La propuesta económica de Marco Enriquez-Ominami plantea estorbar la economía productiva para enriquecer a personas como él mismo.

Por Rasmus Sonderriis

En la carrera presidencial hasta hoy, el gran sospechoso de confundir los intereses del país con los suyos propios ha sido Sebastián Piñera. Aún cuando al candidato de Alianza por Chile realmente le preocupa solamente el bien de su país, en cualquier ámbito en que tenga una parte de su enorme fortuna invertida siempre existirá la duda. ¿Es probable, por ejemplo, que un Presidente Piñera busque intensificar la competencia en la aviación civil?
Sin embargo, con Marco Enríquez-Ominami no hay tal incertidumbre. Su propuesta económica http://www.marco2010.com/programa.htm revela un deseo abierto de enriquecerse a sí mismo y a los suyos.
Muchos chilenos se identifican con el eje medular de su planteamiento, que es bajar los impuestos a las personas y subirlos a las empresas. Pues, las personas somos tú y yo, las empresas son monstruos sin cara. No obstante, la propuesta del candidato Enríquez-Ominami se enfoca en quienes perciben ingresos arriba de unos 5 millones al mes. En vez de pagar un 40% de lo ganado por encima de este piso, el candidato quiere aliviar su carga tributaria a un máximo del 30%.
Al igual que su controvertida propuesta de privatizar una parte de CODELCO, podría tratarse de un caso de “socialismo iluminado”, pescando votos entre los ultraliberales. Sin duda que una rebaja en los impuestos a los profesionales exitosos y ricos tiene varios beneficios para la economía en su conjunto. Pero de alguna parte tiene que venir el dinero del Estado, especialmente en vista de que Enríquez-Ominami quiere aumentar en un 10% el gasto público.
Por eso sugiere un alza feroz del 17% al 30% en el impuesto a las empresas, justamente los actores que generan riquezas y crecimiento. Esto evidentemente se traduciría en menos inversiones, es decir, perjudicaría el empleo, lo que a su vez presionaría los salarios del sector privado hacia la baja.
En síntesis, Marco Enríquez-Ominami desea enriquecer a individuos acomodados como él mismo y su esposa, a costo del desarrollo de su país. Y no es una sospecha, como en el caso de Piñera, sino una plataforma oficial de su campaña.
Tampoco es que “Marquito” se haya confundido. Tiene varias propuestas más con el efecto neto de beneficiar a la clase alta y media alta de donde él proviene. Su aumento en el impuesto al tabaco es regresivo, a menos que se aplique solamente a los habanos. Quiere introducir “premios de excelencia” en la educación universitaria, lo que subsidiaría desproporcionadamente a los alumnos de los mejores colegios privados, ayudando a quienes menos lo necesitan.
Tal vez lo menos progresista es su pretensión de reducir el impuesto a la bencina. Favorecería sobre todo a los dueños de automóviles particulares a costo del medio ambiente en Chile y en el mundo. Ya que incentivaría el consumo de hidrocarburos, también ganarían las tesorerías de países como Venezuela y Arabia Saudita, a costo de profundizar la peligrosa dependencia energética de Chile.
Está claro que el perfil social en estas elecciones presidenciales no es del candidato socialista.