Caradura

Aporte del lector Fernando Díaz
SABÍA USTED QUE... A pesar de tener dieta presidencial, Piñera no logra perder pesos. Mándanos tu Sabía Usted Que...

Aporte del lector Fernando Díaz
Luego de que se hicieran mundialmente conocidas las impías andanzas del padre fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, el Papa ordenó una “visita apostólica” a la orden, que no es más que una inspección llevada a cabo por un grupo de prelados especialmente designados por El Vaticano, quienes tienen carta blanca para levantar alfombras y escarbar entre la mugre, que es mucha. La decisión fue comunicada al padre Álvaro Corcuera, heredero del trono de Maciel, por el secretario de estado de Benedicto XVI Tarcisio Bertone a través de la siguiente carta: Continúa leyendo ›
Por Italo Polizzi
Recuerdo como si fuera ayer la celebración del triunfo del No en Concepción… un mar de gente esperanzada cantando y hondeando banderas con in disimulada felicidad.
Han pasado veinte años desde aquella gesta y no exagero si afirmo que en la última década ésta ciudad, mi ciudad, ha caído en un oscurantismo más propio de una dictadura que de un régimen democrático, responsabilidad de una administración alcaldicia de extrema derecha que se reelige indefinidamente gracias, curiosamente, al voto popular.
En el ámbito ecológico, el resultado han sido los cerros habitados repletos de antenas celulares cancerígenas, las constructoras privadas trabajando impunemente sobre los humedales, el Río Andalién rellenado- por empresas con autorización municipal- que colapsa en los inviernos inundando Continúa leyendo ›
A comienzos de marzo, en la inauguración del corredor Vicuña Mackenna del Transantiago, un chofer cruzó el cerco de protección de la presidenta Bachelet y la increpó por el abandono en que se encuentra su gremio. La presidenta le dijo que pidiera una reunión con el ministro de Transportes, pues era la manera más eficaz de solucionar su problema, y no a gritos como lo estaba haciendo en ese momento. Valdivia debe haber pensado que la Presidenta se estaba burlando o deshaciendo de él, porque cualquier mortal sabe que jamás un ministro de ninguna cartera va a recibir a alguien de su escuálido porte en su oficina, así que prefirió esperar a que una idea lo suficientemente buena se cruzara por su cabeza para vengarse de la displicente mandataria. Y la idea llegó. Ayer en la mañana, a eso de las 7, Valdivia detuvo su habitual marcha, le pidió a sus Continúa leyendo ›
En la última edición del Semanario, del cual soy lector hace ya muchos años y llevar más de treinta años viendo fútbol, me sorprendió la apología del Sr. Abarzúa respecto al jugador Matías Fernández, donde responsabiliza de todo al DT. Manuel Pellegrini sobre su irregular, por no decir paupérrimo desempeño en el Villareal. Eso sí comparto todo lo que dice de Pellegrini, ya que es un técnico mediocre que no sabe, ni sabrá nunca jugar como grande y juega con el mismo esquema de su mentor Fernando Riera, pero cuarenta años después.
Ahora volviendo a Fernández, es un jugador del montón solo brillo el 2006, en la Sudamericana y ante equipos mediocres, cuando le toco River y Pachuca nada, en la selección solo ante Colombia a jugado un partido bueno y algo frente a Argentina, entonces no nos engañemos seamos más objetivos; Matías Fernández no es un crack, y solo es un Continúa leyendo ›
Por Patricio Fernández
La noche del martes 17 de marzo llegó por la entrada de urgencia al Hospital de Talca una mujer de 44 años, tras sufrir lo que un periodista de la plaza denominó “un accidente de tránsito en su bicicleta”. La verdad es que fue arrollada por un furgón. La tragedia habría sucedido en la localidad de Pencahue. Al día siguiente a la mujer le diagnosticaron muerte cerebral. No me queda claro si justo antes de perder la conciencia o mucho antes, con ocasión de quién sabe qué, ella le habría declarado a sus parientes que no quería donar sus órganos al morir. Sus razones tendría: argumentan que era Testigo de Jehová. El asunto es que su corazón era justo del tipo que necesitaba urgentísimamente Felipe Cruzat, un niño de 11 años, para sobrevivir. El clamor popular descendió de inmediato sobre los familiares de la accidentada. Talquinos sobrecogidos con la historia del menor descorazonado se acercaron a los futuros deudos para exigirles, como una banda de hambrientos, que entregaran el corazón. La familia pidió tiempo para pensar. Mal que mal, debatían sobre el destino de un bien que no les pertenecía, porque si algo nos parece propio del individuo, convengamos que es su corazón. Fue Gonzalo Cruzat, el padre del niño agonizante, quien puso los paños fríos: “a Felipe le tiene que llegar un corazón por una cruzada de amor y no por una cruzada de presiones”. A continuación, no recuerdo cuánto después, la familia de Ana María Velasco Díaz, la mujer atropellada, hizo pública su deliberación: “los hermanos de la paciente en cuestión señalan tajantemente que respetarán la decisión de su hermana, quien habría manifestado su contrariedad a ser donante de órganos, tomando la opinión de ella como la decisión final al tema”. Continúa leyendo ›
1) Las embarró el compañero Fidel -por lo que le hizo a Michelle Bachelet-. Eso no se hace. Ni mucho menos a una dama. (Entre paréntesis: la mención a nuestra soberanía supuesta y Bolivia es una bolita de dulce y vale hongo).
2) La Cuarta, “el diario popular”, no le dedicó una sola palabra en portada (adentro no sé porque no leo los diarios por dentro) a la enfermedad, muerte y funerales de Jorge Guerra, Pin Pon.
3) Recién y a raíz de la crisis económica universal me doy cabalmente cuenta lo que significa una sociedad de consumo. Es la que colapsa si la población deja de consumir el 99 por ciento de las idioteces que habitual e innecesariamente consume. Continúa leyendo ›
El año pasado, cuando despuntaba el tema de la colusión entre las tres grandes cadenas de farmacias para subir el precio de los medicamentos, la senadora Evelyn Matthei y el diputado Juan Lobos, ambos UDI, salieron en defensa del hoy reconocido y por todos vapuleado cartel. La declaración, publicada en la página web de, partido de Jaime en junio del 2008, fue borrada del mapa, pero gracias al rastreo realizado por el sitio elfrancotirador.cl, hoy podemos reproducirla
Matthei y Lobos acusaron al senador Girardi y al Cenabast de montar campaña de desprestigio en contra de cadenas farmacéuticas
Como una campaña de “desprestigio” en contra de las grandes farmacias del país, calificaron los parlamentarios Evelyn Matthei y Juan Lobos, la información entregada por la Central de Abastecimientos (Cenabast) y el senador Guido Girardi el pasado 30 de mayo donde se mostró una importante alza de precios, de distintos medicamentos, en las tres más importantes cadenas farmacéuticas del país. Continúa leyendo ›
Es asombroso que esta genialidad sea la primera novela que un entonces veinteañero Charles Dickens publicó, y no porque sea perfecta a la manera en que son perfectas, por ejemplo, las novelas de su compatriota JaneAusten. Al contrario, “Los papeles…” es una novela desmedida, desprolija, pero en su exceso resulta fascinante e inolvidable.
Es una novela imperfecta porque hay cosas que parecen estar de más, como el aparataje cervantino de presentar el relato como la investigación de unos editores, procedimiento que el mismo Dickens va paulatinamente abandonando para concentrarse en narrar sin más las disparatadas aventuras de Samuel Pickwick, sus amigos y su ayudante Sam Weller. También sobran, a veces, las novelas intercaladas, que no son pocas, y uno que otro capítulo, como el antepenúltimo, que más bien estorba, aunque tal vez sea más correcto decir que distrae, y la distracción es la ley de Pickwick y sus amigos. Por eso, tal vez, es que hay también muchos asuntos y personajes que son dejados en el camino, sin que ello importe mucho. En efecto, la ley pickwiciana primera es la del movimiento perpetuo, el goce y “la observación del género humano en toda su variedad”, es decir la distracción, y si en narrar eso se producen olvidos o discontinuidades, qué importa: esta novela, como la vida, se parece más a un encantador terruño salvaje que a un rígido jardín municipal perfectamente estructurado. Continúa leyendo ›
Por Alejandro Zambra
Escribo todavía mareado por el golazo que marcó Mati Fernández ante el Athletic de Bilbao. Lo he seguido con fidelidad desde que se fue a Villarreal, hace poco más de dos años: lo he seguido casi maniáticamente, luchando con la programación del cable, actualizando con persistencia las retransmisiones de Marca y administrando pacientemente los cortes de rojadirecta.com. En esas emisiones por internet, la mejor imagen o la menos mala a veces proviene de la televisión turca y de a poco la voz del relator se me ha vuelto familiar. Los turcos esperan el gol de Nihat y nosotros solamente esperamos que Pellegrini se digne a alinear a Matías. No estamos pendientes del partido: estamos haciendo banca con el Mati, elongando ciento cincuenta veces junto al banderín del córner, un poco ansiosos y sin embargo dispuestos a disfrutar a fondo los ocho o nueve minutitos que nos lo deja Pellegrini. Hacemos banca contigo, Matías, no olvides eso, que nosotros nunca olvidaremos la alegría de verte jugar.
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Sé que es raro ver el fútbol como si fuera un deporte individual. Al menos a mí no me importa el equipo. Si el Villarreal ganara la Champions mi alegría sería directamente proporcional a la cantidad de minutos jugados por Mati Fernández. Es extraño ver un partido con la sola expectativa de que Matías entre (o “salga”, como dicen los españoles, que ven todo al revés), pues inevitablemente nos gana el deseo de que los demás jueguen mal. Cada vez que los competidores del Mati se equivocan sobreviene un ligero placer, mucho más leve, en todo caso, que el dolor que es capaz de provocarnos un gol de Pires o de Cani —que no marcan mucho, en todo caso— o algún acierto que confirma el buen momento de Santi Cazorla (me gusta decirlo de esa manera transitoria: es un buen momento, ya pasará, del mismo modo que el calvario de Matías pasará y comenzará no ya un buen momento sino un tiempo largo de merecida gloria).
Soy de los que piensan que Mati debe irse del submarino, aunque en mi opinión hay una zona de rencor ante tanto ninguneo de parte de los hinchas españoles. He pasado horas siguiendo los foros en que una tropa de amarillentos insultan impunemente al Mati: dicen que es un fiasco, sacan en cara la “pasta” que gana, piden que lo manden a la filial y se permiten numerosas y muy poco originales bromas relacionadas con su apodo goleador. Peor que los opinólogos de los foros son los redactores deportivos de El Periódico Mediterráneo, que si transformaran la crítica en autocrítica deberían ahorcarse por lo mal que escriben.
Matías no ha jugado mal. Ha jugado poquísimo y a veces se ha visto nervioso, pero si lo dejaran de titular dos partidos seguidos otro gallo cantaría. Hasta ahora ha jugado de forma correcta, y claro, eso no basta. Esperamos rabonas, amagues, fintas, túneles. Esperamos impensadas habilitaciones a delanteros que reciben la pelota con cara de asombro y gratitud. Y goles, por supuesto. Si Pellegrini es un poco menos mezquino con el minutero eso es lo que sucederá en lo que queda de liga. Estoy seguro que entonces preferirán no cederlo ni venderlo y los hinchas ya no lo pifiarán (porque hay imbéciles en El Madrigal que se permiten pifiarlo), y acaso Mati verá con buenos ojos seguir allí, pero así y todo creo que debe irse de ese pequeño infierno amarillo. Será encantador dentro de unos meses saber de la tristeza de esos hinchas y de esos periodistas obligados a seguir desde lejos las proezas de un jugador que tuvieron y que ya no tienen ni tendrán nunca más.
3
Sabemos muy poco sobre Mati Fernández y de seguro él querría que supiéramos todavía menos. Se dice que le falta carácter o fortaleza interior, pero seguramente los que dicen eso estudiaron psicología deportiva con Marcelo Barticciotto. El problema de no hablar con la prensa es que el silencio influye mucho en su valoración. Ahí tenemos a Cani, un jugador del montón, pero siempre dispuesto a hablar con los periodistas, que le devuelven la mano decorando sus actuaciones como si fueran la gran cosa.
A mí me gusta, en todo caso, que Matías no hable con la prensa. Es tímido —como los poetas son tímidos— pero a veces pienso que no habla con los periodistas más bien por pudor a reproducir eternamente el discurso tonto de que no hay que menospreciar al rival y todo eso. Debe ser cansador declarar, semana tras semana, que el equipo está en un buen momento, que el próximo domingo hay que sumar de a tres para afirmarse en zona Champions, que es importante el apoyo de la afición y toda esa palabrería absurda. Qué agradable, en cambio, el silencio de Matías. Ha hablado solamente en la cancha, protegiendo celosamente su vida privada —y proteger la vida privada no es un acto de timidez sino de lucidez— sin gastar tiempo en declaraciones ni desmentidos, sin lloriquear en público por la suplencia ni gritar el gol en la cara a sus detractores.
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Recuerdo la parodia del fútbol que hacen en Los Simpsons: en la cabina un relator se desgañita de pasión mientras vemos, en el círculo central, que el jugador A se la pasa al jugador B y el B se la devuelve y así pasan los minutos de esa triste celebración de la inmovilidad. Es el fútbol que le gusta a Pellegrini. Así juega, por largos pasajes, el Villarreal, un equipo que cultiva el fútbol de toque, pero de toque para el lado, de pacientes pasecitos cortos. El Villarreal es como un matrimonio mal avenido que espera que el amor llegue con el tiempo. El amor es el gol y hay que cuidarlo, y eso hace el submarino apenas marca: cuidar el uno a cero o el dos a uno y luego el uno a uno o el dos a dos. Muy pocas veces da gusto ver al Villarreal, pues el fútbol de toque solamente es bello cuando permite, también, un poco de improvisación, de riesgo.
¿Por qué le va tan bien a Pellegrini, entonces, en la autoproclamada “mejor liga del mundo”? Porque es un genio dosificando la ambición. Porque entiende el fútbol como una pasión demorada. Porque siempre consigue que su campaña sea menos irregular que la de los rivales directos y porque su manera de ser grande consiste justamente en renunciar, de antemano, a jugar como juegan los grandes.
Es mentira que Pellegrini le haya dado a Mati verdaderas oportunidades: no le concedió vacaciones en la primera liga, justamente cuando más las necesitaba, y lo expuso al affaire Riquelme sin compasión, hasta que recuperó a Pires y dejó que creciera la sensación de que Mati estaba en deuda. La temporada siguiente no cuenta: Matías jugaba poco, pero en la UEFA era titular y no defraudó hasta que vino esa lesión que lo estropeó todo.
Matías intenta hacerle caso a Pellegrini pero lleva en la sangre un fútbol alegre, sudamericano, forjado en las canchas de baby y fogueado en un equipo que no jugaba con la calculadora en la mano. Perdonaríamos a Pellegrini, lo alabaríamos incluso si alineara a Matías, si confiara en él como confió Claudio Borghi o como confía ahora Marcelo Bielsa.
De momento Pellegrini es un obstáculo, un enemigo, un infiltrado, un pesado, un rubio, un chuncho, qué sé yo: el antagonista de una novela que aburre y entristece pero que seguimos leyendo porque sabemos que después del amargo capítulo presente vendrá lo bueno.
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En Fiebre en las gradas hay un texto hermoso que Nick Hornby dedica a Liam Brady, el mediocampista que dejó el Arsenal para jugar en la Juve. Hornby relata la falta que Brady hacía en su equipo —en su vida— de manera magistral. Lo único que quería era que el ídolo regresara pronto. Nosotros, en cambio, ciudadanos genuinos del subdesarrollo, queremos que Mati no vuelva. Nada nos gustaría más que volver a verlo con la camiseta 14 (¿por qué la ocupa, ahora, el chino Millar? ¿Es que no pueden, por amor al pasado y al fútbol, guardar la camiseta? ¿A nadie le parece una falta de respeto?), pero ni siquiera pensamos seriamente en esa posibilidad. Que regresara ahora sería visto como un fracaso y lo que menos queremos es que Matías fracase. Y si fracasa fracasaremos con él.
No lo queremos de vuelta sino hasta el año 2015 ó 2018 y hay cierta nobleza en el gesto. Queremos que a Matías le vaya bien, como cantaba la barra en el último partido que jugó por Colo Colo, y también sabemos y asumimos con resignación que para que le vaya bien debe estar lejos. Es la ruta del héroe, ni más ni menos, que se marcha a países remotos y regresa muchos años después enriquecido por la experiencia y dispuesto a compartir con nosotros lo que ha aprendido.
Hasta ahora la aventura de Matías ha sido la paciencia. Nos ha enseñado a tener paciencia. Ahora sabemos que el mejor a veces ni siquiera entra en la convocatoria. Es inexplicable que no esté en la cancha haciendo lo que sabe. Pero gracias a Mati hemos aprendido, durante este tiempo tan duro e injusto, a convivir con lo inexplicable.
No sé hasta cuando podremos los chilenos seguir aceptando tanta injusticia. Isapre Colmena me informó que mi plan de salud se reajustaría en un 15, 6% en 2009 (máximo autorizado por la ley). El año pasado ya se reajustaron los planes en el máximo legal app. 12%. (sobre IPC, planes en UF).Como me encuentro cesante desde febrero del 2008 y curso un cáncer de mama, no puedo pagar este nuevo reajuste y tampoco puedo cambiarme a otras Isapre (por preexistencia oncológica).No puedo bajarme de plan, pues mi salud corre peligro si no me trato oportunamente. A mayor gravedad, en septiembre del 2008, asesorada por una ejecutiva de Colmena, me ví obligada a bajar a mis 3 hijos a un plan mucho peor, para evitar bajarme yo de plan. Con todos estos antecedentes fui asesorada por personal de la misma Isapre Colmena para solicitar que la isapre dejara sin efecto el reajuste del 2009. Colmena me señaló Continúa leyendo ›