A más de un año de la muerte del cabo Cristián Vera, asesinado de un balazo en la cabeza durante un violento once de septiembre en Pudahuel, Elizabeth Moris, su viuda, escribió a The Clinic para contactar a Leonardo Farkas. La razón: no recibe gran parte de los beneficios que le corresponden a las viudas de carabineros, porque pese a haber convivido durante cinco años, ellos no estaban casados. Elizabeth cuenta aquí cómo fue ser la pareja de un cabo de carabineros y como es sobrevivir a su muerte, con hijos y sin dinero.

Por Carla Celis • Foto: Jonathan Espíndola

¿Cómo conoció a Cristián?
-Yo era chofer en el aeropuerto y él me fiscalizaba. Y como a la quinta vez que me fiscalizó, yo dije: “Bueno, lo voy a saludar, si ya me debe conocer hasta el RUT, jaja”. Así que nos saludamos y me pidió si lo podía tirar a la subcomisaría. Y ahí, como nos veíamos constantemente, comenzamos a conocernos. A veces, en la comisaría me pedían que llevara a los carabineros a algún partido de fútbol que tenían con otra comisaría, y empezamos a ser amigos y luego de dos años comenzamos a ser algo más. Los dos nos habíamos separado hacía poco y nos pusimos a prueba para ver qué podía salir de dos personas fracasadas. Al año siguiente, nos fuimos a arrendar una casa cerca de mis papás. Estuvimos como cuatro años arrendando y, siete meses antes de que él muriera, la compramos. Ese mismo año a Cristián le entregaron a sus hijos para que vivieran con nosotros, porque la ex no los podía tener. En abril pidió la tutela y teníamos comparendo para diciembre. Él estaba divorciado desde agosto de 2006 y mi divorcio se demoró más de lo normal y salió 18 días luego de la muerte de Cristián. Estábamos esperando mi divorcio para casarnos.

¿Cómo fue ese once de septiembre?
-Ese once él estaba de franco, pero como había poco contingente en la comisaría, se ofreció para ir a apoyar a sus compañeros. La última vez que lo vi fue como a las cuatro de la tarde, cuando le llevé cuarenta elásticos, para que él y sus compañeros se afirmaran los protectores de las piernas y las coderas porque se habían vencido los velcros. Así que yo le hice los elásticos y se los fui a dejar.

¿Era muy frecuente que tuviera que arreglarle las protecciones?
-Siempre. Todos los años había que arreglarle algo al traje. Lo más común era que los velcros se cortaran.

¿Cómo se enteró de que había muerto?
-Fue cerca de las diez de la noche. Estaban los niños durmiendo. Yo estaba acostaba, pero vestida, al lado de mi hija. Nos habían cortado la luz y no podíamos hacer nada. En un momento sentí pasar un helicóptero de Carabineros y tuve un presentimiento. Al rato escuché unos vehículos que se estacionaron afuera de mi casa y alguien grita: “¡Alóoo!”, muy fuerte. Yo salgo. Había un capitán que me pidió que lo acompañara. Le pregunté que qué le había pasado a Cristián, pero lo único que me decía es que estuviera tranquila, que estaba herido, pero estable. Cuando llegamos al hospital estaba lleno de cámaras y luces, el capitán me cubrió la cabeza. Gritaba que no me enfocaran. Antes de entrar a la sala donde estaba Cristián, me dijeron que tenía que ser fuerte. Abrieron la puerta y adentro había un sacerdote dándole la extremaunción. Fue horrible. Estuve al lado suyo durante toda la noche. Cuando estaba amaneciendo, como a las siete me acerqué para acomodarle las sábanas y veo que tiene un hilito de sangre que le corría por la boca y se posaba en la garganta. De repente el monitor empezó a sonar más rápido, le salía cada vez más sangre de la boca, como a borbotones. Yo me puse a gritar que mi gordo se me iba. Entraron las enfermeras a sacarme de la sala, llegó el médico y luego me avisaron que ya había muerto.

¿Cómo es ser esposa de un carabinero?
-Es muy difícil. Se vive en la angustia constantemente. Para el día del joven combatiente, Cristián estaba de cumpleaños, y siempre era lo mismo, porque no sabes si va a volver o no.

¿Y económicamente?
-También es muy complicado, porque los sueldos son bajos. Vivíamos endeudados, trabajábamos los dos, porque si no, no nos alcanzaba para mantener cinco hijos.

¿Cómo es el barrio donde vive?
-Es muy violento. En las fechas complicadas siempre se corta la luz, apedrean las comisarías, hay muchas balaceras. Otros años ya habían baleado la comisaría, por eso en estas fechas la cierran completamente. Le ponen madera a las ventanas, pero las balas igual se pasan para adentro. Más encima ahora cualquiera tiene armamento. Imagínese, ese cabro chico de 18 años que por dárselas de hombre y creer que tiene poder, mató a Cristián. Al poco tiempo que él murió, mi hijo llegó un día del colegio y se puso a llorar, yo le pregunté que qué le había pasado, y me dice que en una pared cerca de nuestra casa decía: “Cabo Vera: Las balas no se cabecean”. Después tiraron algunos panfletos con la misma frase en los alrededores. Y cuando pusimos la animita en el lugar donde murió, le teníamos un cuadro con una foto y, no sé quién quebró el cristal y le puso encima la foto del que lo mató. En otra ocasión, mi cuñada que vivía cerca, un día fue a verlo y dejarle flores y había una bala amarrada que estaba colgando.

¿Vio alguna vez al asesino?
-Nunca. Sólo por fotos. Es que no me interesó, ni siquiera fui a la reconstitución de escena, hubiera sido muy doloroso.

LAS VIUDAS

Luego de su asesinato, ¿recibió alguna ayuda?
-Directamente, yo no he recibido nada. El Ministerio del Interior les dio a mis hijos una pensión de gracia que corresponde al 70 por ciento de una pensión mínima, mientras estudien. Si no estudian, no reciben. Esa pensión se acaba a los 24 años. Eso es lo único. Con esa plata, más lo que yo trabajo, tengo que mantener la casa, pagar los gastos comunes, deudas, etc.

¿Cómo se ha portado Carabineros con usted?
-A mí solo me ha llamado la asistente social de la institución para saber cómo estaba. Nada más. Y cuando le conté mi situación, me dijo que no podía hacer más por mí. Me preguntó si Romina, la ex mujer de Cristian, me había llamado. Yo le respondí que no y me dijo que ella me estaba buscando porque me quería pedir la casa. Le dije que esta casa es mía, la compramos con Cristián cuando estábamos juntos, pero lamentablemente, me dijo ella, “la casa ahora pasa a ser herencia de los hijos”. Más encima a su ex esposa le pasaron casa fiscal.

¿Qué piensa a hacer?
-No sé, pero siento que es injusto que ella se quede con algo que me costó a mí y a Cristián. Todos sabían que él era divorciado, que nosotros éramos pareja. Incluso en los actos, me presentan a mí como la viuda del cabo Vera. Por ejemplo, cuando le pusieron su nombre a la 55ª comisaría, o cuando inauguraron la plaza, también con su nombre. Ahí, el General Bernales se refirió a mí como la viuda. Sus colegas me conocían, iban a la casa. Es decir, para todos los efectos yo soy la viuda, menos para los legales. Si cuando Cristián murió, al otro día ella llegó y se llevó a los niños al tiro, obviamente porque hay plata de por medio… luego nunca más me dejó verlos. Ahora me quiere quitar la casa, pero creo que sólo cuando tengan 18 años los hijos pueden hacer la posesión efectiva. Yo ni siquiera tuve beneficios de salud, ni de nada, todos los recibía ella. Incluso ella se quedó con el sueldo de Cristian y todos los beneficios y las devoluciones de platas que correspondían, que no era poco.

¿Cuánto es?
-Varios millones. Yo creo que cerca de cuarenta. Porque son seguros que dan por la forma en que murió y varias platas que se juntan y se devuelven cuando mueren en actos de servicio, y como él murió como suboficial póstumo, también el sueldo es alto.

¿Y antes cuánto ganaba?
-Antes sacaba como doscientos y algo, doscientos sesenta. No alcanzó a llegar a los trescientos mil pesos. Por eso, todos estos años pagábamos todo a medias y compartíamos los gastos.

¿Es cierto que el general Bernales le pasó dinero de su bolsillo?
-No, no es cierto. Mira, el día que murió Cristián y partió la caravana a Lebu, yo no tenía un peso. Pasé en el camino a un cajero y no pude sacar nada porque su sueldo estaba bloqueado, no sé bien por qué. Yo me angustié. Entonces, cuando llego a Lebu, me conseguí plata y llamé a la Viviana, una colega de él, y le dije que si iban para allá le podía decir al Pelao, su marido, que me prestara diez lucas, porque no tenía nada de plata. Ella me dice: “Ya guacha, no te preocupís”. Llegaron a los funerales con todos los amigos de Cristián y el Pelao se acerca, y me echa algo al bolsillo: “Mi guacha, eso te reunimos”, me dijo. Eran 70 mil pesos. Con eso me mantuve en Lebu. Cuando volví a Santiago, la Junta Vecinal de acá, también me hizo una colecta, de alrededor de 80 lucas. Esas fueron las únicas ayudas que recibí en ese momento.

Y después, ¿ha tenido ayuda de Carabineros?
-No. Murió Cristián, murió el general Bernales y yo no supe nada más de Carabineros. En estos momentos, no tenemos ni siquiera salud. La casa que compramos estaba a nombre de Cristián, porque yo estaba en proceso de divorcio todavía. Ni siquiera conozco al general Gordon. Yo estoy en el aire. Si tú me preguntas en qué me han ayudado, en nada.

¿Tiene contacto con otras viudas de Carabineros?
-Sí. Después de la muerte del general Bernales, se me acercaron la Paola, viuda del Cabo Moyano, la Pilar, viuda del cabo Burgos, y la Jéssica, del cabo Cuevas, y nos reunimos por una duda que ellas tenían sobre mí. Lo que pasa es que Romina aparecía siempre en la institución con los hijos diciendo que ella era la viuda. Entonces, ellas me veían salir a mí en la tele, y no entendían nada. Así que me fueron a buscar. Yo les conté lo que había pasado, les mostré el certificado de divorcio de Cristián, y les pedí que, por último, vieran las imágenes del día que él murió, y vieran que nadie se acercaba a ella a saludarla, porque todos sus amigos y colegas de la comisaría sabían lo que ella le había hecho, que Cristian había estado tres veces a punto de matarse por culpa de ella, que había estado con depresión y que habían estado a punto de darle la baja por ese motivo.

¿Y ellas en qué situación económica están?
-Todas recibieron beneficios. De hecho, en un momento en que yo estaba muy mal económicamente, ellas me ayudaron. Yo estoy en deuda con ellas. Es que sus esposos fueron ascendidos a oficiales, entonces ellas reciben más dinero. Ellas pelearon para que ellos fueran ascendidos a oficiales, que es mucha más plata, pero yo no podía hacerlo, porque no soy la esposa. Además que si lo hago, la que se lleva los beneficios no soy yo. Pero yo me quedé con el honor de haber sido la mujer de él. Yo solamente tengo contacto con ellas, no sé en qué situación estarán las demás viudas de carabineros. Entonces, por la falta de ley de convivencia yo estoy en esta situación. Si la ley hubiese estado en vigencia, mi situación sería otra. Hasta ahora no sé si la ley se habrá hecho o no, en su momento dijeron todos que sí, pero después no pasa nada. Yo recibí mucho apoyo de parte de todo el mundo, en ese momento. Soledad Alvear me ofreció una vez llevarme al Ministerio de Vivienda para que me dieran una casa, pero yo no quise. Yo no estoy pidiendo nada, lo único que yo quiero es quedarme con lo que era mío. Quiero que me dejen conservar lo que yo construí con mi marido. Todos me decían: “Sabemos que por falta de ley saliste perjudicada” o “Pucha que lata”, y nada más. En el momento de los hechos están todos contigo, pero después se olvidan. Así es como pasan las cosas.

¿Por qué decidió mandar un mail pidiendo ayuda a Farkas?
-El mail lo mandé luego de haber tenido un problema en la universidad de mi hija mayor, que estudia Ingeniería en la Andrés Bello, tiene 20 años. Ella se metió a la universidad motivada por Cristián, él fue su aval el primer año. Siempre le decía que estudiara para que después nos mantuviera, jaja. Luego murió Cristián y fue mi mamá la aval, pero este año no pudo serlo y ahora tengo un problema de deuda con la universidad. El encargado de los asuntos económicos habló conmigo y con la niña, para que pensáramos en la posibilidad de cambiarla de carrera, porque esa carrera era muy cara. Pero ya le queda tan poco, además de que es lo que ella quiere estudiar. Entonces, no la puedo cambiar. Bueno, justo ese día yo estaba mirando Internet, y en una página salía una imagen de Farkas. Ahí se me ocurrió. Pensé, si necesito un aval, que sea alguien de peso. Y como él está dispuesto a ayudar a la gente, yo quiero que él sea mi aval. Yo no necesito plata, necesito que me ayude, que sea el aval de la niña este año para pedir un crédito. Todo el mundo le pide plata, pero yo no quiero eso. No sé si resulte, pero igual lo voy a intentar.

¿Qué le parece Farkas?
-Pucha, si se ve tan buena persona, como las que no hay en este país, yo votaría feliz por él. Porque no cualquiera saca plata del bolsillo y te pasa sólo porque necesitai, sin preguntarte nada.