Las ineficientes políticas de sexualidad tienen sus peores consecuencias aquí, en la vida de niños y adolescentes pobres. Mientras algunos legislan según sus valores, y cambian de opinión ahora que vienen las elecciones, 30 mil hijos de madres adolescentes nacen cada año y las más fecundas empiezan a ser las chicas de 12 a 15 años. Ahora que revivió el debate sobre la píldora del día después, la Iglesia ha salido a pedir que el gobierno se preocupe de la educación del día antes. Aquí, un grupo de profesores confirma que en los días previos a que los niños tengan sexo, nadie les enseña nada. La culpa, dicen la tiene la desidia gubernamental. Y la Iglesia.

POR CARLA CELIS * FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

La abuela estaba en el comedor cuando escuchó que su nieta de 13 años se quejaba de dolor de guata. La niña, de iniciales DB, bajó las escaleras corriendo y se metió al baño. Allí estuvo encerrada un buen rato sin decir nada, hasta que de pronto volvió a gritar. Su abuela llegó hasta la puerta y le rogó que abriera. Entonces vio algo que le va a ser difícil olvidar. El piso cubierto de sangre; su nieta con la cara desencajada por el miedo y el dolor; y en los brazos de ella una guagua que no paraba de llorar.

La abuela quedó paralizada. La tía de la niña, que también estaba allí, se desmayó.

Ninguna de las dos tenía idea del embarazo. La misma niña había calculado mal y no sabía que ese era su octavo mes. El parto la pilló completamente desprevenida.

-No tenía nada de guata, no parecía de ocho meses- explicó la abuela a la abogada defensora, cuando este parto se transformó en un proceso judicial por intento de aborto.

-Además, ella estudiaba en un colegio de monjas. Era de la que menos se esperaba una cosa así- dijo su tía.

En los minutos siguientes hubo retos, llantos, recriminaciones y silencios con la mano puesta sobre la boca. Llamaron al SAPU, pero la ambulancia nunca llegó. Entonces llamaron a la comisaría para ver si podían llevar a las niñas al hospital.

En la casa solo la hermana de la niña-madre sabía del embarazo. Tiene 15, sus iniciales son C.B. y estaba muy asustada. Decía: “fue culpa mía”. Pero en ese desorden nadie atinaba preguntarle de qué hablaba.

Ambas niñas viven con su abuela. Los padres las dejaron ahí cuando decidieron rehacer sus vidas cada uno por su cuenta. Su tía debió incluirlas como carga familiar para que contaran con atención médica. Educadas por su abuela y en un colegio católico, ninguna había tenido ni clases de educación sexual ni conversaciones familiares sobre el tema. Su tía contó a los abogados que sólo ahora se atrevió a hablarles de sexualidad. Dijo que antes le daba vergüenza. Además, no era mucho lo que les podía enseñar.

-No pensé que ya estaba teniendo relaciones-, le explicó a la abogada.

DB, la niña-madre, no sabía nada de sexo salvo como hacerlo.

Cuando Carabineros llegó a la casa, la hermana seguía gritando que todo era su culpa. En la versión de la fiscalía, la niña de 15 confesó que había ayudado a su hermana a tratar de abortar; que ambas buscaron a través de intenet un vendedor de “pastillas” y le pagaron 40 mil pesos por cuatro cápsulas de Misotrol, un remedio que provoca contracciones en el útero.

La defensa niega esta versión. Según ellos lo que ocurrió aquí fue simplemente un parto prematuro.

Ahora, las dos niñas están en casa, con tratamiento sicológico. La más chica está feliz con su guagua. Quiere ponerle Yasmín, el mismo nombre de su muñeca.

La más grande, en tanto, se pasó dos días recluida en un recinto del Sename por decir que todo era su culpa. Pero más allá de si hubo intento de aborto o no, cuando una niña de 13 queda embarazada hay hartas otras culpas que revisar primero. Sobre todo si las niñas embarazadas son miles. Y nadie parece preocuparse de eso.

“LA EDUCACIÓN SEXUAL NO LE IMPORTA A NADIE”.

Según el ministerio de Educación, todos los años nacen 30 mil hijos de madres escolares, como el hijo de la niña D.B. Hoy, estos niños representan el 13 por ciento de los que nacen en Chile y los especialistas dicen que esa cifra crece. De hecho, según el Centro de Medicina Reproductiva del adolesente (CEMERA) y también el INE, el grupo con mayor fetilidad es el de las niñas de entre 12 y 19 años, con una fuerte alza en el grupo de 12 a 15 años.

Su masividad ha hecho que ya nadie se sorprenda con una menor embarazada. Esta misma semana, por ejemplo, se conoció el caso de una niña de 14, embarazada de trillizos. La chica no sabe qué hará. El padre de 19 está angustiado. Según Las Últimas Noticias sólo ha decidido el nombre de las criaturas: Kristina, Krishna y Kristal. A los 14 se tienen bien pocas opciones para decidir algo más. Era una nota pequeña, sin ningun escándalo, ni relevancia. Casi un relleno.

El profesor Lautaro Gamboa se ha pasado buena parte de su vida docente viendo que el embarazo adolescente es tratado como un relleno. Lleva 35 años haciendo clases en La Pintana sobre todo a séptimos y octavos. Es en esos cursos cuando empieza el interés por el otro sexo y cuando se debiera hablar del tema, aunque algunos especialistas sostienen que debiera haberse hablado antes.

Pero la verdad es que ni antes ni entonces ni después el ministerio o los colegios donde Lautaro ha trabajado lo obligan a hablar algo. Apenas si, por currículum, el profe de biología debe hablar del aparato reproductivo, pero incluso los niños a esa edad perciben que el sexo no es sólo eso.

Justamente por ello, aún reprobando ese ramo, pueden transformarse en padres.

A Lautaro todos los años se le embarazan tres o cuatro alumnas, de modo que el embarazo de menores es, a estas alturas una cosa tan normal que ni se comenta. En 2000 o 2002 -no lo recuerda bien- tuvo un récord: 15 embarazos en un año. Ni siquiera en esa oportunidad hubo escándalo. Tampoco ninguna medida de parte del colegio en el que estaba. Simplemente pasó. La mayoría de las niñas se retiró.

-Eran niñas de escasos recursos, sin protección social. A nadie le importaba mucho qué pasara con ellas- explica el profesor. Agrega: “Ni el ministerio ni la municipalidad exige que enseñemos temas de sexualidad. Somos los profesores los que vemos estas materias, según nuestro criterio. Estoy seguro de que eso no pasa en ninguna otra parte”.

La despreocupación por el embarazo adolescente se demuestra en varias otras áreas. Por ejemplo, en lo desactualizados que están los estudios sobre el tema. En el ministerio de Salud las últimas cifras son de 2005. Allí, La Pintana queda en el top one del embarazo de jóvenes entre 15 y 19 años con 769 guaguas. Le siguen Puente Alto y Maipú. Pero los estudios no permiten saber la situación de estas madres, si trabajan, si tienen pareja, si han terminado los estudios…

“No podemos saber tampoco cuántas de las alumnas matriculadas se embarazan mientras están yendo a clases, a menos que las echen”, explican en La Pintana. Y en Salud y Educación agregan que solo manejan la cantidad global de embarazadas, pero no pueden determinar si corresponden a colegios municipales, a subvencionados, a católicos. O sea, nadie sabe quién es el que está fallando. Indirectamente parece haberse decidido que el colegio no tiene ninguna obligación en esta materia.

Sólo se puede presumir que la cifra crece (como lo anuncian todos los que saben del tema) y que la vida de una niña de 16 años con una guagua, será, probablemente, muy miserable.
Juan Castro también hace clases en La Pintana, y su realidad no es muy diferente a la de Gamboa. Él trabaja en el colegio municipal Aurelia Rojas Burgos, y tampoco se le exige que trate estos temas con sus alumnos.

-El colegio no exige hacer clases de educación sexual, ni a mí, ni a ningún profesor. Llevo cerca de 30 años en La Pintana y si les hablo de sexo es porque, dada mi experiencia, sé que los niños de estos sectores necesitan más que nadie que se les enseñe cómo evitar embarazos y, sobre todo, a quererse y respetarse. Hay mucho niño solo que no le interesa a nadie. Sus papás tienen tantos problemas para logar un estándar mínimo de vida que no les queda tiempo y se preocupan de la vida sexual de sus hijos cuando aparecen las consecuencias-, explica el profesor.

Pese a esta situación en otros colegios de la misma comuna, le han pedido que limite sus clases a lo que exige el ministerio. Y como el ministerio no exige nada, lo que le están pidiendo, en el fondo, es que no hable del tema.

¿Por qué esa actitud? Varios profesores que han debido enfrentar esta postura de los sostenedores piensan que se debe sobre todo a las ganas de los sostenedores de evitarse problemas. No quieren que un padre les reclame por lo que les dicen a sus hijos. Por otra parte, nadie les reclamará por un embarazo, porque eso es responsabilidad de los padres. El círculo vicioso de ese razonamiento sólo perjudica a los niños.

Denise Obrecht, profesora jefe de séptimo básico de la escuela Víctor Jara, debe enfrentarse todo el tiempo con esa desidia. “Lo único que le preocupa al ministerio es el Simce. En educación sexual, en cambio, no hay nada concreto, no mandan recursos para orientadores, para que se implemente una línea de enseñanza con un programa común. Nadie supervisa que se toquen estos temas, y eso es porque no hay preocupación por un desarrollo integral de los niños. Si ni siquiera manejan estadísticas. La última encuesta que mandó el ministerio de Salud, sobre cuántas niñas embarazadas había en cada colegio ¡fue hace como cinco años!”, dice, indignada, Denise.

Para romper este cerco algunos profesores acuden a especialistas de los consultorios como Araceli Infante, profesora jefe de séptimo básico. Ella le pide a enfermeras y matronas que visiten a sus niños “y les enseñan como cuidarse de las enfermedades, cómo prevenir los embarazos. Además, en la sala tengo una caja donde ellos, en forma anónima, preguntan todas las dudas que tengan”.

Ruth Tejo, profesora de octavo básico, cuenta que muchas veces ha tenido que acompañar a las adolescentes al consultorio, porque no se atreven a hablar con sus padres, y tampoco a ir solas a hablar con la matrona. “En esos casos, yo prefiero acompañarlas a dejarlas que pololeen sin protección. No sé si será la mejor decisión, pero yo sé que si nadie hace nada por estas niñitas, lo más seguro es que queden con una guagüita muy pronto”, explica la profesora.

Todo esto lo hacen con metodología que ellos deducen o extraen de años de experiencia, muchas veces a contrapelo del colegio y soportando la desidia del ministerio.

Pero los niños tienen acceso a internet, a Yingo. El sexo está en todos lados menos en la escuela. “El día antes”, como dice el obispo Goic es un desastre. De acuerdo a estos profesores ese desastre se produce porque en los cientos y miles de días que pasan antes de que lleguen al sexo, muchos colegios guardan silencio.

Los profesores coinciden en que educación sexual es un tema que debería ser tratado desde primero básico, y al que las autoridades deberían destinarle más recursos. Que lo poco que se habla ahora se hace mal y tarde. Y que no hacerlo tiene consecuencias harto peores que reprobar matemáticas. Reclaman por materia y presupuesto. Piden prioridades.

Lo curioso es que los materiales exiten. Los programas están. Falta que el gobierno exija contenidos mínimos. ¿Por qué eso no pasa? Hace unas semanas el doctor Ramiro Molina escribió en The Clinic una columna explicando ese punto. Molina es doctor del citado Cemera, y afirma que el embarazo adolescente es uno de los grandes fracasos de la Concertación. “Aquí hay un tema muy serio con el ministerio de Educación. La verdad es que no quieren invertir en educación sexual. La razón es que en esto predomina, fundamentalmente, la opinión de grupos religiosos ultra conservadores, como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo. Ésa es la verdad.”