En la revista Qué Pasa de esta semana viene una entrevista de Josefina Ríos a Cristián Warnken. La periodista le pregunta sobre la polvareda que han levantado sus póstumos homenajes al escritor Miguel Serrano, en especial por las críticas que ha recibido de Rafael Gumucio, quien lo acusó de no compadecerse del dolor ajeno, en este caso, del dolor de las víctimas del nazismo que tanto elogiaba Serrano. Warnken responde: “El mismo Gumucio escribió una vez una columna en la que decía que un escritor puede ser pedófilo o matar a su madre y ser buen escritor. Entonces, lo que yo veo aquí es un doble estándar. Me parece curioso el efecto que mi columna generó en algunas personas. Hay mucho de mezquindad en ciertos grupos literarios que para mi son verdaderas mafias. Se creen marginales pero tienen columnas en diarios, programas de radio y un poder increíble sobre las editoriales. Son de un resentimiento terrible y quieren que todos piensen igual que ellos. Para ellos yo soy lo peor, porque me ha ido bien, tengo otro discurso y me encuentran barroco, lo que probablemente soy. En el espacio literario debe haber lugar para todos, y yo a ellos los encuentro faranduleros, quieren ser cool y a mí no me gusta ser cool”