“De todas las formas de gobierno, la democracia es la peor. Excepto todas las demás,” dijo Winston Churchill. Pero al viejo británico le faltó imaginación. Estaba comparando sólo con las “cracias” que él conocía – aristocracia, autocracia, teocracia. Como siempre sucede, la humanidad inventará algo mejor. ¿Y por qué no la “suertocracia”, gobierno por lotería?

Por Rasmus Sonderriis

Para empezar con alguna reforma ejecutable aquí y ahora, podemos sortear – entre los RUTs de todos los adultos chilenos – los escaños del Congreso Nacional. Con una probabilidad casi infinita, tendríamos diputados y senadores mucho más representativos de lo que somos como pueblo que la actual manada de políticos profesionales. Al mismo tiempo, nos sacaría de encima una serie de flagelos sociales, empezando con el intervencionismo electoral y continuando con el populismo y la ambición de poder. No hay nada más recto que lo que surge en forma aleatoria.

Luego será el tiempo de suertocratizar los demás cargos de liderazgo, confiriéndolos al azar. Claro, esto no se refiere a los que requieren destrezas técnicas, sino aquellos en el que el líder es líder fundamentalmente por representar sus valores y su humanidad, teniendo deudas solamente con el destino, el único apoyo valedero para escalar posiciones bajo la suertocracia, la primera forma de gobierno que no discrimina. En una sociedad verdaderamente suertocrática, todos tienen el mismo chance.

Suena radical, pero que no se asusten los conservadores: Tantos aspectos esenciales de nuestras vidas ya son gobernados por la suerte. Nuestros genes, para empezar, y la familia y el país en que nacemos. Eso sí, cabe admitir que la suertocracia es una apuesta permanente. Su encanto radica precisamente en ser un riesgo incalculable. Será emotivo y mediático cuando alguien humilde llegue a Presidente de la República al estilo de una teleserie, lo que estimulará de forma natural el interés ciudadano en la política, sin ninguna necesidad de amenazar con multas a la gente para que vaya a votar. Ante las opciones limitadas del sistema binominal, ¿quién no prefiere poner su propio nombre en la papeleta para una rifa de investiduras?

Bajo la suertocracia hasta los terroristas islámicos y de otros credos depondrán las armas, ya que tendrán otra vía al poder, una milagrosa, suponiendo que tienen fe en que su Dios es superior a las probabilidades estadísticas. Y los ateos y científicos también son suertócratas natos, pues saben que nuestra existencia misma se debe a la suerte, tanta que hay que ver para creer. De hecho, en términos objetivos ya estamos viviendo bajo una suerte de suertocracia, y sólo falta explicitarla en una nueva Constitución suertocrática que consagre el carácter fortuito de toda autoridad.

Tal vez nada de eso parezca verosímil hoy, pero ése ha sido el caso de todos los grandes cambios en la historia, los que siempre dependieron de una larga cadena de casualidades. Así es que ¿quién sabe? Lo único que con certeza no disminuirá su poder sobre los asuntos humanos es la fortuna.