertación, que considera enormes, y asume los errores del Transantiago y de EFE: “Se equivocan los que se atreven y todos debemos aprender de nuestros errores”, asegura. “Ahora debemos colaborar para entre todos para salir adelante”. No se arrepiente.

El grueso del libro, sin embargo, está dedicado a lo que considera los temas del futuro, entre los que destacan su preocupación por una sociedad más inclusiva, la diversificación de las matrices energéticas y el imprescindible cuidado del medio ambiente, la necesidad de acuerdos políticos sólidos y el fortalecimiento de la democracia: “Ha llegado el momento, también, de abrir espacios a una discusión sobre el régimen político y la forma de gobierno”, sostiene. Si es o no candidato es algo que no termina por quedar claro. Lo que no merece dudas es que Lagos está vivito y coleando. Aquí, como adelanto, el prólogo de este libro que dará que hablar.

Foto: Alejandro Olivares.

Cuando finalizaba de escribir este libro -que espero sea útil para un amplio debate acerca del futuro del país-, me correspondió, estando en Estados Unidos en la Universidad de Brown, ser testigo, desde el epicentro mismo de los hechos, de la gigantesca crisis financiera que estalló en el mes de septiembre, y cuya magnitud y consecuencias aún no es posible medir. Lo que sí es claro es que sus efectos serán profundos y duraderos, y que quienes la pagarán más caro serán, a la larga, los “ciudadanos de a pie”, aquellos que no perderán fortunas sino sus trabajos, ahorros, aspiraciones de una casa propia, y seguridad para sus hijos.

El mundo cambiará notablemente, como cambió después del jueves negro del 24 de octubre de 1929, cuando se desplomó el mercado financiero de Nueva York, un día después de que el entonces presidente de los Estados Unidos de Norteamérica afirmara que “la economía nacional se encuentra en un momento de prosperidad”. Como en aquel entonces, nuevamente fue la especulación financiera, sin reglas o burlando las existentes, la que ha provocado una catástrofe para la economía real. Tal como ayer, es la codicia convertida en virtud, la economía de casino, la que está llevando al mundo a una crisis. Por esos años, recordémoslo, Chile, como lo señaló la Liga de las Naciones, fue el país que más duramente sufrió sus efectos.

Esta vez la crisis también tendrá consecuencias para nosotros, porque vivimos en un mundo mucho más globalizado, pero no será como ayer, pues tenemos un país más fuerte y sólido, donde los chilenos y chilenas están mejor protegidos que nunca en la historia.

Nada de esto es producto del azar, sino de los últimos veinte años, los mejores en la historia de Chile, de la más amplia construcción democrática y progresista.

Hemos tenido razón cuando frente al fundamentalismo neoliberal o a los nostálgicos del colectivismo, sostuvimos que el mercado es necesario y dinamizador, pero que debía actuar en base a normas, someterse a regulaciones y tener un crecimiento equilibrado que evite los saltos al vacío y la especulación desatada. Defendimos que para ello se requiere un Estado fuerte y legitimado por los ciudadanos, capaz de pensar el país estratégicamente, más allá de los intereses particulares y los negocios privados. Y así, también, hemos defendido la idea de una sociedad organizada, cohesionada, y con capacidad de ejercer una democracia activa.

Este es el sendero por el que han avanzado los Gobiernos de la Concertación: un camino sereno y persistente, que conjuga libertad y protección social.

Es el camino del progresismo moderno, y es por ese camino, y no por el de aquellos que apuestan a una visión doctrinaria en la que el imperio de la ley de la selva en la economía nacional y mundial se nos presenta como el mejor de los mundos, hasta que sobreviene el cataclismo. Sólo entonces ellos consideran recurrir al Estado y a la sociedad, para que los saquen del atolladero.

Lo que está pasando ahora debiera traer hondas consecuencias en el mundo entero. Pondrá en discusión definitivamente la visión conservadora de la economía de mercado, abrirá un tiempo de cambios en la política mundial, traerá otros equilibrios, y nos invitará a nuevas formas de pensar el futuro.

¡Estoy más convencido que nunca de que las chilenas y chilenos hemos ido construyendo nuestro presente por el camino correcto! Debiéramos seguir haciéndolo en la construcción del futuro.