Su nombre es Elías Figueroa, igual que el futbolista. Pero su pasión es transformarse en Madonna, vestirse de novia y tocarse en público. Ahora que la estrella del pop prepara su arribo para el 10 y 11 de diciembre, Elías siente que sus años estudiando e imitando al personaje, están siendo recompensados. Igual que la Tota, que a sus 30 años no se ve como Madonna, pero por dentro, dice “soy igual de puta que ella”.

por Pamela Palma – Fotos: Alejandro Olivares

“ME VUELVO LESBIANA POR ELLA”
Elías Figueroa Manzo, 28 años.
Nombre artístico: Carolina Bayly

Hace siete años que soy Madonna. Pero la verdad esto viene de antes. Recuerdo que cuando chico escuchaba Like a virgin y bailaba a escondidas de mi mamá, porque ella me apagaba la radio y me retaba. Según mi mamá, yo no debía tener como referente a una mujer como Madonna. Ella es muy conservadora y muy católica. Ahora acepta mi homosexualidad, pero como que todavía le cuesta que yo me sienta Madonna.

A los 16 años empecé a hacer transformismo. Iba a cumpleaños o fiestas a beneficio y luego de dos años empecé a especializar el Madonna. Mi debut oficial fue en la discoteque Queen. Yo estaba más que feliz. ¡IMAGÍNATE!, imitando a mi ídola de infancia. En el escenario podía ser irreverente, grotesca. Ser la Madonna con vestido de novia, tocándose. Esa es como la fantasía de todo gay y también de todos los hombres.

Pero el día que más me sentí Madonna fue cuando se confirmó que iba a hacer un concierto en Chile y tres medios llegaron a mi casa a entrevistarme. Ese día adquirí toda la actitud de estrella. Desde ahí, me llaman para eventos fuera de Santiago, me alojan en los mejores hoteles, me escoltan guardias y grabé con la Katty Kowaleczko y Carolina Arregui para un comercial de Jumbo.

Ahora estoy en conversaciones para trabajar despistando a los fans de Madonna cuando ella venga. Yo sé que eso es un riesgo, pero por Madonna renunciaría hasta a mi órgano, Ja ja. Bueno, no a mi órgano pero sí a mi nacionalidad. Mira, yo por ella me vuelvo lesbiana. Y no es contradictorio con ser gay, porque ella misma dice que es un gay en cuerpo de mujer. Y creo que es verdad, porque ella es muy del gusto de nosotros, ella hace lo que nos gustaría hacer a los gay y que sólo ella puede porque es mujer, porque es diva. El hecho de besarse con otras, de provocar… Nosotros siempre estamos buscando incitar, aunque en Chile es complicado , por el tema de la discriminación.

Por eso a veces he pensado en operarme. Pero creo que si me intervengo, voy a perder mi gracia. Porque en la transformación está la magia. Cuando me vio Carolina Arregui me dijo que era increíble mi transformación y eso es lo que me gusta: que vean a un hombre y que luego aparezca una Madonna.

Igual el hecho que yo sea un hombre es chocante para alguna gente. Una vez necesitaban a una Madonna en una discoteque de muy bajo pelo, y cuando estaba haciendo mi performance, la gente empezó a decir “¡Es Madonno!” ¡Qué horror! Pero después me relajé y saqué todo lo ronco de mi voz y dije: Sí, soy Madonnooo y ¿qué?. También me han dicho ¡Madonna con cover!, pero eso no me importa… Y cuando tengo que usar mallas, sé camuflar muy bien al sujeto ese. Tengo algunas técnicas por ahí.

Yo me siento mejor como Madonna que como hombre. Sé que soy Elías, pero a Elías no lo conoce nadie. A Carolina, la anfitriona de una disco, un poco más. Pero a la Carolina Baily, que hace de Madonna, todos la conocen. A ella la reciben con alfombra roja. Hay quienes se han enamorado al verme transformado. Incluso los héteros me dicen que soy más rica que Madonna, que tengo mejor físico… Con Elías eso no pasa.

“ELLA ES CULPABLE DE TODO LO MARICÓN QUE SOY”
Iván Cid, 30 años.
Nombre artístico: la Tota

Mis ganas de ser Madonna despertaron cuando vi el video La isla bonita. Quedé fascinada, estaba histérico mirándolo. Grabé la canción de la radio. La escuchaba y la escuchaba una y otra vez y pensaba: quiero ser como ella. ¡Si a mí me encanta la puta esa!

Tenía como 11 años cuando un día invité a un amiguito y le dije que se tapara los ojos, en eso saqué un chalón de mi mamá y me lo puse encima. Le bailé toda La isla bonita. El niñito le contó a su mamá y la señora le dijo a mi mami que yo tenía conductas homosexuales y no dejó juntarse más al niñito conmigo. En mi familia no se hacían problemas. Ellos me pedían que imitara a Porcel cuando hacía de La Tota y yo les bailaba todo el rato. Así quedé como la Tota.

A los 17 años empecé a imitar a Madonna. Me gusta porque es perra, porque hace todo lo que quiere la maldita. Cambiarse del pop al electrónico, tener los hombres que quiere. Es que es camaleónica y todo le queda la raja. Si hasta envidio sus pelucas.

Yo no me encuentro parecida a ella, si la perra pesa como cinco kilos y yo, 115. Pero igual me siento como la puta. Por ejemplo, cuando subo por las escaleras de algún centro comercial digo aquí soy Madonna en Papa don’t… o cuando voy por la calle paro y digo Vogue, avanzo un poco y Vogue, respiro y Vogue. O también cuando estoy haciendo mis maldades sexuales con algún amiguito, pienso en ella y digo aquí estoy y me siento como en Erótica. No sé si la verdadera Verónica Ciconne es así, pero el personaje de Madonna es perverso, como yo. Ja ja.

Antes salíamos con un amiguito, a todas partes vestidas de Madonna, Íbamos a las discos y cuando ponían sus videos dejábamos la cagá, hacíamos toda la coreografía. De hecho la primera noche de divas que hubo en la Blondie yo salí de novia, bailé Like a Virgen y me fue la raja, todos me aplaudían, me sentí realmente una perra y eso es lo que tiene ella, esa cosa de ser ardiente.

Para mí el tema del peso nunca fue un impedimento para sentirme como ella, de hecho en Estados Unidos hay un transformista que es el doble mío y la imita y si él puede ¿por qué yo no? Una vez un huequito gritó: ¡mira la guatona se cree Madonna!, y yo le paré los carros, le dije. Oye tú ¿podís transformarte de ella y quedar tan rica? ¿podís bailar como ella? Y bla bla bla… y ahí se quedó calladito. Lo que pasa es que en el mundo gay hay mucha envidia, porque no es llegar y ser Madonna. No es llegar y maquillarse como para hacer un show no más. Hay que maquillarse como ella, hay que ser ella. Si yo soy como una hija putativa que nunca supo que tuvo.

Yo cuando estoy transformada de la puta, me siento guapa y es obvio, si arriba de un escenario hay que sentirse estrella, creerse el cuento. Yo soy diva todo el rato arriba del escenario, aunque no creo mucho en la diva gay porque pienso que el transformista es la última chupá del mate, antes están los cantantes y bailarines de verdad y después venimos nosotras, pero arriba del escenario hay que creérselo y dejar a todos con la boca abierta. A mí me gusta que la gente diga: mira el hueón como es, ¡gigante! ¡guatón! Pero mira como baila, cómo lo hace, cómo se ve. Si es total.

Si yo tuviera la oportunidad de tener a la puta de frente le diría: Perra infeliz, te amo, te adoro. Gracias a ti soy lo que soy. Por ti me visto de mujer, eres la culpable de todo lo hueco y maricón que soy. Ja ja.

Yo quiero ser igual que ella. Me encanta, me fascina desde el fondo de mi corazón. Ella me manda, es como una diosa que uno venera, como a una virgen. Es como lo mismo que estar rezándole a un santo, porque yo tengo fotos de ella y le hablo igual como lo hace la gente católica, le cuento mis cosas, mis problemas sexuales. No sé si me responde, pero yo me siento satisfecho con decirle lo que siento. Ella es una virgen inmaculada, con muchos problemas en su cabeza, caprichosa, maldita, manipuladora, pero diosa.


Elías Figueroa, transformado en Madonna entre Carolina Arregui y Katty Kowalezco. Al lado, “La Tota”, (Iván Cid), a quien en sus imitaciones le han gritado “‘Mira, la guatona se cree Madonna”!… y a pesar de eso no se amilana.