Frei está convencido de que la gente lo quiere de vuelta en La Moneda. Y lo cierto es que él parece estar muy en sintonía con la época. En Estados Unidos Obama defiende los sindicatos, critica las tasas de interés de los bancos, dispara contra los paraísos tributarios. Y acá los genes de Frei reconocen esa música: hijo del Frei de la Revolución en Libertad y la Patria Joven, cuando lo acusan de estatista, dice “a mucha honra”. Sí, él quiere más Estado, más jóvenes a cargo y una clase media protegida. En lo otro, sigue siendo el de siempre: le gusta el golfito, la Martita y ver una película con sus hijas. La encuesta CEP dice que no mata, pero rinde bien.

POR PATRICIO FERNáNDEZ Y JUAN ANDRÉS GUZMÁN
FOTOS: ALEJANDRO OLIVARES

¿Por qué le gusta a usted ser Presidente?

Le contesto la firme. En 2005 tenía dos opciones: jubilarme o seguir luchando. Veía a la Concertación cabizbaja, llena de lloriqueos y lamentaciones. Y dije, vamos a cambiar este estado de ánimo, voy a recorrer el país y voy a sentir la temperatura de las cosas. Y terminé de candidato. La verdad es que me gusta la cercanía con la gente, me gusta hacer campaña… Algunos me encuentran fome, parco, a mí me da lo mismo.

Dicen que usted cambió después de su operación a la próstata.

-Lógico. Si estuve casi muerto. Pasé una semana en la UTI, con el 80 por ciento del pulmón comprometido, con un edema, sin que se supiera para qué lado me iba. En ese momento decidí preocuparme de las cosas importantes.

Y a Martita y sus hijas, ¿les entretiene esto?

Al principio no querían. Hace dos años pensaban que ya había hecho mi pega, pero ahora están acompañándome.

Usted dice que vio a la Concertación cabizbaja. ¿Encuentra que ahora está mejor, sin Flores, sin Ominami, sin todos los que se han ido?

Pienso que tenemos que animarnos mucho más.

¿Pero le parece bien la partida de Flores…?

-Ésas son decisiones personales y yo nunca juzgo las decisiones personales, eso lo hace la ciudadanía. Pero creo que aquí se puede usar una imagen futbolística: la diferencia entre la Garra Blanca y Los de Abajo. La Garra no impulsa al equipo, es el equipo el que empuja a la Garra. En cambio, Los de Abajo siempre apoyan al equipo, hasta en los momentos difíciles. Pienso que en la Concertación tenemos que ser más como Los de Abajo… Yo soy más como Los de Abajo. Antes que saliera la encuesta CEP todos estaban muy nerviosos: que nos iba a ir mal.
Pienso que también tenemos que saber reinventarnos. Parte del esfuerzo que estamos haciendo tiene que ver con eso: incorporar muchos jóvenes destacados, con ganas de meterse en la cosa pública.

Lógicamente la entrada de nuevas generaciones va a producirles a muchos cierto escalofrío.
Algunos pasarán a retiro…

-Claro, pero eso es parte de la vida, ¿no? Y a lo mejor, desde ese punto de vista yo tendría que estar pasado a retiro también.

¿Y por qué no dio el paso al lado?

-Porque me la jugué, porque recorrí el país, porque no tuve dudas.

¿Hay algo de lo que hizo en su gobierno de lo que se arrepiente?

-Como concepto general, no. Porque uno toma las decisiones de acuerdo a las circunstancias que está viviendo, de los antecedentes que tiene. No me arrepiento de las decisiones que tomé. Aunque hay cosas que se podrían haber hecho mejor.

¿Qué?

-La educación. Me debí haber jugado mucho más a fondo. A pesar de que prácticamente doblamos el presupuesto e hicimos la jornada escolar completa, si pudiera volver atrás, cambiaría muchas cosas: por ejemplo, partiría con banda ancha en todos los colegios… Bueno, y también podríamos haber ido mucho más rápido en infraestructura: así como se concesionaron autopistas, puertos, aeropuertos, así también debimos haber avanzado en las concesiones de hospitales y cárceles…

La preocupación por el medio ambiente es propia de los jóvenes a los que quiere incorporar. ¿Se arrepiente de Ralco?

-Lo que pasa es que en esto el mundo también ha cambiado, y las tecnologías que hay hoy para el desarrollo solar o eólico no existían en esa época…

¿Pero le siguen gustando las grandes centrales hidroeléctricas o no?

-El punto es el siguiente: si no usamos la energía hidráulica desaprovechamos el único recurso propio. Pero en los hechos, nosotros diversificamos mucho la matriz energética de Chile: metimos gas, termoeléctricas, todo lo que había disponible en ese momento porque si no nos habríamos quedado con un blackout cuando los argentinos nos cortaron el gas.

¿Qué opina de Mario Fernández, un hombre DC, que fue el voto decisivo el año pasado para que el Estado no pudiera entregar la píldora en el consultorio?

-No estoy de acuerdo con su planteamiento, pero ése no es el tema de fondo. Porque este tema no puede depender de un voto más o menos, sino que tiene que haber una definición país. Aquí lo primero es la prevención. En eso estoy completamente de acuerdo con lo que habló monseñor Goic el otro día; que hay que preocuparse del día antes. En mi gobierno para hacer prevención, pusimos las Jocas, y fue tal la revolución que se armó que tuvimos que suprimirlas.

Las presiones vinieron de la misma Iglesia y de la derecha.

-Claro, y en eso la derecha es absolutamente negativa. Dicen, “hablemos del día antes”, pero se negaron a las Jocas, y dicen “no” a la educación sexual. Y hoy la educación sexual es un chiste. Son programas pilotos de 300, 400 jóvenes, cuando hay más de 37 mil embarazos adolescentes por año… Y para colmo, prohíben la entrega de la píldora en el sector público. Entonces, el que tiene plata, la compra… Esa discriminación es ya lo último.

Una crítica que ha recibido Piñera en este tema es que él dice estar a favor de la píldora, pero sus huestes dicen que no. Por lo tanto da la sensación de que lo que él diga no importa nada. ¿Usted da fe de que la Concertación y la DC están de acuerdo con repartir la píldora en los consultorios?

-Mayoritariamente es la postura. Hay personas que plantean cosas distintas, por supuesto, si esto no es un regimiento, pero nuestra gente está por estos temas.

Qué piensa Martita, ¿le molesta este tema?

-Le molesta la discriminación, como a todas las mujeres. Pero en esa materia, ella es grandecita, así que yo no hablo por ella.

Mucha gente quiere que el Estado se haga cargo, por ejemplo, de la educación. Pero también desconfía de las capacidades del Estado. O sea, hoy siguen sin cuadrar miles de millones de pesos del presupuesto de la subsecretaría de Educación…

-Por supuesto que sería una locura entregarle al ministerio de Educación, con las deficiencias que usted señala, 10 mil colegios. En ese sentido, soy partidario de descentralizar mucho más. Estuve hace poco con un grupo de alcaldes de Llanquihue. Decían que si tenían el financiamiento estaban en condiciones de manejar la educación. Pienso que es clave que las cosas dejen de pasar por Santiago. Es eso lo que nos tiene ahogados como país. Y lo digo porque he vivido cuatro años en mi región y para sacar el hospital de Osorno fueron cuatro años de peleas.

Hace unas semanas el ministro Vidal defendió el cuoteo cuando fue a declarar en el caso de ChileDeportes. Resulta que hasta los funcionarios más bajos estaban ahí por su militancia. Eso no hace un estado más eficiente.

-Es cierto y ése es un tema clave que viene. La gente está cansada de los pitutos. Hay cargos de responsabilidad política, como ministros o intendentes; pero de ahí para abajo, como en todas partes del mundo, los cargos se tienen que dar a base de una calificación. Hoy funciona un sistema instaurado en el 2003 y hay servicios públicos muy importantes que son llenados de esa manera, pero eso tiene que ser más masivo y tiene que perfeccionarse para que realmente la gente entre por sus capacidades. Y en eso meto altiro el tema de los jóvenes. Porque la gente joven no trae las mañas, los conflictos, los problemas y lo que quieren es mayor transparencia en el servicio público y en el sector privado.

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