El abogado Juan Pablo Hermosilla, conocido por sus posturas liberales en materia de seguridad ciudadana -y columnista de este pasquín- es de los hombres que coordinan el programa de Eduardo Frei, el candidato que en pocas semanas se instaló en la Concertación. Acá anuncia algunos de los resultados de las comisiones de trabajo del equipo, que incluyen revisión de políticas de seguridad y una nueva Constitución. Frei, dice Hermosilla, recién está calentando motores.

Por Pablo Vergara

Esta candidatura quiere ser de las más liberales que ha tenido la concertación. Incluso más que la del mismo Frei en 1994…
-No me cabe duda. La profundidad de los cambios institucionales que se propone lo confirman. Quiere construir una sociedad menos autoritaria, más humana, inclusiva. Y lo heavy es que lo dice de verdad. Frei ya tiene, junto a Pablo Ruiz-Tagle (abogado constitucionalista de la Universidad de Chile), un modelo de nueva Constitución, que implica una sociedad más participativa y menos autoritaria como no hemos tenido nunca en toda nuestra historia.

¿Y cómo es esa nueva constitución?
-Cuando Pablo Ruiz-Tagle me habló del sentido y contenido del proyecto, lo encontré fascinante. Incluye temas como un reforzamiento de los partidos, pero con participación ciudadana asegurada; el sistema deja de ser tan presidencialista y reparte el poder de forma más igualitaria. Nos va a obligar a discutir toda la estructura del Estado y de la so ciedad, porque propone profundizar la democracia fortaleciendo a las regiones, que tendrán más autonomía para elegir sus autoridades. Va en línea de construir un nuevo país, más democrático y más igualitario, con grandes incentivos a los privados pero con un fuerte rol del Estado en la protección social. El espíritu es reformatear el Estado, y redistribuir los poderes políticos al mismo tiempo que desplazas más poder a los ciudadanos. Por ejemplo, que los partidos tengan que elegir a la mayor parte de sus candidatos a través de primarias.

¿Por qué tan embalado Frei?
-La verdad, no sé. Hay que preguntarle directamente. Pero se le nota feliz, lo que es raro en la política. La felicidad en la política está como contraindicada, jajajaja.

Es rara esta campaña. Hace un año parecía todo guateado. Había mucho pesimismo. ¿Qué crees que se juega en esta elección Piñera/Frei?
-Distintas miradas de la sociedad y el ser humano. Tengo la impresión que son dos modelos distintos de ejercer el poder, de construcción democrática. Se nota un cambio profundo, en los ciudadanos y en los partidos. El país no es el mismo de finales de los 80; los conflictos son distintos y las formas de hacer política deben cambiar. El proyecto que lidera Frei es creíble y fresco. Una gran diferencia entre Piñera y Frei es la visión del Estado y la sociedad. Creo que la derecha al final termina en un darwinismo social bien simplista, que se traduce en una desigualdad estructural. Frei se rebela contra esto y se va a notar en su programa.

¿No es raro que una renovación política venga de alguien con tanto ADN político?
-Mmm… El ADN es raro, porque el buen ADN es el gran motor de la adaptación a los cambios del entorno. Conjuga la herencia con la capacidad de innovar y adaptarse. Así que a lo mejor, justamente, lo que le está funcionando a Frei mejor que al resto es su ADN político.

Te lo digo porque uno está acostumbrado a ver a los políticos metidos en su mundo. El episodio Girardi es la guinda de la torta.
-Los tiempos han cambiado, los estándares de control a nuestras autoridades, también. Y eso es bueno. Ahora, creo que igual a Girardi le cobran la cuenta en forma muy severa por su oposición a ciertos centros de poder como las AFP y las Isapres. Ojalá se aplicara la misma vara a muchos de la derecha o de quienes los apoyan.

EL PROGRAMA

¿En las reuniones de programa de qué se habla? ¿Cuáles son las preocupaciones?
-La participación que se está dando habla de una necesidad insatisfecha. Probablemente, el peor pecado de la Concertación. Las preocupaciones van por el lado de la falta de propuestas concretas, la ética pública, la educación y el empleo. Pero todo inserto en ganas de opinar y de participar, no sólo criticar. Una vez que abrimos la ventana para escuchar a todos, entró un vendaval. Es curioso esto, pero Frei está abriendo una puerta que creo va a traer muchas consecuencias. La Concertación no va a ser la misma.

¿No se parecerá a las muchas expectativas que habían con Bachelet?
-No, son muy distintas. En este caso hay un desencanto generalizado con la política, y la Concertación en particular, que se está articulando positivamente, haciendo cosas en vez de prometerlas. Lo que está pasando refleja además un cambio social y político mayor.

Uno estaba más acostumbrado al Frei empaquetado. Al que imita el Palta Meléndez.
-Sí, claro. Pero se reformateó. ¡Hoy tenemos un Frei 3.0! Ojalá logremos una Concertación igual, que profundice la democracia, actualice la mirada y se acerque a los ciudadanos.

¿Cambiará algunas miradas? Por ejemplo, ¿qué dice Frei de la delincuencia? La Concertación asumió un discurso medio derechista en los últimos años.
-Sí, ha sido muy lamentable, una vergüenza. Pero Frei tiene una mirada distinta al tema. No desde el temor, no desde un clima de beligerancia.

¿Y cómo se hace eso?
-Con una mirada más integrada, más sana y más responsable, que no se quede en lo represivo y en andar asustando a la gente, sino en instalar políticas de corto, mediano y largo plazo para integrar de mejor forma nuestra comunidad, no segregando y fragmentando nuestros barrios, porque eso ha demostrado ser, además, ineficiente. Se puede producir una sociedad más pacífica, con menos violencia delictual y familiar, cambiando mirada y con algunas medidas bien simples. Hay situaciones sociales que generan mucha violencia y el Estado debe enfrentarlas de un modo que no sea paradojal, como es el centrarse solamente en la represión.

¿Qué medidas?
-Medidas en contra del desempleo desde esta nueva óptica, en contra del consumo excesivo de alcohol; un rediseño de los programas de reinserción social de personas condenadas por delitos. Es necesario ampliarlos y fortalecerlos. Somos buenos para castigar, pero muy malos para prevenir la violencia.

Es un cambio grande. Si este gobierno, por ejemplo, colocó a la marihuana como droga dura.
-Hay que equilibrar una mirada que ha estado muy descompensada. Ese fue un episodio muy lamentable, en lo técnico y en lo político. Imagínate que la señal al traficante de marihuana es decirle “lo voy a sancionar igual que si vendiera drogas duras más peligrosas”. Bueno, en una de esas el traficante le hace caso al Conace y empieza a vender pasta base en vez de marihuana, total la pena que le van a aplicar es la misma, y gana harta más plata. Hay que combinar una mirada científica con una política de control penal democrática. Es más eficiente y más sano socialmente.

La gente que va a las reuniones es joven. Como los que marcharon por la prohibición de la píldora el año pasado. ¿Qué dice Frei de eso?
-Creo que está gozando la gran acogida de la gente, y viendo un nuevo estilo de participación, con cierto desapego y cierta frivolidad positiva. Desapego de la ganancia, del te doy para que me des, participo pero quiero cargo. Y cierta frivolidad positiva, porque todos nos estamos entreteniendo mucho.

¿Pero de cosas como la píldora, cómo se plantean?
-El lunes en el discurso dijo algo que me interpreta: que la derecha tiende a preocuparse de la ética y la moral solo a propósito de la sexualidad, y no los afecta moralmente un sistema de desigualdades sociales como el chileno; dijo que le parecía que la gran inmoralidad estaba en nuestras segregaciones, en la falta de oportunidades y en las desigualdades vergonzosas.

LA BOMBA

Frei es recordado por Ralco, por Pascualama y por las indemnizaciones. ¿Cómo se encara eso ahora?
-El tema medioambiental es muy sensible para un sector importante de la ciudadanía, especialmente los jóvenes. El punto es cómo se resuelve la tensión entre más crecimiento y necesidades energéticas. Creo que un eje conductor es una reformulación del Estado y de sus políticas. Soy uno de los coordinadores del área de Ética Pública del programa y en estos debates han aparecido cosas sorprendentes, como que la corrupción es más bien un efecto o consecuencia de la ausencia de una ética del servicio público clara. Durante años se ha estado desprestigiando la actividad política en desmedro de lo privado y lo público se ha planteado como algo rasca, para los que no se la pueden en la actividad privada. Eso es mentira y es grave.

Transantiago es un buen ejemplo de eso. Del fracaso de los privados.
-Claro. La derecha ha sido muy eficiente instalando como un único legitimador social el lucro y la riqueza, y se produce entonces una desvalorización de lo público en sí mismo. La situación se ha hecho crónica y por eso es que el Hogar de Cristo, el trabajo de la Fundación para la Superación de la Pobreza aparecen como contraculturales. Es un mundo cegado por la ganancia económica individual. Pero las cosas se pueden equilibrar. No se trata de estar contra las empresas o el lucro. Se trata de no dejar que la sociedad se fracture y no abandonar a nuestros ciudadanos más débiles. De ahí es donde surge una nueva ética que permite repensar el Estado y reformularlo.

¿Y la igualdad de oportunidades? ¿Cómo se reformula un Estado enfocado a eso?
-Frei ha sido claro en ese punto. El mercado no es un ecualizador social. Por el contrario, es endogámico. Y justamente ahí surge uno de los roles más potentes del Estado en un país como Chile: sino busca apoyar a los más débiles de la comunidad, nadie lo hará. Y el costo de la violencia social asociada a la marginalidad crónica se hará sentir. Eso es la Paz Social que pretendemos. La paz se logra no sólo controlando la violencia, sino produciendo equidad social e integración.

La semana pasada aparecieron los cálculos de los políticos por la inscripción automática. Puente Alto era la comuna que más aumentaba en electores en Santiago. Y eso quiere decir que los jóvenes puentealtinos no se inscriben. ¿Cómo se les mete al cuento a ellos?
-Yo encuentro que es re fácil: hay que hablarles y escucharlos. El resto sale solo. Este temor a los electores jóvenes me parece bien estúpido, creo que uno de los aspectos más oscuros de la Concertación, sobre todo de su sector progresista, es el abandono de los jóvenes. Es inmoral.

Suicida, además.
-Sin duda. Es una bomba de tiempo que va a reventar muy fuerte, porque estás construyendo un país paralelo, con otra cultura. Escindido del principal.

Y va pegado a la educación. ¿Qué le pasa a Frei con la educación? Quiere estatizar el Transantiago, pero ¿la educación? ¿Tendremos más Estado con Frei?
-No lo sé. Intuyo que si uno extrapola las cosas que se han ido destilando hasta este momento, viene una fuerte revisión del sistema educacional y sus efectos endogámicos, como dice Peña.

Hoy, como están las cosas, no saldrán Nerudas ni Mistrales ni Parras de nuestros liceos. Ni de alumnos, ni de profesores.
-Uf, sí. Es terrible. La verdad es que es un tema doloroso ese. Es como el suicidio cultural de un país. A lo mejor por eso hay menos poetas que antes. El costo puede ser mayor: nos puede transformar en un país irremediablemente mediocre y chato. Ese es un temón que hay que enfrentar de manera decidida y radical.

¿Uno de los pecados de la Concertación?
-Puf. ¿Otro más?