Manuel Agosín tiene en el cuerpo casi 40 años de experiencia laboral en organismos internacionales: Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, CEPAL. Esto quiere decir que buena parte del siglo XX la pasó visitando países pobres, analizando números grandes y poblaciones altamente desiguales, entrampado en responder la gran pregunta que se hace este tipo de instituciones cuando miran Latinoamérica: cómo diablos hacer para transformarse en desarrollados, potenciar la economía nacional, ser como los coreanos. Los títulos de sus publicaciones recientes son un reflejo de esto: “Nicaragua: A la Búsqueda del Crecimiento Perdido” (2007); “Comercio y crecimiento: por qué Asia crece más rápido que Latinoamérica” (2007); “Ritmo exportador chileno: lecciones para África” (2002). Ahora que el mundo desarrollado (el de las recetas y los consensos) se cae a pedazos y la crisis no es “tequila” ni “tango” sino algo mucho peor, Agosín recomienda: bajar el IVA, bajar las tasas y que el fisco se ponga a gastar. Y empezar a pensar qué hacer para que el gran negocio de Chile no sea el retail, que no es más que vendernos entre nosotros, productos importados.

por JAG • Foto: Alejandro Olivares

Desde aquí se ve la torre de Paulmann. ¿Qué le parece?
-Que es la locura de un señor que cree que controla el mundo porque tiene tres pesos. La riqueza de él en el mundo, son tres pesos.

Para la crisis del ‘82, otros empresarios intentaron replicar las torres gemelas y sólo alcanzaron a hacer una, la Santa María. Y vino el crash…
-Claro. Durante los años de la plata dulce siempre se hacen elefantes blancos. Y ahora viene la gran quebrazón.

¿Qué tan grande es lo que viene?
-Es la peor crisis financiera y económica que ha tenido el mundo desde los años 30. Y no nos ha golpeado todavía. Recién se están experimentando las primeras consecuencias, como la caída de las exportaciones que el mes pasado disminuyeron en 6 por ciento. Y eso va a seguir. Porque en EE.UU. el consumo está cayendo en forma vertical y ya hay mucha gente desempleada.

Allá están defendiendo sus industrias. Lo último que rescataron fue el Citibank… y están debatiendo si salvar o no a los fabricantes de autos. ¿Qué cree usted?
-Que no pueden dejar caer a General Motors, Ford y Chrysler, porque esas empresas y sus proveedores dan tres millones de empleos. Además, el efecto sicológico que tendría su quiebra sería brutal.

Mientras ellos hacen autos, nosotros nos dedicamos al retail…
-Claro, el gran negocio de Chile en los últimos años ha sido lo que los economistas llaman “los productos no transables”, como la construcción, las finanzas y el retail, sectores que no se comercian internacionalmente. Entonces, en vez de generar nuevos bienes para exportar, el principal negocio ha sido vendernos entre nosotros productos importados y productos que no se pudieron vender afuera…

¿Cree que habría que defender a alguna de esas empresas si entra en crisis?
-No creo que el retail vaya a tener problemas graves. Los que sí van a sufrir son las constructoras. Y ya se ve que hay exceso de oferta de departamentos. Pero creo que, antes de hacer nada, hay que ver por dónde viene el vendaval. Porque el vendaval va a pasar por ciertos lugares y no por otros. Yo alistaría sí un programa de apuntalamiento del empleo y sobre todo de la demanda. Porque lo que se quiere es que la gente compre. Entonces se podía plantear una rebaja temporal del IVA, para estimular el consumo.

Me parece que con eso también aumentaría el endeudamiento.
-Bueno, el endeudamiento es una de las zonas de mayor vulnerabilidad que tiene Chile. Pero lo que propongo es bajar transitoriamente el IVA para ponerle más plata en el bolsillo a la gente, para que consuma con lo que tiene. Porque la mayoría de los chilenos, la clase media, están muy endeudados y ya no pueden consumir. También pienso que el Banco Central debiera bajar las tasas, porque así la gente que está muy endeudada va a pagar menos intereses y va a tener más para gastar. El Central debiera a empezar a bajarlas como forma de irse preparando para los efectos más fuertes de la crisis.

Se viene una recesión y usted propone gastar. Hay economistas que aconsejan bajar el gasto, sobre todo el del fisco.
-Cuando leo eso pienso que alguien está loco. Hoy es el momento para gastar. En una recesión, cuando tienes un shock externo tan fuerte, hay que gastar más, no menos. Por supuesto que tiene que ser un gasto eficaz, pero tiene que ser mayor. Porque uno de los problemas que vamos a tener ahora es que mucha gente que salió de la pobreza, puede perder su empleo y volver a la pobreza. Entonces, creo que hay que hacer un programa de gasto público fuerte. No es el momento de echar pie atrás con las cosas que se están haciendo, es el momento de acelerar. Tenemos plata guardada y haciendo obras públicas se absorbe mucho empleo. También se pueden atender algunas de las necesidades postergadas que hay acá. Por ejemplo, desviar algunos de los recursos que se destinaron para becas en el exterior, para que la gente estudie en Chile y gasten la plata de la beca acá. Porque eso tiene un efecto multiplicador sobre el empleo. Chile no tiene deuda, tiene activos netos en el exterior, una cosa inédita … Entonces ahora podemos, incluso, endeudarnos un poco.

En Argentina, Cencosud despidió a un grupo de trabajadores. Y vino la señora K y dijo “no” y Cencosud los recontrató. ¿Qué le parece eso como forma de apuntalar el empleo?
-No soy partidario de prohibiciones de ese tipo, porque eso le hace daño al ambiente empresarial. Lo que tiene que hacer el Estado es apoyar a la gente desempleada y darle un incentivo transitorio a la empresa para que no despida. Por supuesto, no basta con lo que hizo la presidenta Bachelet, que con muy buena voluntad llamó a los empresarios a no despedir trabajadores. Va a haber que hacer algo más que eso.

EL MUNDO CHINO

Según un informe de la CIA, Estados Unidos está perdiendo peso en el mundo frente a China y Rusia.
-Eso viene ocurriendo hace rato. China crece un 10 por ciento al año hace más o menos 30 años; e India viene creciendo al 7 por ciento hace una década o más. Entonces, tenemos que el eje económico mundial se está trasladando al Asia Pacífico y EE.UU. ha perdido gravitación. A eso hay que sumarle que Bush ha sido fatal. Las guerras; la rebaja de los impuestos a los ricos, con razones burdas; la falta total de regulación a las instituciones financieras; y, para qué decir, las abominaciones de Guantánamo y Abu Gharib, donde se torturó y se vejó… Todo eso ha llevado a una pérdida de prestigio tremendo de EE.UU.

De todos modos resulta bastante increíble que estemos hablando de la decadencia de EE.UU. y veamos como sus principales empresas piden dinero para salvarse: suena a ciencia ficción.
-Claro, y es un escenario muy atemorizante. Bueno, yo le tengo bastante temor al surgimiento de una gran potencia como China justamente por eso. Creo que sería muy malo para la humanidad que llegara a predominar un modelo político como el de ellos.

Si el eje del mundo pasa definitivamente a China, ¿qué cree que pase con la democracia? En sus miles de años de historia, jamás ha tenido democracia…
-Difícil saberlo. Pero creo que su progreso económico no es sostenible sin un cambio político, y en algún momento China va a tener su “Muro de Berlín”. Creo que para el éxito de ese proceso es central que se consolide una clase media. Hoy ese sector crece a una velocidad enorme y quiere su departamentito, educar a sus hijos, su auto. Y va a querer opinar.

Hoy, ellos tienen el modelo Pinochet, una dictadura con amplias libertades económicas.
-Pero mucho más exitosos, porque llevan creciendo décadas y lo siguen haciendo. Ahora, claro, va a entrar en crisis igual que el resto. Se dice que puede haber disturbios por pérdidas de empleos en toda la costa sur de China. Sin embargo, en EE.UU. la cosa es peor: Obama acaba de anunciar un programa que el Financial Times avalúa en ¡700 mil millones de dólares!

CHAO RETAIL

Después de esta crisis, ¿el Estado está de vuelta?
-Así parece.

Y eso ¿qué significa?
-Primero, hay que asumir que Chile es un país pobre, que produce muy pocas cosas con tecnología de nivel mundial y muchas cosas con tecnología africana. Es decir, somos competitivos en muy poquitos rubros.

Pero nos han dicho que este país se ha construido con un ingenio empresarial que ha salido a conquistar mercados, como el salmón, la uva, el vino…
-Todos los rubros que menciona fueron descubiertos hace 20 años y desde entonces no hemos hecho un gran esfuerzo por descubrir nuevas cosas. El caso del salmón, además, fue producto de los esfuerzos de la Fundación Chile, que es una institución semi pública. Allí se hizo el esfuerzo de adaptar tecnología noruega y escocesa al medio nacional, y se logró montar una empresa donde muchos empresarios pudieron observar cómo se podía producir estos salmones… Así empezó el negocio. No fue el ingenio del empresario privado. Entonces, hay que asumir que para descubrir nuevas líneas de producción el mercado es lento y el Estado debe participar. Además, en los últimos años, ha conspirado en contra, el hecho de que el precio del cobre haya estado tan alto y el dólar tan bajo. Cuando eso ocurre, toda la actividad que va destinada a descubrir nuevas cosas para exportar deja de ser rentable y sale mejor dedicarse, por ejemplo, al retail. Así es como nos hemos ido quedando sin grandes bienes de exportación. Queda el cobre; los vinos, que se defienden porque son competitivos; los salmones, que tienen sus problemas propios, la fruta, porque hay mucho productor eficiente. Pero no hay nada nuevo… Entonces, el Estado tiene que estar más activo. La gran tarea pendiente es que no tenemos ninguna noción de política industrial y todos los países exitosos han tenido políticas industriales. Yo tengo mi escritorio lleno de libros sobre Irlanda, Finlandia, Taiwan. Países exitosos que hoy están en la frontera mundial, países que hace 40 años estaban como Chile. Y eso tiene que ver con un mayor entendimiento entre el Estado y la empresa para desarrollar nuevos sectores que no existen.

¿Ve a la Concertación capacitada para encarnar ese tipo de Estado, que da lineamientos al sector privado, que se lanza a descubrir cosas nuevas y no solo administra?
-El problema en la Concertación es que nadie mira el futuro, nadie piensa en cómo vamos a salir de ser un país pobre a ser un país de ingreso alto, donde todo el mundo va a tener un nivel de vida razonable. Ahí es donde la Concertación ha perdido su camino. Tenemos que crecer al 7 por ciento durante 20 años, como mínimo, para pasar a ser desarrollados. Y dónde está eso… eso está en producir lo que no sabemos producir. Entonces, el tema es cómo podemos ponernos de acuerdo con el sector privado y darle lo que necesita para llegar allá… sin tomar en cuenta las tonteras que piden como bajar los impuestos. Esas son leseras.