En enero del año pasado, a sus 59 años y 74 días, Carlos de Inglaterra alcanzó la misma edad que tenía su tatarabuelo Eduardo VII cuando en 1901 ascendió finalmente al trono tras la muerte de la reina Victoria. En noviembre, el hijo mayor de Isabel II se convirtió en el primer príncipe de Gales en llegar a los 60 sin hacerlo como monarca.

Nacido el 14 de noviembre de 1948 en el Palacio de Buckingham, Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor es consciente de que cada año que cumple aumentan las presiones en algunos sectores de la familia real británica para saltar una generación cuando llegue el momento de coronar al próximo rey. A pesar de que nació predestinado a convertirse algún día en jefe de Estado, Carlos teme que en lugar del tradicional “la Reina ha muerto, larga vida al Rey”, la proclamación podría ser “larga vida al rey Guillermo V”, el más popular después de la reina Isabel II.

Tras la muerte en 2002 de la Reina madre a sus 101 años, el Príncipe dejó entrever su ansiedad de no llegar a cumplir con su destino. “Está en las manos del Señor que esté vivo (cuando muera la reina) o si para entonces tendré aún todas mis facultades mentales”, declaró a la BBC, que lo ha filmado durante un año para el documental Carlos a los 60: el príncipe apasionado.

Por ahora, las esperanzas siguen ahí para el heredero de 16 reinos. Tras años de ser condenado a ojos públicos por su frialdad en su relación con la princesa Diana, finalmente ha logrado alejarse de las críticas que levantaron sus infidelidades a su primera y querida esposa. Con la opinión pública de nuevo a su lado, a su favor también juega la reciente decisión del príncipe Guillermo de seguir cinco años más al servicio de la Royal Air Force (RAF), media década que Carlos podrá aprovechar antes de ser eclipsado por su hijo cuando éste se convierta en miembro real a tiempo completo.

Sin jubilación y sin ascenso

En una edad en la que uno ya piensa en la jubilación, el Príncipe aún espera su gran ascenso. La discreción de los festejos de su cumpleaños 60 fue una prueba de ello: en comparación con el mes entero de fastuosas fiestas y pompa de cuando cumplió los 50, esta vez Carlos estuvo consciente de que todas las miradas estaban fijadas en el hecho de que es el heredero más longevo de la historia británica.

Las celebraciones arrancaron con una gala humorística presentada por Rowan Atkinson y Robin Williams para recaudar fondos para la veintena de ONG que patrocina. Continuaron con un concierto y una cena en el Palacio de Buckingham que, presididos por la Reina, contaron con la asistencia de 75 miembros de las realezas británicas y europeas. En la noche, el Príncipe y la duquesa de Cornualles recibieron a jóvenes de barrios marginales de la fundación Prince’s Trust, uno de los proyectos más aplaudidos de Carlos. Y como colofón, Camila fue la anfitriona de una fiesta privada en su residencia campestre de Highgrove para 200 familiares y amigos próximos, entre ellos los hijos de Carlos y las novias de ambos. La música la puso Rod Stewart, que ya se ha comprometido con la duquesa para dedicarle un feliz cumpleaños y un “you wear it well” (“los llevas bien”).

En sus casi 40 años desde que fue nombrado Príncipe de Gales, Carlos ha dedicado sus esfuerzos a numerosas obras de beneficencia. De sobras es conocida su fuerte espiritualidad y preocupación por el declive de la Iglesia de Inglaterra, aunque también por los efectos del cambio climático, la proliferación de alimentos modificados genéticamente y la suerte de los pequeños ganaderos. “A él realmente le preocupa. Siempre le ha importado (…) Quiere cambiar las cosas. Podría haber sido un Príncipe de Gales, distinto pero escogió anteponer su consciencia y enfrentarse a sus preocupaciones, a sabiendas de que hay quien se burla de él”, dijo una fuente cercana al príncipe al Daily Telegraph.

Su 60 cumpleaños lo ha situado en el centro de la mirada pública por primera vez desde su boda en 2005 con Camila, su gran amor de juventud. Más allá de las apuestas sobre si llegará algún día a rey —dudosas si se tiene en cuenta la formidable salud de Isabel II—, el otro gran dilema es el título que ostentará su esposa. En su día, éste será decidido por un tribunal conformado por representantes de la opinión pública y el que sea el primer ministro, aunque a juzgar por los últimos datos las perspectivas no pintan nada bien para Camila. Un sondeo del Daily Telegraph indica que su apoyo para ser reina ha caído del 28% al 17% desde verano. Queda claro que los británicos han relegado al baúl de los recuerdos el capítulo de Diana, pero subir al trono con una reina al lado aún es para Carlos una larga batalla por ganar.