SABÍA USTED QUE... Con el indulto, la iglesia quiere sacar a los milicos a la calle. Mándanos tu Sabía Usted Que...

Por Rafael Gumucio
¿Qué chileno al ver La Nana no piensa que ésta es también su película? Para bien o para mal, le guste o no le guste el resultado, ésta no es la película de un director, de un guionista, de unos actores (todo ellos, por cierto, soberbios), sino de un país, o al menos de una generación. Una historia que todos conocemos de tan cerca, tan terriblemente cerca, que nos cuesta mirarla sin pestañar de horror. Pasa como con El Padrino o Cien Años de soledad, película y novela que eran antes de ser creadas, un par de leyendas buscando un narrador. Encontrándolo justamente en quienes nadie esperaba que pudieran contarla. Un sofisticado director de cine que nunca había visto una pistola en su vida y un escritor colombiano hasta entonces expertos en seres solitarios a los no les llegaban cartas.
Sebastián Silva y su guionista Pedro Peirano, saben que pisan un territorio que todo el mundo siente como propio. Con inusual coraje, penetran en esa pieza de empleada, que es y no es parte de la casa.
No es el lugar ni el momento para hacer chorezas, inventar discursos, o distraerse. Están contando una historia de muchos, y lo hacen con cuidado, con precisión, con honestidad. Lo hacen, y eso es lo que más se les agradece, sin esconder su propio lugar en la historia. No es la Nana la que cuenta su historia y esta no es la historia de todas las Nanas, ni del sistema de explotación doméstico en Chile, sino que la historia de la Nana en esa casa. La cámara parte entonces del living de los patrones para internarse puertas adentro. Si lo hiciera al revés, si no entrara más allá de lo que le es permitido, no habría película. El tono de farsa, los apuntes al natural, son una forma de pedir permiso poco a poco para explorar ese espacio íntimo alojado en secreto en otro espacio íntimo.
El resentimiento, crítico de izquierda en la retórica pero finalmente de derecha como sus patrones, quiere saber si Raquel es una víctima o una victimaria. No soportan justamente lo que hace esta película encantadora, la incoherencia de la verdad, su sutileza pero también su frenesí. Ello necesita explicaciones, porque justamente les ahorró el triste trabajo de ver lo que está viendo, de comprender lo que están disfrutando. Quieren saber si Raquel (una actuación de antología de Catalina Saavedra) es sólo una loca, o sólo un símbolo de la explotación del lumpen proletario. Raquel. Pero Raquel es todo eso y un poco más. Los críticos de alguna forma vuelven a escenificar la tragedia de Raquel, ésa de ser vista siempre de fuera, ésa de ser clasificada, perdonada, odiada, querida, sin que nadie le pregunte a ella qué le pasa. Una malidición que en parte -y nunca del todo, cosa que hace mejor la película- rompe el personaje encarnado por Mariana Loyola.
Una empleada más joven que simplemente abraza a Raquel y le pregunta lo que nadie le ha preguntado antes: “¿Qué te hicieron?”
Una mala película, chilena o americana, hubiese seguido adelante con el relato de Raquel de sus traumas, sus dolores, su vida. Pero eso no importa aquí. No nos importan sus dolores, predecibles, conocidos e intercambiables, sino cómo toda esa casa, toda esa vida, vive de evitar esa pregunta, vive de echarse al bolsillo ese dolor. ¿Hay alguna denuncia más dura de la injusticia chilena que ésta que no grita, que no miente, que simplemente cala donde más duele, en esos cuerpos desnudos a la siete de la mañana recibiendo como un castigo el agua de la ducha?
En Machuca el pasado y su dolor de la Unidad Popular y el golpe nos era contado como un juego de niño. Un cuento de hadas en que los brujos ganaron la batalla al final. Incapaces de asumir la complejidad de los discursos de adultos que acometimos entonces, volvíamos en esa muy buena película a una inocencia que nunca tuvimos. En La Nana vemos a esos niños a la fuerza, jugando a ser grandes sin convencer a nadie que lo son. El padre que ocupa lo mejor de su tiempo a pegotear maquetas de barco. La madre que se ve impedida de tomar cualquier decisión. La propia Raquel virgen y sola poniéndose una máscara de gorila en el baño de los niños. Sólo la llegada de una madre, que es al mismo tiempo una hermana menor, podrá ayudar a la Nana a salir en parte de la infancia obligatoria en que el miedo, ese miedo paralizante que sigue flotando sobre Chile, ha hundido esa casa.
Mi deformación profesional de cronista político, no puede dejar de ver en Mariana Loyola, de anteojos más grandes que su cara sonriente y redonda, un símbolo perfecto de lo que ha sido el reino de Michelle Bachelet Jeria. A las Nanas, las puertas adentro o las puertas afuera, este gobierno no las ha liberado del yugo del trabajo mal pagado. A los patrones no nos ha dado una alternativa que no sea perpetuar esta injusticia sobre la que gira toda nuestra vida doméstica. No ha roto la Concertación con los nudos de la explotación colonial, pero sí ha abrazado, pero sí ha escuchado. Eso que parece superfluo a los superfluos, eso que la ultra izquierda y la derecha (que siempre es ultra en Chile) le parece despreciable, pero que muchas veces hace la diferencia. Eso que no lo es todo, que puede parecer nada, pero que es el comienzo de cualquier cambio que importa y que valga. El considerar al otro como un interlocutor y no un cliente, un empleado, o un beneficiario.
No le ha dado a la Nana la Presidenta la libertad, pero sí le ha preguntado: “¿Qué te hicieron?”, logrando con esa sola pregunta mucho más de lo que queremos admitir ahora que es tiempo de los audaces, los que ganan siempre el partido con dos o tres goles ya en el camarín.
En la película, como en la política, ese intento de escuchar termina antes de que la Nana se rebele, se enamore, se vaya. La empleada de anteojos no quiere seguir toda la vida ahí. La casa vuelve a su orden anterior. La breve primavera de la Nana se acaba. Los patrones siguen siendo los patrones, los empleados siguen naciendo y creciendo donde nacen y crecen los empleados. ¿Piñera, Enríquez, Frei? Tres emprendedores, tres triunfadores, tres machos, tres hijos que quieren ganarle al padre. Como triste consuelo, o como verdadera redención, no lo sabemos, le queda a la Nana el buzo de gimnasio, la sonrisa boba y el MP3 para hacer footing en ese barrio en que ha vivido casi toda su vida, pero de la que no será nunca una vecina más.
La primera vez que escuche de abuso a una empleada domestica,
fue en colegio San Ignacio de Pocuro.Dos compañeros hermanos
relataban como ,se descartucharon con la nana a la fuerza.
Muertos de la risa contaban ,que la tomaron entre los dos y
se la culiaron ,bien culiada.También hace unos años ,en un
canal de tv. tenían un programa ,Lafurcade ,Rose Mery y otros
personajes que no recuerdo,porque el programa era enfermo de
malo,Lafurcade contaba ,a los panelistas y televidentes ,que él
y sus amigos se descartucharon con las nanas.Todos los panelistas muertos de la risa ,con la mierda de comentario de
la Furcade.Siempre se escuchan relatos de abusos de nanas ,
de patrones y los hijos de estos.Los abusos no sólo son de tipo
sexual,tambíen de sueldos ,de imposiciones,de horarios exclavizantes,maltratos psicológicos etc.Las asesoras del hogar,
son seres humanos ,que dejan muchas veces sus aspiraciones personales por sus patrones y cuando no les sirven las desechan
como un mueble viejo.Afortunadamente no todos los empleadores
son despotas ,pero hay que reclamentar muy bien los horarios y
tiempos libres ,para que ellas se realicen como personas.Para
que puedan formar sus propias familias y no terminar ,sólas al
final de sus días.
yo lei el articulo pa cachar de q se trata la pelicula aver si la veo pero no entendi niuna wea….
Creo que la mayoría de los chilenos piensan que esta NO es su película ya que la mayoría no pertenece a la élite de la pompa de jabón en la que vive el columnista con la guatita llena y el hígado contento y desde la cual definecon con desdén al “lumpen proletario” . Todo un insulto para el otro lado de la tortilla, ese que la dinastía Gumucio no conoce ni nunca conocerá pero al que pertenecen millones de chilenos sin nana y que luchan el día a día por la subsistencia en un país de políticos ladrones y asesinos e intelectuales chantas enamorados de los privilegios del lumpen empresarial y oligárquico. En resumidas, un artículo fácilmente vomitivo.
¿No veo la diferencia entre el D Cabrera y el lector Chato? Uno se cree de derecha, insulta, desprecia y es tonto y prepotente como tiene que ser un tipo que llama Gordi a la presidenta. El otro se cree de izquierda, insulta, desprecia y se aprovecha para colgarse de gumucios y hacer que alguién lea sus pensamientos basuras. Un facho como su maestro Cabrera que usa como el la prepotencia como único argumento. Basta de fachos de izquierdas!!! T
René, el clasismo al revés, el del seudo proletario que insulta a las personas por sus apellidos, es tan imbecil como el otro. No sólo eso, es el mismo clásismo, totalmente funcional a las clases dirigentes que crees odiar pero que nos haces otra cosa que prepetuar y adornar con tu siniestra falta de razonamiento. Mi apellidos es el que tengo, naci donde naci pero eso no me impide pensar o tratar de hacerlo más allá de los prejuicios tuyo. Te recuerdo que el Che, Lenin, Fidel, Trosky, Allende, Tolstoi, Pamela Jiles, Jorge Arrate, y Bakunin tuvieron empleadas domesticas.
(14)lector chato de….. idiota): si no ves la diferencia es porque te jode no tener una opinion, cual es tu aporte, idiota?? mira, yo me reseño al tema del articulo y no ha hacer comparaciones como un enfermo mental; si mis ideas te parecen basura , excelente, son mías y ke? y por ultimo, claro que me cuelgo de gumucio, pero no para insultarlo, solo para replicar lo que la lectura de su articulo me provoca, si a ti te parece un insulto el intercambio de ideas, el idiota eres tu. gumucio escribe bien y seguro es un nanologo avesado, pero como critico de cine, mariopower lo dice todo.
maldiciones.( otra diferencia jeton!!!)
1–Insulto:
“en fin, espero ver la pelicula algun dia, y compreder tu analisis de niño de babero y de nana en el parque, lo que es yo, tengo otra crianza”
2–Insulto:
“si ke respeto tu opinion de “nanologo”, como la de todos los oligarcas y burgueses chilensis, clase a la que tu perteneces. que seguro pueden opinar muy consiensudamente del tema y darse la paja de analizar la vida de las mujeres explotadas, no afiliadas e infravaloradas de chile, desde un punto de vista hasta filosófico.”
Eso es insultar. Es lo mismo que yo dijiera, ¿Que opinai tú hijo de Nana, negro culitre, seguro que estai picado porque a tu mamá se la tiraba todos los hijos del patrón.
¿Te pareceria justo eso? ¿Te pareceria un buen argumento? No le hagas a los otros lo que no te gustaria que te hicieran a ti. Tu mamá me cae super bien, por si acaso. Limpiaba la raja.
pues nada ke decirte (17), el burro hablando de orejas, pfff.
ahhh y gracias por la atención prestada. ;).
Gumucio, hace tantos años reía con tus chistes en “gato por liebre” y los programas que le siguieron, pero cada vez que leo una de tus columnas, me parece que esos años lejanos se alejan un poco más.
La calidad de un columnista no se mide por su capacidad de darle al tema de su escrito un giro ingenioso, una mirada única, o cualquier cualidad que implique dejar al lector pensando en lo brillante que es el autor.
El interés del tema que se aborda está en el tema que se aborda, y no en la “interpretación genial” del comentarista.
Gumucio, aún es tiempo de dejar los intentos de convencer al mundo de tu genialidad.
Lector Chato, se da cuenta de la diferencia entre una persona educada, por muy distinto que piense de usted, jamás lo he tratado con groserías ni menoscabando sus persona. Sin embargo aparece este pelafustán que además ni si quiere tiene la sesera de inventarse un seudónimo propio. Lector Chato, así como usted aconseja no darme pelota, le aconsejo a usted que no le de mas bola a esta pobre ignorante, atorrante y grosero esperpento que se cuelga de su seudónimo.
Bendiciones