(Marcelo Mellado relata por que no irá a la Feria del Libro de Cuba)

Ni a ningún otro lugar, permaneceré aquí en Llo-Lleo sin destino posible, lamiendo el sabor amargo de la omisión y el desprecio. No iré a La Habana, porque nadie me invitó –supe que había una feria o algo así en que esta cagada de país, por un negocio diplomático, es el invitado estrella–, tampoco puedo pagar ese charter medio picantoso, en donde de seguro irá el perraje literatoso en onda chunguera cantando “pare chofer, se cayó uno de guata” o “el pueblo unido jamás…”. Carezco de la legitimidad para estar allá. Lo sé y lo lamento un poquito. Estoy cansado de este negocio de que nadie me quiera o me solicite. Además no me relaciono con ese establishment literalizante. Yo sé que no soy un escritor con buenos estándares de calidad, pero al lado de cualquier patipelao chileno no quedo tan mal parado.

No iré a La Habana porque uno no es todo lo cultural y políticamente correcto que hay que ser, claro uno no le hace al elogio impúdico ni anda exhibiendo candorosamente el sentido común de izquierda, como esas defensas apasionadas de la revolución. Pero a la hora de la cochina práctica poético cultural ni un culiao me la gana, soy más revolucionario que cualquiera de los lameortos que van. No hay ningún escritor cara de chileno que sea más consecuente que yo a la hora de hacerle a la lucha contra el facismo y la perra concertación; lo que pasa es que yo no vivo en Santiago y los huevones de allá discriminan como locos, porque son tan centralistas como la derecha (son de derecha los culiaos).

No iré a La Habana porque los de siempre se acabronaron, aunque saben que me lo merezco, porque siempre estoy en el campo de batalla. San Antonio no será Gaza, pero estar en la lucha acá tiene su lado heroico. Lo que pasa es que los que van se apitutaron con los poderes fácticos que están armando la transaca con la concerta, dicho así como en histeria incontenida y reprochadora. Por eso y otras cosas no iré a la isla.

No iré a La Habana, insisto, porque, en una de esas, los poetas se confabularon en contra mía. Yo he combatido frontalmente la corrupción poética en la quinta región y en el país, y eso debe tener costos como éste, de no ir a La Habana. Yo que he combatido la impostura culturosa de tanto perro concertacionista que ha querido utilizar las bellas letras como catapulta para el poder político. A mí me dejan fuera, a mí que denuncié a los poetisos criminales de Valparaíso, a los muerdealmohadas y besanuquistas de Cartagena y San Antonio.

No iré a La Habana, porque los cara de chilenos se ubicaron con antelación, uno detrasito del otro, punteándose para ir a pasear por el malecón, rodeados de mulatos. Y no se crea que quiero ir a La Habana para jinetear o algo parecido, quería ir a La Habana porque es una obsesión, aunque tardía, de mi generación al pedo. Simplemente quería sentir ese sabor tan especial de la persistencia retórica, nada más; hubiera querido sentir algo, también, del espíritu revolucionario, si aún existe, y volver con nuevos bríos a la lucha local. Pero no tendré esa posibilidad, porque vivimos en el más achilenado de los países. Aquí no me invitan ni a la feria del libro usado de San Antonio, ni siquiera a la más rasca de las ferias del país, que es la Viña del Mar (si hubiera en Valpo esa sería la peor), y voy a estar yendo a la caribeña feria.

No iré a La Habana, pero es para mejor, porque templa mi espíritu rebelde, además, para andar por allá rodeado de caras de chilenos mejor me quedo acá. Ya me imagino los carretes achilenados de esos chilenitos que se consiguieron un cupo a pura succión. Yo les anticipo a los organizadores que esa gente que va es de lo peor en conducta.

No iré a La Habana porque Chile es el país invitado y yo soy, a mucha honra, antichileno; al menos de ese Chile lamecaca y liberal que van a promover los que van. No iré a La Habana porque para allá van los que tienen que ir. Me parece bien que vaya Lacámara porque es el presidente del gremio, pero que vaya ese y ese otro, es el colmo.

No iré a La Habana porque me tengo que juntar con Germán Marín a cahuinear y a experimentar la singular experiencia de no ir a La Habana.

No iré a La Habana porque no soy lo suficientemente picante y ordinario para ir una feria del libro dedicada a un país como Chile.

A todo esto, ¿quién chucha va a La Habana?

 
Por Marcelo Mellado