Me entero en la Qué Pasa que algunas universidades están adaptando sus mallas curriculares para enfrentar la mentada crisis, sobre todo aquellas que están sobre la cota mil (concretamente la Adolfo Ibáñez). Por lo que veo el concepto de “cota 1000” sería un gran aporte crítico de la tradición jesuita a la educación chilena. Y por esa misma línea, percibimos que el cuiquerío académico local imita a los gringos que intentan rentar de la cuestión con esos típicos seminarios vende pomadas neoliberales, y que a veces más parecen terapias de autoayuda. Al parecer la academia necesita soportes conceptuales para enfrentar el momento económico. ¿Y de dónde, me pregunto, van a extraer estas instituciones soberbias, que se suponen lo tienen todo calculado y controlado, esos saberes tan precisos que obviamente no los da el dogma que los metió en el medio tete? Los mismos que desde sus tronos decisionales pretenden dar recetas para enfrentar esa cosa que llaman la crisis, ahora quieren resolverla desde una especie de falsa inocencia. ¿Cuáles serían los ramos o seminarios (o electivos) que se impartirían? Yo me imagino que la idea es darle contenidos bien prácticos y al callo, como por ejemplo: “Cómo lograr que el huevonaje siga consumiendo en cesantía” o “Generar empleos como el hoyo para manipular al rotaje”, o “Disminuir la calidad de vida de la población y sacar dividendos de ello”, o la más típica “Hacer de la crisis una oportunidad…” (para hacer negocios sucios). Yo, desde mi experiencia en economía doméstica, en ruinas varias, en catástrofes identitarias y otras menudencias que son producto de las políticas del abandono y la desolación, todo al nivel del mar, creo que tengo una buena oportunidad de rentar con la crisis negociando mis puntos de vista. De hecho no recuerdo no estar en crisis. Yo, que desde estas páginas anticipé la crisis capitalista, la criolla y la otra, y que con humildad desarrollé fórmulas para enfrentarla. Yo, desde mi experticia catastrófica de vivir en una zona perpetuamente en crisis, tengo las conductas de entrada para generar un currículo preciso que dé cuenta de la huevá, es decir que pueda leerla, analizarla y resolverla (un instrumento que lo mete, lo saca, lo sacude y lo guarda). Es decir, esos huevones tienen que contratarme a mí para dar un cursito sobre el tema, con observaciones de campo incluidas.

Los objetivos del curso, esto a modo de introducción, son hacer de la crisis un producto vendible en sus múltiples dimensiones, toda una marca del capitalismo criollo. Sabemos que la economía está compuesta de muchas variables y que una perspectiva interdisciplinaria es la que se impone. En este caso los problemas macroconómicos tienen soluciones microeconómicas. No sé si este enunciado sea certero, pero suena bien. Aquí se trata de pensar en los intereses del país y no de un grupo fáctico, es decir, los costos los deben pagar los de siempre sin que se note demasiado. Hay que recordar que los indignos trabajadores chilenos dejaron que les escamotearan sus platas de la jubilación, por lo tanto pueden soportar mucho más, concretamente en el área del consumo más elemental.

Las consecuencias políticas pueden ser neutralizadas con cierta facilidad, ya que los grupos más radicales que tratan de rentar de este tipo de situaciones, fuera de vociferar y salir a la calle a hacer desorden, no hacen más porque no tienen un proyecto realmente conspirativo y porque son una noticia controlable mediáticamente. En relación con la asquerosa clase media, hay que mantener sus niveles de consumo o incluso aumentarlos, hay que darle plata para que gaste, de modo que a punta de arribismo mantenga sus niveles endémicos de ordinariez.

Las medidas económicas concretas van desde el aprender a bañarse con dos tacitas tibias de agua, hasta intervenir el curso de un río. Un botón de muestra: contrátenme, para solucionar mis urgencias más charchas, y armamos al tiro un laboratorio de crisis más académico que la chucha. Me llevo un curso completo a armar negocios en zonas pauperizadas; pondría a los alumnos a generar micronegocios, como comprar a precio de huevo cosechas de segunda mano y hacer mermeladas. Aprovechar la economía informal, como las ferias libres, y dotarlas de tecnología. Pagar poco y vender barato. Hay que copiar a los chinos: usar a los niños, pero en perspectiva familiar y pro-vida. Sólo así seremos económicamente rentables, sólo la crisis nos hará libres.

La academia económica me necesita.