“En concreto, quisiera aclarar que considero que el debate sobre la legalización del aborto es absolutamente legítimo en un país democrático como el nuestro. Sin embargo, mi intención es circunscribirlo a la legalización del aborto no a todo evento, sino más bien, a la posibilidad que la actual normativa otorgue una solución a situaciones –como la mía– en que el hijo que llevo dentro, no tiene posibilidad alguna de sobrevivir.

No se trata de analizar el tema desde la perspectiva de un bebé con discapacidad, sino de un bebé que es posible que viva un lapso de tiempo bastante menor (puede incluso no nacer), pero que (si nace) no podrá sobrevivir por su propia cuenta y que, lamentablemente, está condenado a morir.
En estas circunstancias, y sólo en estas circunstancias, considero que nuestra sociedad debe permitir a la madre –en nombre de la libertad y basados en nuestra capacidad de seres racionales– optar por intervenir clínicamente un embarazo para interrumpir una vida –eso es un hecho– que, en otras palabras, significa apurar un desenlace, tristemente, inevitable.

En efecto, si mi hijo llega a nacer, no tiene ninguna posibilidad de sobrevivir, razón por la cual, según entiendo, no recibe asistencia médica, por lo que, en la práctica, las consecuencias son idénticas, salvo el desgaste emocional y sicológico –que se acerca a un calvario absolutamente extremo– por el que deben pasar las madres como yo, que se ven enfrentadas a un embarazo como el mío.
Soy católica y no ha sido fácil todo este proceso desde mis convicciones religiosas. Sin embargo, estoy convencida que no soy una mala persona al querer interrumpir una vida que –reitero– no podrá ser, en beneficio de mi salud.

Ésta es una espera que no tiene ninguna justificación racional. Entiendo a quienes dicen que, desde sus puntos de vista filosóficos, no corresponde dar prevalencia a mi salud, por sobre la vida de otro ser, pero ¿no existen en mi situación, razones suficientes para argumentar que no se está atentando contra una vida, sino que sólo se estarían utilizando los medios médicos para apurar un desenlace que ni yo ni la ciencia pueden remediar?

Quizá también he pensado en lo injusto que es para los que no tenemos los recursos económicos para financiar un aborto ilegal en nuestro país o, para viajar a algún país en que la práctica de este tipo de aborto, no está prohibido por la ley. Estoy absolutamente conciente que esto no es justificación de nada (no se puede justificar algo por el sólo hecho que existe), pero sí creo que refleja absolutamente nuestra idiosincrasia chilena en la que el cinismo y doble estándar están muy arraigados.

Quisiera terminar, reiterando que este embarazo ha sido lo más complicado que me ha tocado vivir. Me ha hecho cuestionarme muchas cosas. Sin duda, que esta situación extrema me hará más fuerte, pero quizá también me genere traumas y dolores que pudieran evitarse si nuestro país se abriera al debate – en forma honesta, bajo situaciones reales como la mía y no en simples abstracciones filosóficas– y autorizara a las madres a optar por lo que creen, desde sus propias y libres concepciones morales, lo más apropiado en una situación difícil y extrema como la que me ha tocado vivir.
Espero que el debate se de y que el medio de comunicación en el que te desempeñas, liberal y pluralista como creo que es, aporte en este sentido. Desde agradezco infinitamente. Muchas gracias”.

Atentamente,
Karen Espíndola