En estos días 1.200 trabajadores negocian mejores condiciones en Lan Chile, la empresa del empresario candidato. La palabra “huelga” se menciona con temor entre los funcionarios. Todos recuerdan la purga que sufrieron en 2001 los pilotos, cuando Piñera era representado en LAN por Susana Tonda.

Aquí, un examen a fondo de la trayectoria de Piñera en la empresa que más lo caracteriza: Lan Chile.

POR ALEJANDRA MATUS

Sindilan, el sindicato de trabajadores administrativos de la aerolínea controlada por la familia Cueto y Sebastián Piñera, se prepara para iniciar una negociación colectiva, tras rechazar abrumadoramente la propuesta de negociación anticipada presentada por la empresa. Es de las pocas veces en ocho años que un sindicato rompe la práctica de esta empresa de negociar anticipadamente: es decir, sin derecho a huelga.
Según se informa en la página web del sindicato, el pasado 5 de mayo, la asamblea de Sindilan, que representa a unos mil 200 trabajadores, rechazó la oferta de LAN.
Las conversaciones para llegar a un acuerdo anticipado comenzaron el 23 de marzo, entre el vicepresidente de relaciones laborales de la empresa, Carlos Valenzuela, y los dirigentes sindicales.
Tatiana Marín, secretaria de Sindilan, explicó a The Clinic que “al comienzo todo iba muy bien. La empresa nos ofreció mejoras inéditas, como un bono de escolaridad, y Valenzuela nos dijo: ‘No se preocupen que la crisis (económica mundial) no va a ser tema’”.
No debía serlo. El año pasado Lan Chile contó utilidades por 260 millones de dólares. Y, según informó El Mercurio esta semana, LAN encabeza la lista de apenas 10 empresas que en Chile pueden ser consideradas “compañías creadoras de valor sustentable”. Es decir, empresas que muy probablemente siempre van a ganar plata. Para entrar en esta categoría, LAN tuvo que demostrar, entre otras cosas: que vende anualmente más de cien millones de dólares; que tuvo un mínimo de 8 años de rentabilidad positiva en el período analizado (1997-2007); y que el crecimiento promedio de su rentabilidad es de 5,5 por ciento en términos reales.
Sobre esos datos, los trabajadores habían aceptado de buena gana someterse a una negociación anticipada. Tan bien iban las conversaciones, que en una de las comunicaciones a los asociados, Sindilan informó que: “A la fecha nos hemos reunido tres veces y todas éstas se han realizado en un muy buen ambiente y con altura de miras. Esto contribuye a que los resultados que logremos sean cercanos a lo óptimo”.
Sin embargo, en abril, la empresa dio pie atrás abruptamente y le informó a los dirigentes que el estallido de la crisis porcina en el mundo (aún no se presentaba ningún caso chileno) afectaría las proyecciones de LAN y, por lo tanto, habría que apretarse el cinturón.
“Esto ocurrió por la misma fecha en que Piñera anunció su fideicomiso ciego”, expone Tatiana Marín. En el anuncio que hizo el candidato presidencial el 27 de abril de este año, sobre la forma en que administrará sus bienes, se dijo que venderá sus acciones en LAN, sólo en el caso que gane las elecciones, en el período que corre entre los comicios y la asunción del mando.
Esto significa que sus socios en la empresa tendrían que “hacer caja” para comprarle su parte a Piñera. A los dirigentes de Sindilan les parece esa una explicación más plausible para la súbita retractación del ánimo negociador de la empresa
Sea cual sea la verdadera razón, la empresa formalizó una oferta paupérrima de negociación anticipada, que incluye un bono de 300 mil pesos por término de conflicto, la mitad de lo que consiguieron hace 4 años. “Nos dijeron que podríamos revisar el convenio en abril de 2010, dependiendo de las condiciones”, reveló Tatiana Marín.
Sindilan rechazó la oferta y detrás suyo, los trabajadores de Lan Express analizan la situación para definir el camino que seguirán. Ambos sindicatos concentran casi un cuarto de la fuerza laboral de LAN Chile. El resto negoció anticipadamente el año pasado.
Sindilan prepara ya el proyecto de negociación colectiva que debe presentar a la empresa el 15 de julio próximo.
La palabra “huelga” se menciona con temor en encuentros privados, de pasillo, entre algunos de los 1.200 trabajadores asociados al sindicato, quienes tienen vivo el recuerdo de la purga que hubo en el sindicato de pilotos, en el año 2001. Aunque Sebastián Piñera siempre se ha preocupado de mantener distancia de las relaciones laborales en LAN, en aquella oportunidad hizo sentir su mano y su estilo a través de una de sus principales discípulas: Susana Tonda, la actual gerente general del Hogar de Cristo.

OSAMA BIN LADEN Y LA SUERTE DE TATÁN

El papel de Susana Tonda fue representar a Piñera en la administración de LAN. “Su pega era destruir los sindicatos. Ésa era su especialidad”, afirma uno de los pilotos que formaron parte de ese movimiento, a condición de anonimato.
Tonda, según datos publicados por El Mercurio y Revista Qué Pasa, entre otros, es discípula de Piñera, quien la cobijó bajo su alero cuando la conoció en Fincard. El candidato ha dicho que ella es la mujer ejecutiva “más preciada” del mercado. Es una habitué en la casa del empresario. Estuvo a su lado en la anterior campaña presidencial y, también ahora, fue una de las primeras personas a las que Piñera consultó cuando decidió lanzarse nuevamente al ruedo presidencial. Actualmente comparte su labor en el Hogar de Cristo, con su participación en el equipo programático de Piñera, conocido como Tantauco.
A fines de 2000, los 400 pilotos de LAN Chile conformaban un sólido sindicato, que aunaba al 99 por ciento de los profesionales. Habían ido desarrollando una fuerte demanda por mejorar sus condiciones de vida y no estaban dispuestos a aceptar una vez más la propuesta de negociación anticipada que les hizo la empresa.
“Nuestro objetivo era sentarnos a negociar en equilibrio de poderes con la empresa. Por eso cuando nos propusieron, como de costumbre, una negociación anticipada sin derecho a huelga, dijimos no”, recuerda un ex asociado a condición de anonimato.
Fue por ese tiempo en que Susana Tonda se integró a la plana ejecutiva de LAN Chile.
“Todavía recuerdo la primera reunión que tuvimos con ella. Nos citaron a todos para oírla. Su discurso era intimidante”, relata un ex piloto. “Nos hizo ver que ella venía de empresas poderosas en que la gente andaba al ritmo que la empresa quería. No recuerdo exactamente sus palabras, pero su mensaje fue: ‘No se boten a choros conmigo’”.
Ella estuvo en distintas mesas de negociación, en conversación directa con los sindicatos, varios de los cuales accedieron a las negociaciones anticipadas. “Ella ideó estrategias para destruir los sindicatos y desempoderarlos. A los auxiliares, los pilotos, los mecánicos”, relata un ex dirigente sindical.
El pliego de peticiones de los pilotos tenía poco de incentivos económicos y mucho de demanda de condiciones de vida y seguridad en el vuelo. “Por ejemplo, que se respetaran nuestras horas de descanso, nuestro tiempo libre, que la empresa terminara con ciertas prácticas que nos obligaban a estar permanentemente disponibles para ella, sin derecho a planificar nuestras vidas personales”, recuerda un ex asociado del sindicato.
“Tonda”, dice un ex piloto, “se propuso minar nuestra confianza abusando del conocimiento de nuestras fuerzas y debilidades que tenía un ex piloto que había pasado a un cargo administrativo, Carlos Prado, y que fue su aliado en esta tarea”.
A ella se le atribuyen gestiones con El Mercurio, para que publicara, en agosto de 2001, un artículo donde se trataba a los pilotos de “reyezuelos”, con datos sobre sus sueldos.
Mientras avanzaban los plazos de la negociación reglada, que debía comenzar en octubre de 2001, los dirigentes detectaron que sus conversaciones eran sospechosamente conocidas por los ejecutivos de la empresa.
En una ocasión, un oficial del GOPE de Carabineros se hizo presente en la oficina del sindicato. Un junior que subió con él en el ascensor se dio cuenta de que había prendido una grabadora antes de entrar y avisó a los dirigentes. El carabinero pidió entrevistarlos para conocer cuáles eran sus planes en caso de una huelga, con la excusa de preparar un plan de contingencia en el aeropuerto.
El dirigente que lo atendió, le dijo al despedirse: “Dígale a su jefe, cuando escuche la grabación, que no sea tan mafioso”.
Sin embargo, nada doblegó la voluntad de los pilotos. Para presionar a la empresa a cumplir con sus demandas, comenzaron a volar “a reglamento”. Es decir, en vez de tomar rutas que ahorraban combustible a la empresa, tomaban el camino preestablecido en los manuales. Si había cualquier falla, por mínima que fuera, se suspendían o retrasaban los vuelos. LAN comenzó a sentir el impacto de la fuerza sindical y los dirigentes preveían que, cuando llegara la hora de sentarse a la mesa, la empresa no tendría más remedio que negociar aceptando el poder de los trabajadores.
En una asamblea que los pilotos tuvieron en la víspera del 11 de septiembre, uno de los asistentes se dio cuenta que había entre ellos una persona demasiado abrigada para esos días de primavera. Cuando lo enfrentaron, el personaje escapó y en su huída dejó caer una filmadora. Al pasar el video, vieron que había tomas de los asistentes, con acercamiento a sus rostros. Cuando analizaron el sello de aduanas, descubrieron que estaba inscrita a nombre del jefe de seguridad de LAN, el general (r) Raúl Olivares.
Pero entonces Osaba Bin Laden derribó las Torres Gemelas en Nueva York. “El atentado de Osama Bin Laden fue el factor desequilibrante. Le vino como anillo al dedo a LAN”, afirma un ex dirigente.
El 14 de septiembre LAN Chile despidió a 73 pilotos -a algunos se enteraron en pleno vuelo y las aeronaves quedaron abandonas esperando un piloto de reemplazo- y al poco tiempo la cifra subió a 140. Como los vuelos internacionales estaban suspendidos, LAN pudo prescindir de ellos cómodamente, mientras rearmaba sus tripulaciones con una buena porción de empleados traídos desde otros países.
Las tripulantes de vuelo también pagaron su precio. Como su número se calcula según el número de pilotos, más de 200 fueron echadas sin mayor explicación.
A los despidos sobrevino una maniobra que los dirigentes atribuyeron a la gerencia de la empresa y a la mano de Susana Tonda. En un mes, se descolgaron 71 pilotos y sus compañeros se quedaron con la sospecha del pago de “incentivos”.
El asesor económico del sindicato les mostraba a los asociados, datos en mano, que aún con la caída de las Torres, su pliego de peticiones seguía siendo viable y financiable por la empresa, pero la moral estaba destruida.
Los pocos pilotos que se quedaron en el sindicato, fueron hostigados dejándolos en tierra, sin vuelo. Y eso amenazaba directamente su continuidad en el mercado laboral, pues los pilotos necesitan demostrar periódicamente que han cumplido un cierto número de horas de vuelo para mantener la vigencia de sus licencias.
“La inspección del trabajo los multaba por hacer eso, pues es ilegal, pero a LAN le daba lo mismo. Pagaba la multa y mantenía la práctica”, dice un ex piloto.
LAN esparció el rumor de que, mientras mantuvieran a la misma directiva, los castigados serían los asociados. Poco a poco la asamblea se tornó en contra de sus dirigentes y aún algunos de los más leales, les pidieron que dieran un paso al lado. Tres de los cinco dirigentes aceptaron abdicar a su fuero y renunciar, sólo con el pago de sus indemnizaciones legales.
La mayoría de los pilotos que fue expurgado en ese movimiento, en cuanto se acabó el dinero de la indemnización, empezaron a vender sus bienes, a cambiar los niños de colegio, a inventarse pololitos. Las nuevas aerolíneas que han surgido en este tiempo y, donde algunos lograron reinsertarse, han nacido y perecido bajo el peso de la suela de LAN. Muy pocos han sido recontratados en la empresa.
En cuanto a LAN, terminó el año con ganancias de todos modos y la caída de las Torres le sirvió de excusa para pedir la aprobación de la fusión con Ladeco. Hasta entonces, la Fiscalía Antimonopolios se había opuesto, pero después del atentado, en un escenario en que las grandes aerolíneas del mundo estaban sobreviviendo gracias a los aportes estatales y otras tantas se iban a la quiebra, LAN comenzó a argumentar que no pedía nada, sólo que no se le impidiera “crecer”. Tras una publicitada reunión de representantes de LAN con el ministro Álvaro García, se aprobó la fusión.
“Si uno no está en LAN está sonado”, dice un ex piloto. Algunos de sus colegas terminaron trabajando en lugares tan remotos como Vietnam, Singapur y Japón.
El ex presidente del sindicato, Baldovino Bendix, nunca más encontró trabajo como piloto y actualmente batalla contra el cáncer que consume su vida.
Respecto de Tonda, en cuanto cumplió su misión en LAN emigró y fue contratada como gerente general de Casa e Ideas.
Otro datito sobre los amigos de Piñera: Sergio Purcell, quien fue gerente comercial de FASA durante el tiempo en que se implementó la colusión de precios con otras farmacias, es otro de los hombres de confianza del candidato y fue uno de los gerentes de LAN durante el conflicto con los pilotos.

PIÑERA EN EL AIRE

Las groserías y prepotencias de Sebastián Piñera con el personal de LAN en el aire son míticas. Son varios los trabajadores que recuerdan la suerte de la auxiliar de vuelo Gina Ampuero, quien tuvo la mala suerte de pisar un pie al propietario de la empresa en uno de sus viajes.
“Él estaba echado hacia atrás con la pierna extendida hacia el pasillo”, relata uno de los testigos del hecho. “Gina lo pasó a llevar por accidente, pero él reaccionó muy ofuscado: ‘¿Tú quieres pisarme? ¡Yo voy a enseñarte cómo se pisa!’, le dijo y le dio un tremendo pisotón. Gina quedó con dos falanges fracturadas. Estuvo un mes con licencia”.
Las pesadillas de esa auxiliar no terminaban allí. Era acosada constantemente por su sobrepeso. Su jefe la pesaba cada vez que iba a abordar, con el argumento de que su peso podía afectar la carga del avión. Poco tiempo después se suicidó.
En otra ocasión irrumpió en la cabina de un piloto retrasado con el vuelo por las condiciones de vuelo y le ordenó: “¡Despega, huevón!”. El piloto lo expulsó de su cabina, pero a su regreso a Santiago tenía una citación para dar explicaciones ante su jefatura.
Una ex tripulante, que llegó a LAN desde Ladeco, afirma que la política laboral de LAN Chile desde el ingreso de Piñera es hacer despidos con cierta frecuencia, inexplicables para el personal, porque al poco tiempo tienen que volver a recontratar, aunque jamás dejan que vuelva alguien que se ha ido. “El mensaje para los trabajadores es que la pega está siempre en riesgo. Que no puedes decidir si meterte en una casa o no, porque no sabes cuándo te van a echar”.
La tripulante recuerda que en 2002, LAN hizo un concurso para recontratar a 14 tripulantes que habían sido previamente despedidas. “Una de ellas había trabajado en Aerocontinente y alguien le avisó a la empresa que, en los tiempos de la crisis de esa empresa, la auxiliar había dicho en una conferencia de prensa que todo lo que le pasaba a Aerocontienente era por causa de las presiones de Piñera. La empresa no sólo resolvió no contratarla a ella, sino que despidió a su hermana, que era la jefa de tripulantes en LAN”. Ninguna de las dos volvió a trabajar en la industria aeronáutica.
“Yo estoy segura de que si se hace una encuesta en LAN, muy pocos dirán que van a votar por Piñera”, dice la ex tripulante.
Sin embargo, los actuales asociados de Sindilan esperan que el efecto que podría tener una huelga en la imagen del empresario-candidato presidencial les juegue a favor y motive a la empresa a ceder en sus posiciones.
Los dirigentes, en su comunicado a los asociados, afirman que espera que “se reconozca simplemente el esfuerzo y la paciencia” que han tenido los trabajadores durante tantos años.
Este año, se aprobó una ley que garantiza los derechos a descanso de pilotos y tripulantes y que por 15 años estuvo estancada en el Congreso, bloqueada por parlamentarios de derecha. Súbitamente, este año, al fragor de la contienda electoral, los opositores dieron su venia y fue aprobada en tiempo récord. “Irónicamente”, dice un ex piloto de LAN, “la ley es conocida ahora como Ley Piñera”.