En enero pasado la periodista Roxana Saberi fue arrestada por seguir trabajando en la república islámica después de que su acreditación hubiera expirado. Luego de un proceso bastante poco claro, la periodista fue condenada a 8 años de cárcel por el cargo de espionaje. Este 16 de abril, la editorial del New York Times era la siguiente.
“No hay nada parecido a la justicia en el juicio de Roxana Saberi en Irán. Las acusaciones del gobierno en contra de la señorita Saberi, una periodista estadounidense – iraní, han fluctuado tremendamente, y todo culminó la semana pasada con los cargos de espionaje para el gobierno de Estados Unidos. Su juicio de un día de duración fue realizado en secreto esta semana, y los funcionarios del estado iraní no han revelado ninguna evidencia en su contra.
El gobierno de Irán tiene que liberar a Roxana Saberi y poner fin a esta farsa peligrosa.
Saberi, cuyo padre nació en Irán, se crió en Dakota del Norte. Se trasladó a Irán hace seis años y trabajó como periodista independiente, en particular para la National Public Radio y la British Broadcasting Corporation, a la vez que realizaba una maestría en estudios iraníes.
Cuando fue detenida en enero, Roxana Saberi fue acusada de comprar vino (acto ilegal en Irán, pero dudosamente merecedor de prisión) y luego, de trabajar sin las credenciales de prensa. Aunque el gobierno revocó esas credenciales tres años atrás, se le permitió el archivo y clasificación de noticias por varios meses más.
El 6 de marzo en comentarios que daban a entender que el caso había sido resuelto, un fiscal le dijo a la Agencia de Noticias Estudiantil Iraní que la señorita Saberi sería puesta en libertad “en los próximos días”.
A continuación de eso, en forma repentina, el gobierno de Irán la acusaría de espionaje.
Irán ha jugado este absurdo juego antes. En los últimos años, otros americanos, entre ellos dos estudiantes, un corresponsal de Radio Europa Libre / Radio Libertad y un activista de la democracia norteamericana, fueron detenidos injustamente. Afortunadamente, todos fueron puestos en libertad, pero sólo después de meses de privación bajo arresto domiciliario y en la cárcel. En 2003, Zahra Kazemi, una reportera gráfica iraní – canadiense fue acusada de espionaje siendo víctima de un destino aún peor: según el médico iraní que la vio ella murió luego de haber sido golpeada y torturada mientras estuvo en la prisión de Evin, la misma de Roxana Saberi. Un ex agente del FBI que despareció en 2007 mientras realizaba un viaje de negocios, Robert Levinson, también se cree fue detenido.
No sabemos por qué el gobierno decidió ir tras Saberi. Una teoría es que Teherán quiera “cambiarla” por sus tres diplomáticos iraníes detenidos en Iraq por tropas de Estados Unidos, acusados de estar conectados con ataques a fuerzas americanas e iraquíes. Otra posibilidad es que la línea dura del gobierno esté tratando de sabotear los esfuerzos del presidente Obama de hacer partícipe a Teherán después de 30 años de aislamiento mutuo.
Los dos países tienen mucho que hablar, en particular su interés común por el control de los estupefacientes en Afganistán y asegurarse que la guerra civil en Iraq no se salga nuevamente de control a medida que las tropas norteamericanas comienzan a retirarse.
También tiene muchas y muy difíciles áreas de desacuerdo, comenzando por las ambiciones nucleares de Irán. Teherán ha exigido a Washington no interferir en sus asuntos internos. A través de Saberi y muchos de sus propios ciudadanos como peones políticos, Irán se está asegurando que su pobre historial en lo que respecta a Derechos Humanos se mantenga como tema político entre los dos países haciendo aún más difícil la búsqueda de acercamiento entre ambas naciones.”