Hace un buen tiempo, puede el peatón santiaguino haberse topado, en pleno Paseo Ahumada o en Pedro de Valdivia, con este grupo de folcloristas ecuatorianos, cuyas vestimentas, curiosamente, tienen mucho de los apaches norteamericanos. Esta es la historia, los problemas y los proyectos de un grupo que ya es parte del paisaje y del sonido santiaguino.

Entrevista y redacción: Juan Pablo Abalo • Foto: Jonathan Espíndola

Yo más o menos a los 7 años salí de la selva y me fui al pueblo. Mi nombre es Héctor Sumac y soy de la Amazonía ecuatoriana. Mis padres son separados, lo que me obligó a ganarme la vida como fuera; quien quiera que me dijera vámonos a tal lado, pues yo me iba. De chiquito crecí de aquí pa allá y de allá pa acá.

Mis familiares eran antiguamente músicos indígenas nacidos en la isla Hiu al igual que yo. Todo partió hace 12 años, cuando gracias a Dios y a la música me salió un viaje a Holanda. Fueron como 16 veces las que estuve allí y en otras partes de Europa, como Alemania o Suiza. Me hice de amigos, conocí a músicos con los que formamos otro grupo que se llamaba Sumac Llacta y nos hicimos muy conocidos tocando en las calles de Ámsterdam. Pero en Europa tuvimos siempre el problema de la visa: sólo podíamos estar por algunos meses antes de volvernos al Ecuador.

EN CHILE

Yo ya me he radicado aquí en Chile. Mi idea era estar de paso: llegamos a Temuco por Argentina y fuimos muy bien recibidos. Ya llevo cuatro años viviendo acá, tengo un bebé y otro hijo que va al colegio, así que ya es medio difícil volverme a Ecuador o irme a otro país, aunque volver a vivir allí es algo que quisiera.

Ahora tenemos este grupo que hemos formado con mis compañeros: se llama Sumac y gracias a Dios tenemos muchos contratos para eventos, programas para colegios y escuelas y diversos cócteles, incluso presentaciones en la embajada ecuatoriana, donde hemos tocado músicas típicas de muchas regiones de nuestro país.

Me gusta mucho Chile pues es un país con muchas similitudes a Europa, como el metro debajo de la tierra que, por ejemplo, Ecuador o Panamá no tienen. Cada dos o tres años viajo a Ecuador para ver a mis ancestros.

Acá vivimos muy cerca yo y mis compañeros, a dos cuadras de cada uno, por ahí por Club Hípico y ensayamos los lunes de cada semana en la misma casa nuestra. Con nosotros se produce una confusión puesto que los chilenos y los peruanos no se llevan muy bien y la gente nos toma por peruanos y a veces nos gritan: ¡Peruanos, váyanse a su país!”. Pero yo no digo nada pues prefiero tener más amigos que enemigos. Es mejor pues cuando a uno lo putean y ven que uno no dice nada, porque luego se acercan y preguntan de dónde somos y ahí les explicamos. Hemos aprendido a respetar estando en otro país y la gente aprende a respetarnos a nosotros.

EL ESTILO Y LOS TRAJES

Más o menos el 2002 empezamos a incorporar música más nativa de Norteamérica e inglesa, y mezclamos instrumentos que no se conocen en Norteamérica, como la quena o la zampoña y otros que por acá o en Ecuador no se conocen, como la flauta nativa. Mandamos a hacer las bases que acompañan nuestras presentaciones.

Nosotros ahorita tocamos canciones en quechua y son del Ecuador, de las provincias de Atahualpa y Rumiñaui. Y hacemos nuestras versiones, cambiamos un poco los arreglos y algunas líneas melódicas. Los instrumentos los mandamos a hacer a artesanos del Ecuador. Le pido a un tipo que es un hermano para mí y me los hace a mi gusto. Hay gente que piensa que doblamos pero nosotros sí tocamos. Hay otros grupos que doblan y la gente se confunde y se acerca para confirmar que estamos tocando. La última vez en San Fernando me tocó parar de tocar y parar la pista y luego seguirle, para que la gente se convenciera de que tocamos en vivo.

También hemos mandado a hacer los trajes a Ecuador; son una mezcla entre trajes de la Amazonía y elementos de los trajes de los indios apaches de Norteamérica. (Nunca hemos ido a tocar a Norteamérica pero tuvimos dos amigos que eran navajos y ellos nos enseñaron cosas típicas de allá. Luego del problema que hubo con el cuento de los terroristas y lo de las Torres Gemelas, se ha hecho más difícil poder ir a tocar a EE.UU.). Son trajes con cosas en las que uno cree.

Yo creo en Dios, soy mormón. La gente nos pide que les vendamos cosas para la suerte, cosas que cuelgan de nuestros trajes, pero a mí eso no me gusta, prefiero enseñarles algo que vender las reliquias de nuestro traje. Además, el traje es parte de una buena presentación para hacer de nuestro espectáculo algo más profesional.

Ahorita estamos solicitando los permisos con un asistente social, pero justo han prohibido tocar en todo el centro: en el Paseo Ahumada ya casi no hay músicos. Así que si viene un carabinero, obedecemos la ley.

A futuro, nos gustaría ser conocidos y queridos por la gente, como lo somos en Ecuador. Queremos que los discos que sacamos -que grabamos en un estudio en San Bernardo y hasta ahora los vendemos nosotros mismos- se vendan en tiendas. Yo, al menos, no podría vivir sin música.