En los últimos números nuestros lectores han debatido sobre una campaña atea en Londres que reza: “Probablemente Dios no exista, deja de preocuparte y disfruta la vida”. Sin duda, este libro de Bertrand Russell aportará al debate.

Bertrand Russell es un destacado filósofo y matemático inglés que dominó la escena intelectual de la post guerra. Tenía una pluma ágil y clara y mucho del humor de otros grandes intelectuales y artistas británicos. Así armado, Russell entró en el debate social de su época promoviendo el pacifismo, la educación sexual, el respeto por las mujeres y combatiendo el oscurantismo religioso. En este punto no tenía dudas y el presente libro “Por qué no soy católico”, es una muestra. Russell realiza aquí una contundente y notable defensa del ateísmo. Su crítica a la Iglesia, que apunta sobre todo a la estructura burocrática a través de la cual reparte ignorancia y miedo, no puede ser desdeñada. Pero tan interesante como eso es su actitud frente a la muerte, o más bien, frente al miedo que todos los mortales sentimos: “Yo creo que cuando me muera me descompondré y no sobrevivirá nada de mi ego. No soy joven y amo la vida, pero me despreciaría si temblase de terror ante un pensamiento de aniquilación. La dicha es igualmente valedera aunque tenga que tener un fin, y el pensamiento y el amor no pierden su valor porque no sean eternos”.

En este adelanto hemos escogido los argumentos que Russell da para considerar que Cristo no era tan bueno como nos han dicho y su respuesta a la idea de que sin la religión no tendríamos motivos para comportarnos bien.

EL PROBLEMA MORAL

“Para mí, hay un efecto muy serio en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. Yo no creo que ninguna persona profundamente humana pueda creer en un castigo eterno. Cristo, tal como lo pintan los Evangelios, sí creía en el castigo eterno, y uno se topa una y otra vez con una furia vengativa contra los que no escuchaban sus sermones. No se halla, por ejemplo, esa actitud en Sócrates. Es amable con la gente que no lo escucha; y eso, a mi entender, es más digno de un sabio que la indignación. Probablemente todos recuerdan las cosas que dijo Sócrates al morir y lo que decía generalmente a la gente que no estaba de acuerdo con él.

Uno se encontrará con que Cristo dijo en los Evangelios: “¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo evitaréis el ser condenado al fuego del infierno?”. Se lo decía a la gente que no escuchaba sus sermones. A mi entender éste no es el mejor tono, y hay muchas cosas como éstas acerca del infierno. Entre ellas, claro está, el conocido texto del pecado contra el Espíritu Santo: “Pero a quien hablase contra el Espíritu Santo, despreciando sus gracias, no se lo perdonará ni en esta vida ni en la otra”. Ese texto ha causado una indecible cantidad de aflicción en el mundo, pues las más diversas personas han imaginado que han cometido pecados contra el Espíritu Santo y pensando que no serían perdonadas en este mundo ni en el otro. No creo que ninguna persona un poco misericordiosa siembre en el mundo miedos y terrores de esta clase.

Luego,Cristo dice: “Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y expulsarán de su reino a todos los escandalosos y a cuantos obran la maldad; y los arrojarán en el horno del fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes”. Y continúa extendiéndose con los gemidos y rechinar de dientes. Esto se repite un versículo tras otro y el lector se da cuenta que hay un cierto placer en la contemplación de los gemidos y el rechinar de los dientes, pues de lo contrario no se repetirían con tanta frecuencia. Luego, todos ustedes recordarán, por supuesto, lo de las ovejas y los cabritos; cómo, en la segunda venida, para separar a las ovejas de los cabritos, dirá a éstos: “Apartaos de mí, malditos: id al fuego eterno”. Y continúa: “Y éstos irán al fuego eterno”. Luego, dice de nuevo: “Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo o te incita a pecar, córtala y tírala lejos de ti; pues mejor está que perezca uno de tus miembros, que no vaya todo el cuerpo al infierno, al fuego que no se extingue jamás”. Esto lo repite una y otra vez. Debo declarar que toda esta doctrina, que el fuego del infierno es un castigo por haber pecado, es una doctrina de la crueldad. Es una doctrina que trajo la crueldad al mundo y dio al mundo generaciones de cruel tortura; y el Cristo de los Evangelios, si acepta tal como lo representan los cronistas, tiene que ser considerado en parte responsable de eso.

…Yo no puedo pensar que, ni en virtud ni en sabiduría, Cristo esté tan alto como otros personajes históricos. En estas cosas pongo por encima de Él a Buda y a Sócrates”.

EL FACTOR EMOCIONAL

“Como dije antes, no creo que la verdadera razón por la que la gente acepta la religión tenga nada que ver con la argumentación. Se acepta la religión emocionalmente. Con frecuencia se nos dice que es muy malo atacar la religión porque la religión hace virtuosos a los hombres. Eso dicen; yo no lo he advertido. Conocen, claro está, la parodia de ese argumento en el libro de Samuel Butler, Erewhon Revisited. Recordarán que en Erewhon hay un tal Higgs que llega a un país remoto y, después de pasar algún tiempo allí, se escapa en un globo. Veinte años después vuelve a aquel país y halla una nueva religión, en la que él mismo es adorado bajo el nombre de Niño Sol, porque se dice que ascendió a los cielos. Ve que se va a celebrar la Fiesta de la Ascensión y que los profesores de Hanky y Panky que saben la verdad son los sumos sacerdotes de la religión del Niño Sol. Higgs se indigna y se acerca a ellos y dice: “Voy a descubrir toda esta farsa y a decir al pueblo de Erewhon que fui únicamente yo, Higgs, que subí en un globo”. Pero ellos le contestan: “No puede hacer eso, porque toda la moral de este país gira en torno a ese mito, y si supieran que no subió a los cielos se harían malos”; y de esta forma lo persuaden para que se marche silenciosamente.

Ésa es la idea: que todos seríamos malos si no nos acogiéramos a la religión cristiana. A mí me parece que la gente que se ha acogido a ella es, en su mayoría, extremadamente mala. Se da este hecho curioso; cuanto más intensa ha sido la religiosidad de cualquier período, y más profunda la creencia dogmática, han sido mayor la crueldad y peores las circunstancias. En las llamadas edades de la fe, cuando los hombres realmente creían en la religión cristiana en toda su integridad, surgió la Inquisición con sus torturas; millones de mujeres desafortunadas fueron quemadas por brujas; y se practicaron toda clase de crueldades sobre toda clase de gente en nombre de la religión.

Uno advierte, al considerar el mundo a su alrededor, que todo el progreso del sentimiento humano, que toda mejora de la ley penal, que todo paso hacia la disminución de la guerra, el mejor trato de las razas de color, que toda mitigación de la esclavitud, que todo progreso moral realizado en el mundo, ha sido obstaculizado constantemente por las Iglesias organizadas. Afirmo deliberadamente que la religión cristiana, tal como está organizada en la Iglesia, ha sido, y es aún, la principal enemiga del progreso moral del mundo”.