Aunque consiguieron más de 100 testimonios, reconstruir la historia de una de las órdenes predilectas de la elite social y económica chilena fue un desafío para sus autores, Javier Ortega y Andrea Insunza: muchas fuentes o no les devolvían los llamados o, derechamente, les daban un “no” por respuesta. Acá cuentan qué los motivó a escribir “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder” y relatan los tropiezos que tuvieron en su investigación.

por Andrea Insunza y Javier Ortega • Foto: Hugo Infante.

“Se están metiendo en las patas de los caballos”. Perdimos la cuenta de las veces en que un posible entrevistado hizo este comentario cada vez que le explicábamos el tema de nuestra investigación: reconstruir la historia de los Legionarios de Cristo en Chile, la congregación católica fundada en 1941 por el mexicano Marcial Maciel Degollado y que, luego de su llegada al país en los ’80, rápidamente se transformó en una de las órdenes favoritas de la elite chilena.

Claro que la repetida advertencia no era el peor escenario con el que nos enfrentamos en los más de dos años que duró el proyecto. Hubo quienes jamás nos devolvieron los llamados. Otros, inmediatamente respondieron con un no. No es exagerado decir que por cada persona que aceptó concedernos una entrevista, hubo otra que declinó hacerlo.

Logramos, sin embargo, reunir más de 100 testimonios, de legionarios, ex legionarios, laicos de la Legión, miembros de la elite chilena, religiosos, políticos y empresarios. Uno de ellos fue el padre John O’Reilly, vocero y rostro visible de la orden en Chile, quien nos recibió en siete ocasiones. Reconocemos esa disposición.

¿Cuál era el objetivo? En palabras simples, dar cuenta de la influencia en el país de una orden que, a pesar de su bajísimo perfil, ha crecido vertiginosamente en las últimas dos décadas. Siguiendo su propósito de influir en la sociedad “de vértice a base”, desde los sectores más acomodados hacia abajo, los legionarios han tejido lazos con el empresariado y la derecha política. Una tarea donde sus colegios de elite cumplen un rol capital, y cuya labor educativa coronaron con la toma de control de la Universidad Finis Terrae, en 2007. A esa casa de estudios arribaron de la mano de hombres de negocios como Eliodoro Matte, Agustín Edwards, Guillermo Luksic y Juan Obach, algunos de sus financistas y simpatizantes más poderosos. Relatado en detalle en el libro, este episodio ilustra bien la compenetración de la Legión con sus seguidores laicos.

Los legionarios son eficientes y eficaces. No ocultan su afán por influir en la sociedad. Para el periodismo de investigación esta vocación no es menor: los convierte automáticamente en tema de interés público y, por lo tanto, en potencial material de reporteo. A esto sumamos su bajo perfil, graficado en la casi total inexistencia de reportajes en profundidad sobre su poder en Chile. En contraste, respecto de otras congregaciones igualmente influyentes ya existen investigaciones periodísticas. Los Legionarios son un poder nunca pesquisado en Chile. Era cosa de tiempo para que viniera el turno de los discípulos de Maciel. “Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder” busca simplemente llenar ese vacío.

Pero ocurrió que, en plena investigación, el Vaticano dio a conocer una inédita medida que cayó como una bomba sobre los legionarios de todo el mundo. En mayo de 2006, Benedicto XVI sancionó a su fundador, a raíz de una serie de denuncias de abuso sexual contra menores a su cuidado. Maciel, el mismo hombre que había moldeado a la orden con un fuerte culto a su persona y que la condujo con mano de hierro por más de 60 años, fue obligado por el Papa a retirarse a una vida de “oración y penitencia”.

La Legión acató la medida. Pero, lejos de reconocer las faltas de Maciel, relativizó la gravedad de la sanción y siguió considerándolo un “santo en vida”. Aunque Maciel falleció en enero pasado, hasta hoy en los colegios de la orden sus fotografías presiden las salas, su natalicio se celebra como festividad escolar y los alumnos disertan sobre los hitos más importantes de su trayectoria oficial.

El caso Maciel nos obligó a ampliar el enfoque. Así como era imposible separar la historia de la Legión de su fundador, era insostenible retratar a Maciel sin detallar las acusaciones que lo rondaban desde los ’50. Luego de entrevistar a dos ex legionarios que decían ser sus víctimas directas, de cotejar estos testimonios con otros ex legionarios, de revisar bibliografía periodística seria, y de tener acceso a la correspondencia que el mexicano enviaba a sus seguidores, nos enfrentamos a dos opciones: las denuncias contra Maciel eran en esencia ciertas, o fue víctima de una conspiración mundial, sin una motivación sólida, que logró unir a personas de disímil condición, sin vínculos aparentes, por espacio de décadas y que terminó por sumar al propio Papa.

A la luz de la amplia evidencia y del sentido común, llegamos a la misma certeza que la burocracia vaticana: que las pruebas contra Maciel eran contundentes.

La historia de Maciel, sin duda un hombre carismático, es la de un líder en guardia, que plasmó en su congregación sus desconfianzas. Durante la investigación, recibimos un ejemplar original de las Constituciones de la Legión de Cristo, las normas que rigen la vida de sus miembros. Inéditas hasta ahora en Chile, se trata de disposiciones que los legionarios conocen a medida que ascienden y que deben mantener en secreto. En ellas están los llamados “votos privados”, que prohíben criticar a un superior, y que obligan a denunciar a quien lo haga.

Normas que aíslan a los legionarios de cualquier influencia externa y que controlan férreamente su vida cotidiana.

Se trata de reglas que en muchos casos atentan contra las libertades individuales básicas, y que para muchos detractores explican las arbitrariedades cometidas en la orden. Así lo entendió Benedicto XVI: poco antes de la muerte de Maciel, ocurrida en enero pasado, el Pontífice le ordenó a su sucesor, Álvaro Corcuera, suprimir los “votos privados” y conciliar la vida legionaria con una visión moderna del hombre.

De todo esto y más trata este libro, una reconstrucción de hechos y personajes que no habría sido posible si no hubiésemos contado, desde un inicio, con el respaldo de la UDP y de su Escuela de Periodismo, donde nos desempeñamos como investigadores y académicos.

Dos de los ex legionarios chilenos que accedieron a contar sus testimonios, relataron cómo su paso por la orden los cambió para siempre. Uno de ellos, el sacerdote Patricio Cerda, influyó para que el Vaticano tomara medidas. Cuando se reunió con el cardenal Joseph Ratzinger en la primera mitad de 2006, antes de que el alemán se transformara en Benedicto XVI, el padre Patricio le explicó que no era un enemigo de la Iglesia Católica, y que tampoco lo era de la Legión. Hacemos nuestras sus palabras: este no es un libro contra los legionarios. Sí busca explicar su rápido éxito en Chile desde una perspectiva en que lo primordial sea el interés público, a través de un retrato del fenómeno lo más acabado posible.

“Legionarios de Cristo en Chile. Dios, dinero y poder”.
Escuela de periodismo UDP/La Copa Rota
411 páginas.