“El Metro definitivamente no es lugar para viejos, embarazadas, niños, discapacitados, en suma, gente minusválida físicamente y lo aberrantemente paradójico es que esto es así en especial en las líneas y/o estaciones destinadas a la población más desposeída económicamente, cuyos usuarios en gran parte son precisamente gente físicamente no apta para soportar las largas y profundas escaleras, porque las escalas mecánicas, cuando las hay, funcionan tarde mal y nunca, los ascensores son un mal chiste. Es cosa de comparar la línea 1 que llega a los sectores más pudientes de la sociedad y la línea 4 A que atiende a los vecinos de la zona sur como La Pintana, El Bosque, San Ramón, La Cisterna, etc., en suma, los sectores más vulnerables, justamente en los cuales los seres humanos tienen que trabajar bien entrados en la tercera o cuarta edad, por no decir hasta que mueran.

Esto es fascismo puro; yo acuso abiertamente al metro de fascista, puesto que los criterios para elegir indirectamente a sus usuarios son exactamente los mismos que los del nazismo y el fascismo: juventud, buen físico, fuerza. Sin embargo, nuestros viejos de las poblaciones seguirán andando en metro porque como bien decía Rimbaud: “lo más insoportable es que no hay nada insoportable”.

El Metro ya mostró su clasismo cuando, antes que se construyeran las nuevas estaciones y al hacer un recambio y una renovación de las máquinas antiguas, instaló las nuevas en la línea 1 y las viejas las dejó para la línea 2 (no sé muy bien si esto fue en tiempos de dictadura o democracia). Lo que sí fue en tiempos de democracia y es una vergüenza, es la enorme diferencia entre los estándares de calidad entre la línea 1 y las nuevas líneas, sobre todo la 4A. Estaciones a la intemperie, tan heladas como la lluvia que cae sobre los pasajeros en invierno. Una escasez de escaleras mecánicas que se siente sobre todo por la gente de la tercera edad, una estrechez de los andenes; una brecha entre el metrotrén y el andén que es un peligro público no solo para los niños, puesto que la brecha es tan grande que cabe perfectamente el pie de un adulto.

…para terminar, otra paradoja: “te llevo bajo la piel” canta la nieta de la Violeta, la cual debe estar revolcándose en su tumba”.

Paulo Moraga Mardones