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6 de Julio de 2009 68 comentarios

Una Idea No Más

POR PATRICIO FERNÁNDEZ

En Chile no tuvimos imperio inca ni azteca, ni una cultura demasiado fuerte anterior a la llegada de los españoles. No hay grandes vestigios de nada. Las haciendas han pasado por encima de los territorios mapuches sin que ninguna ruina memorable interrumpa los potreros. Son como los pieles rojas antes de Hollywood. Quizás por eso, dicho sea de paso, le ha sido tan fácil a los invasores pasarles por encima. Los invasores, por su parte, salvo excepciones contadas con los dedos de una mano, no gastaron en catedrales ni en palacios. Al igual que los antiguos habitantes, se instalaron como nómades en una tierra que se encargó, a punta de terremotos, de volverlo todo pasajero.

La música folclórica tiene su carácter. A mí me gusta, pero a estas alturas, por más que se le busque el lado, difícilmente representará el sentir de las mayorías nacionales. O sea, Chile tampoco es su música. Dicen que el rodeo mueve multitudes, lo que debe significar que late en los campos, porque convengamos que en la ciudad, resulta menos cercano que la lucha libre.

Permanentemente ronda la pregunta por nuestra identidad, y ya podríamos ir concluyendo que no hay respuesta para tal pregunta, porque esa identidad la estamos recién definiendo. O reconstruyendo, si se prefiere. No somos las minas de Baldomero Lillo, ni los salones de Casa Grande. Los personajes de Manuel Rojas siguen rondando, pero eso no tiene gracia, porque rondarán siempre por todas partes. Somos, culturalmente, el territorio más blando de América del Sur. Salvo los miembros de los clubes corraleros, los firmantes de sociedades históricas y los izquierdistas de peñas lamentosas, no creo que haya muchos que sientan nuestro país como un paraíso perdido o una gran historia extraviada. Somos de lo más vulgar del continente, de lo menos identificable, algo así como un grupo humano arrojado sobre un látigo, más preocupado de sobrevivir al guascazo que de construir templos. Los árboles y los glaciares siguen siendo nuestros principales monumentos.

El invento de Chile ha dado para todo. Por las calles no se vive el ánimo que nos transmite la prensa. Son muchos los que fuman marihuana y unos pocos vociferantes quienes la condenan más desde la moral que desde la ciencia, y aún así sus voces retumban aplastantes. Según la ONU somos el país más pitero de América Latina. La gran mayoría de los niños en Chile nace fuera del matrimonio. Los y las adolescentes, así les pese a los que sueñan con un mundo de ángeles, tienen relaciones sexuales a temprana edad. El resto las tiene con igual soltura. Apostaría que encamarse en Santiago de manera intempestiva es más fácil que en Madrid. Aún así, desde lo alto se condena la píldora del día después y se prohíbe hablar en público del condón. A las mayorías ni siquiera las espanta el tema del aborto, pero todavía proponer su legalización por las Cámaras parece una blasfemia. Todo indica que somos un país bastante liberal, y, no obstante, debemos callarlo. En los departamentos de la calle Lyon y El Bosque Norte, entre los altos ejecutivos, se esconden los privados de las prostitutas vip. Los laberintos comerciales del centro de Santiago están repletos de cafés con piernas, quizás el invento chileno más representativo de los años de transición. Y, no obstante, se supone que somos conservadores.

¿Qué pasaría si nuestro país se quitara la máscara, se la jugara por su indeterminación, reconociera que los barrios por proteger son exponencialmente menos que los que se están construyendo y que la ciudad que habitamos se asemeja más a una recién nacida que a una vieja maltratada? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si en vez de aparentar historia nos abriéramos, y acordáramos que acá, como en ningún otro rincón del continente, se les respeta a todos por igual, como colonos de sus vidas y el entorno, y convocáramos empresas sin casta, artistas delirantes, mercados inusuales y riesgos de todo tipo?

¿Qué pasaría si Chile se convirtiera en la Holanda de América Latina, el sitio al que llegan los que no se sienten de ningún lado, y, a cambio de sus locuras, les garantizáramos respeto? Podríamos convertirnos en los protectores del medio ambiente, ponernos a la vanguardia en el tema de las energías, llenarnos de placas solares y remolinos, dejar que la gente fume hierba, que los barrios rojos tengan luces rojas en vez de oscuridades sospechosas, que las mujeres decidan sobre sus cuerpos y que nadie quede indefenso a la hora de pedir ayuda. Estoy seguro que no sólo sería divertido, sino que estupendo negocio. Un país organizado como el nuestro, con una corrupción todavía controlada, con instituciones respetables, apasionado por el comercio y perdido respecto de su propia identidad, encierra infinidad de posibilidades libertarias. Da vergüenza andar proponiendo proyectos colectivos, pero si a esto le sumamos la protección social, quizás estaríamos ante una interesante y moderna personalidad. Alguna vez peleamos por la democracia, hoy podríamos hacerlo porque todos sean dueños de estas calles, por ampliar las posibilidades de cada ciudadano de ser lo que prefiera, mientras no impida que el del lado también lo sea. Es cierto que somos malos para bailar: quizás se deba a que no nos hemos permitido tener en conjunto la fiesta que tenemos en privado.

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68 comentarios to Una Idea No Más

  • Los lugares comunes del discurso oficial, hablar como habla La tercera, o las Ultimas Notcias, o bien, copiar el estilo intelectual de Villegas, despotricando hacia todos lados, sin haberse involucrado en nada de nada, es decir, hablar de Flaites sin siquiera conocerlos, o bien hacer revisionismos historicos da lastima en realidad, lo digo por los opinantes solamente. Creo que querer ser algo, en conjunto se respira en muchas partes de Chile,¿ si somos cobardes ?, eso esta por verse,asi como bastantes otros asuntos, no se, no comulgo con los juicios soberbios altisonantes, a construir no mas cabros, no lloriquiemos tanto.

  • Muy bueno el artículo, muy realista, simple y al hueso. Te faltó comentar del arribísmo, que es lo que domina en el Chile de hoy,te faltó comentar que al inmigrante se le rinde una especie de pleitecía sólo por el hecho de tener un nombre diferente. La otra situación curiosa es que durante casi 180 años los nombres de los chilenos eran Juan,José,Luis, Jaime ,Felipe,Andrés y María, tan anónimos y sin historia…Y sin duda el tema del folclor fué usado políticamente por la izquierda durante un montín de tiempo , pero hasta eso está out hoy.Buen Artículo.Saludos

  • Entiendo que quiera tener un pais tan lindo como holanda, pero sus argumentos son un poco tontos. Entiendo que le guste fumar y sea descartuchado, y vea el mundo de esa manera, pero no espere que chile se base en webadas tan vulgares. Me suena un poco a que nuestra cultura se “pokemonize” (identidad multiple descartuchada y sin sentido)

  • weones tontos!!..Amsterdam no es holanda, como santiago tampoco es Chile….me encanta chile pero puta que me cargan los chilenos…(si quieren me incluyen, me da igual)

  • Lo que dices tiene sentido en una logica santiaguina, solo la gente de Santiago cree que Chile tiene una cultura unitaria tal como se pregonaba desde la independencia y pasando por Portales, solo el capitalino cree que en Chile no hay una cultura distintiva pero solo basta viajar un poco a otros paises para darse cuenta que lo tenemos es unico e intangible porque somos incapaces de verbalizarlo, Chile es un pais joven y lo reconocemos solo desde 1810, otros paises como Peru y Mexico se consideran continuadores se las civilizaciones que alli habitaban siendo la llegada española solo una irrupcion… cada uno tiene su forma de interpretar la historia, uno de nuestros errores es tener ansias de definicion, querer siempre ser algo mas de lo que somos sabiendonos en el ultimo lugar del mundo… ojala llegue el momento en que seamos nuestro propio centro y eso comenzara cuando reconoscamos que somos un pais con al menos 4 zonas culturales diferenciables: norte, centro, sur e isla de pascua

  • Pato, sos grande. Porqué no te candideateay? ya tení un voto.

    Saludos y realmente felicitaciones, ojalá otros tantos tuvieran tu nivel compadre.

  • Interesante articulo que revela lo que realmente somos….¡Nada! Queremos ser todo. Unos quisieron ser Rusos, otros americanos.Otros quisieron ser europeos,la moda francesa, la inglesa la italiana.Candidatos presidenciales que viajan en busca de la bendicion extranjera.Imitadores, copiones, sino,los programas televisivos que lo nieguen.La musica, la ranchera la cumbia etc.¿Identidad? copiones, lanzas. Robamos todo desde cosas grandes a lo infimo.Queremos imponer alguna cosa de imediato el ¿como en Francia?, ¿como en Suiza?,de imediato salta uno y dice. No es que en Suecia los maricones se cazan nosotros tenemos que hacer lo mismo, no, no podemos ser diferentes, no tenemos propiedad. Si en el bronks andan con los pantalones a media raja aqui no podemos ser menos.el otro dia sin ir mas lejos en un concurso los participantes cantaban en ingles, creo que para se justo hubo uno que lo hizo en español pero era un hermoso tema mejicano.Las comidas la peruana, la china, la cantoneza, la italiana;pizzas , completos. Identidad, identidad identidad ¿ Que mierda es eso?

  • SE MURIO LA TENCHA: UNA MENOS YEAHHHHHHHHHHHHHHH!!!!

  • ¿Qué bicho le picó a éste? ¿Le levantaron alguna construcción enfrente de su casa? ¿O tal vez alguna vecina se quejó por el olor a marihuana que sale de su departamento?
    Primero hay que ofrecer salud y educación de calidad a todo el que nace en nuestro territorio; los vicios acá en Chile son suntuarios.

  • Chile no es identidad de nada. La única que vez que se intentó crear una a nivel institucional, resultó en un bochorno del que hasta hoy nos lamentamos. En 1833, cuando los pergenios que redactaron la Constitución fechada aquel año (torpes y autoritarios patrones de fundo como el que más), imaginaron que la chilenidad podía ser definida a través de la demarcación geográfica, y fijaron el límite este en la Cordillera de Los Andes, renunciando a la Patagonia. Desde entonces, somos la cintura de América separada del mundo por la imponente montaña y siempre a punto de hundirse en el mar. Mientras, los argentinos disfrutan de una zona rica en recursos agrícolas, ganaderos y minerales.

    Si se fijan, todo nuestro folclor es una simple copia de tradiciones medievales españolas: la achupaya, de los sombreros anadaluces; el rodeo, de las corridas de toros; la cueca (que además es de origen peruano), de la jota. Sólo en un país con escasa o nula cultura ancestral, pueden ser celebraciones de fiestas patrias el encumbramiento de volantines y el montaje de circos. Ni siquiera nuestros símbolos patrios son propios: la bandera es una sutil versión de las tricolores europeas; el escudo, fue diseñado por un inglés, Charles Wood; la música del himno nacional pertenece a Ramón Carnicer, un español que jamás pisó tierra americana; la letra, por mucho que Eusebio Lillo se esmerara en quitarle los elementos ditirámbicos que airaron a los españoles, sigue conservando el sello del argentino Bernardo Vera y Pintado. Ni la cultura, elemento esencial al momento de definir una identidad propia, se salva de la legión extranjera: la intelectualidad fue definida por un venezolano (Andrés Bello); la educación, por un polaco (Ignacio Domeyko); la pintura, por un alemán (Mauricio Rugendas); la literatura, por un nicaragüense (Rubén Darío), y el cine, por un holandés (Joris Ivens).

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