Por Patricio Fernández • Foto: Alejandro Olivares

Para ciertos concertacionistas, Guido Girardi no es confiable. Algunos dicen que es mafioso. Para otros, es de los pocos que se atreven a decir las cosas por su nombre. Lo cierto es que últimamente ha sido una voz díscola en la campaña de Frei. Coquetea con el marquismo, apoya a su amigo Carlos Ominami en la campaña senatorial por la Quinta Región Cordillera en contra de los postulantes de La Concertación, y en cada una de sus palabras –aunque está entre los coordinadores del comandose nota que no se halla contento ni enteramente comprometido con la actual candidatura de su coalición. Echa de menos una apuesta más decididamente progresista.

¿Te parece que sigue teniendo sentido la Concertación?

Siento que el alma de la Concertación, lo que la fundó, las razones por las cuales creamos esta coalición, están vivas, presentes.

¿Si están vivas, en qué consisten? Porque uno podría decir que fue el Sí y el No, y eso ya parece superado.

Un elemento muy importante en el origen de la Concertación fue vivir en una dictadura, la violación de los derechos humanos, la exclusión de grandes sectores del país, pero también las grandes desigualdades, la falta de derechos de los ciudadanos, la intolerancia, un sistema autoritario, represivo, una Constitución que es una camisa de fuerza evolutiva, que impide los cambios a través de los quórums, de las leyes orgánicas, y el contexto de un sistema binominal. No puedes hacer ningún cambio, no solo político, ni siquiera cambiar una norma tributaria, una norma educacional, una ley laboral para darle más derechos a los trabajadores…

¿Cuáles son las conquistas que debe la Concertación? ¿Dónde falta por avanzar?

La Concertación ha hecho mucho, pero hay temas pendientes que no se han podido cambiar y que son fundamentales para dar el salto a ser un país desarrollado. La brutal desigualdad de ingreso que hay en Chile, que no tiene parangón, donde el 10% más rico del país recibe cuarenta veces más que el 10% más pobre.

¿Y hay ánimo en la Concertación para cambiar eso?

Hay un conjunto de cosas que se tienen que hacer, como tener un Estado más grande. El Estado chileno es la mitad de grande que en cualquier otro país que haya logrado desarrollarse. El gasto público total en Chile es 21% del producto, mientras en los países europeos es sobre el 45% y en Estados Unidos es 36%. EE.UU., la economía más liberal del planeta, tiene mucho más Estado que nosotros. Tiene que ver con una apuesta por la educación pública. A mí me gusta la educación pública sin lucro, con un financiamiento mínimo de cien mil pesos por niño al mes, y sin financiamiento compartido, que es el más brutal y desastroso sistema de exclusión que se ha elaborado. Si preguntas qué es lo que hay que hacer, pienso que primero hay un problema valórico, ético social, un problema estructural, que está impidiendo que Chile vuelva a tener tasas de crecimiento sobre el 5%. Esto está vinculado a que el modelo de desarrollo de Chile es el de un país exportador de recursos naturales, donde la canasta exportadora son fundamentalmente cobre, harina de pescado, madera y unas pocas cosas más, y donde, como en todo modelo de exportación de recursos naturales, su propiedad está concentrada en diez grupos económicos que controlan el país.

Pero has sido gobierno 20 años. Esto que estás reclamando, ¿no se ha querido hacer o es algo que falta por hacer? ¿La Concertación loquiere hacer?

Ahí es donde está la disputa dentro de la Concertación. Ahí aparecen, al menos, dos Concertaciones. Y por eso hablo de una Concertación progresista, que entiende que se han hecho avances muy importantes pero que hay desafíos pendientes, que van desde cambiar la Constitución, cambiar las condiciones de desigualdad en la distribución de ingreso, aumentar el tamaño del Estado, volver a reponer temas que son de la esencia del mundo progresista de la centro izquierda, a los que nosotros renunciamos, como, por ejemplo, la educación pública. Chile es el único país del mundo donde el agua es propiedad privada. Y hay otros de la Concertación, la otra Concertación, que tengo la sensación que es minoritaria desde el punto de vista de la sociedad, pero que han logrado tener de rehén a nuestra coalición, quizás porque se acomodaron.

¿Lo identificas con la DC ?

No, sería súper injusto. Soy amigo de Mariano Ruiz-Esquide y Mariano no tiene nada que ver con esa lógica. Sergio Micco, tampoco. O Yerko Ljubetic. A ellos los veo mucho más como parte de una Concertación progresista. Burgos dice que tú eres del progresismo que se saca los partes en la carretera. No me parece. Hay algunos que se autodenominan Los Príncipes, lo que ya connota una cierta renuncia a la emergencia de la ciudadanía.

La Concertación está llena de Príncipes, Condes…

Eso es lo que ha pasado, que se ha transformado en una especie de corte. Hay dos concertaciones que conviven, y no estoy porque una expulse a la otra, pero creo que ahora le toca a la progresista liderar el proceso, porque la otra hizo avanzar Chile hasta donde logramos hacerlo y ya no tiene interés, o renunciaron a la idea progresista porque se acomodaron al modelo neoliberal o se cansaron de luchar y de ser resistencia y ya no quieren pelear contra las AFP, contra los monopolios, no quieren reponer la educación pública. Esta idea que denominamos progresismo, en países desarrollados ni siquiera es de izquierda. Si tomas a Merkel, a Sarkozy, incluso Berlusconi, con todas las diferencias que uno tiene, creo que ellos jamás podrían llevar a sus países a una carga tributaria como la que tiene Chile. O achicar el tamaño del Estado al que tiene en Chile. O reversar el proceso de educación pública o salud pública que han desarrollado. Todos estos temas, carga tributaria equilibrada y razonable, un Estado de un tamaño suficiente, educación pública, agua de todos los ciudadanos, banda ancha para todos…

¿Todo esto finalmente lo incorporó Frei después de la comida con los jefes de partido la semana pasada?

No. Yo espero que Frei, que la Concertación, si quiere ganar en la primera y pasar a la segunda vuelta, es fundamental que se haga cargo de algo que es más profundo que un mero intento de éxito electoral, que tiene que ver con que uno como coalición tiene un sustrato, un fundamento, y ese fundamento es la representación de un determinado mundo valórico, de un mundo cultural. El mundo cultural al que representamos es progresista. En Chile mayoritariamente la gente está a favor de la educación pública, de cambiar la Constitución, por la Píldora del Día Después y que cada ciudadano, hombre o mujer, sea libre de determinar cómo quiere vivir su sexualidad y el método anticonceptivo que quiere usar. O a favor de la nacionalización del agua.

¿Tu apoyo a Frei es irrestricto?

-No. Yo, cuando me preguntaban qué candidato tenía, apoyé a Lagos.

¿Te hubiera gustado que fuera Lagos?

-Ése era mi candidato. Con muchas diferencias con Ricardo, también. Porque cuando él fue presidente, no fue particularmente ambientalista, aunque hoy felizmente lo ha tomado como bandera. Me hubiera gustado que hubiera sido Lagos. En todo caso, hace mucho tiempo vengo planteando que Chile necesita ideas y un cambio, necesita programas y no candidatos. Lo que está a flor de piel, es que los chilenos quieran dar un estirón hacia un país más justo, más inclusivo, más integrado, más moderno. Quieren dejar atrás este pasado de camisa de fuerza, de vivir todavía a la sombra de una Constitución donde el derecho a la propiedad privada y el mercado tienen jerárquicamente más valor que el derecho a la vida y la salud, donde ni siquiera la salud es un derecho… Yo apoyo a Frei porque apoyo a la Concertación. Fue una decisión de mi partido. Y mi apoyo está absoluta e indisolublemente ligado a que lo que la Concertación le haga a Chile sea una oferta de cambio, de igualdad, de más libertad.

Pero si comienzas a sentir que en la Concertación en que participas no es precisamente eso lo que está primando, ¿cuándo llega el momento de decir hasta aquí llegamos?

Si la Concertación quiere pasar a la segunda vuelta tiene justamente que representar a ese mundo cultural que la ha apoyado y las banderas de ese mundo cultural, que además son mayoritarias en la sociedad chilena. Si el 60% de los chilenos adhieren a ideas progresistas, ¿por qué sólo alcanzamos a representar a la mitad de ese mundo? Es porque la gente, los ciudadanos progresistas que fueron concertacionistas, sienten que la Concertación o abandonó esa idea o no sienten que esté representando esas banderas. Acabo de dar una dura pelea interna, porque me pareció hace algunas semanas que justamente había un intento de algunos de hacer abandono de estos valores. Y para eso no estoy. No estoy por sabotear a nadie, para generar problemas, pero para eso no me voy a sumar.

“NO ME DEMORO UN SEGUNDO”

Supongamos que Frei sacara una bajísima votación en la encuesta CE P. ¿No hay cambio de ruta posible?

Tengo la percepción que Frei, un tipo al que valoro mucho, honesto, un personaje sencillo, accesible, no un narciso, es capaz de generar gobernabilidad, y una gobernabilidad tranquila, lo que es fundamental para las sociedades. Pero siento que no está representando un fenómeno profundo que tiene que ver con los cambios; él no es, por así decirlo, una Bachelet, un Lagos, o lo que fue él mismo en su primera presidencia. Fueron productos nacidos desde la sociedad. Tiene esos atributos, que son fundamentales, condiciones necesarias, pero no son suficientes. Y siento que él, particularmente por su propia personalidad, no es capaz de construir ideas y propuestas de futuro que te toquen el corazón, que puedan tratar de construir épica…

¿Marco Enríquez representa todo lo que estás diciendo?

Marco tuvo ojo y sensibilidad no desde la representación de esas ideas, porque él no las representó. Casi todas sus ideas son un trabajo que hicimos nosotros, mucha gente en la Concertación. Nosotros construimos esas ideas, y nos hemos jugado por ellas. Marco lo que tuvo fue la capacidad de percibir o intuir que había un fenómeno de fondo de la sociedad, un clamor ciudadano. Se subió a una ola que tiene raíces profundas en la sociedad y creo que eso tiene que ver exactamente con lo que estoy planteando. No es muy discutible cuál de los dos, en tanto candidato, encarna mejor los valores que dices. Efectivamente uno tiene corazones divididos en esto. Y no es fácil la decisión. Ahora, la Concertación, con todos los problemas que tiene, ha sido muy importante y fundamental para la historia de Chile, y creo que además hemos aprendido y tenemos una cierta convicción de que para cambiar el país de verdad necesitas un chasis de institucionalidad y gobernabilidad. Entonces, qué me pasa, cuál es la pena que uno tiene. Que, primero, la sociedad chilena es mayoritariamente progresista y que por las circunstancias de la vida no la estamos logrando representar y hay riesgo incluso que gane la derecha.

¿A ti te resulta grave que gane la derecha?

Sí. Cuando hablo de educación pública, veo a la derecha privatizando más la educación. O cuando hablo de monopolio. Un chileno, emprendedor o ciudadano, paga cuentas de luz más caras que en Estados Unidos. Internet, más caro que en Estados Unidos. Lo mismo con créditos bancarios, telefonía celular y fija, producto de los monopolios. Y tenemos problemas de competitividad asociados a esto. No los veo planteando la nacionalización del agua, diciendo que los ciudadanos van a ser libres para optar cómo quieren vivir su sexualidad. Ni defendiendo a los pueblos originarios. Me duele que la derecha pueda llegar a ser gobierno, no por el tema del poder, sino porque creo que vamos a ir en la dirección contraria a la que debiera ir Chile. Además me parecería patético que ganara, cuando los Piñera del planeta están siendo derrotados en todos los lugares.

Pero también si gana la derecha es una oportunidad de reordenamiento.

Sería muy dramático que para poder construir lo esencial, que es la capacidad de renovarse, de innovar, de apostar al futuro, necesitáramos perder. Si ganamos las últimas elecciones fue porque la sociedad nos impuso a Michelle Bachelet, que renovó la política. Michelle Bachelet instaló un cambio cultural que es el más profundo que ha habido en los últimos 50 años. Ella tuvo un liderazgo que la Concertación fue capaz de parir. ¿Cuál es mi reclamo? Que la Concertación, producto de su lucha de poder, de su sesgo, de sus pequeñeces, intolerancia, no fue capaz de parir un liderazgo esta vez.

Está empezando a aparecer una posibilidad, inimaginable antes -hasta Lagos la tuvo que enfrentar en un programa de televisión-, y es que Frei no pase a segunda vuelta, si no que sea Marco. Yo no tengo duda que vas a votar por Marco si él pasara a segunda vuelta.

Te lo quiero plantear de otra manera: mi prioridad es que no gane la derecha y en Chile hay varios candidatos progresistas que debieran haber estado ojalá en una misma coalición pero esa coalición no fue capaz, quizá por madurez, por falta de visión histórica, por egoísmo. De hecho había una norma que decía que para participar en la primaria bastaba tener cinco diputados y diez alcaldes, pero esa regla del juego se cambió a medio camino y dejó afuera a Marco, a Arrate y a Ominami de la posibilidad de participar. Si hubieran participado en la primaria Gómez, Arrate, Ominami, Frei, Navarro, lo más probable es que hubiera ganado Frei, pero estaríamos en otra situación, con otra épica, con otro entusiasmo, con otras ganas.

De hecho por eso el único que no podía correrse después era Gómez.

Él único que no podía correrse era Gómez. Entonces, siento que también hay responsabilidad nuestra. Mi prioridad es que no gane la derecha. Y me siento representado en parte, más por uno que por otro, por todos estos candidatos progresistas. El gran desafío de la segunda vuelta es volver a unir el progresismo detrás de cualquier candidato, del que gane. Y voy a trabajar con él con el mismo entusiasmo. Ahora, preferiríamos que fuera con Frei, por una razón más de preservación de la Concertación, de la importancia que tiene para Chile. Pero no me voy a demorar un segundo el 13 de diciembre a decir entre Piñera y Marco, Marco; así como le voy a exigir a Marco y a Ominami, que son amigos míos, que al segundo de saber que fue Frei, entre Frei y Piñera opten por Frei.

Pero ya hay algunos ahí, como Paul Fontaine, que están por Piñera.

Bueno, por eso siento que Marco tiene una gran responsabilidad.

¿No te preocupa la gobernabilidad de Marco? ¿Los cuadros de la Concertación estarían con él?

Hay una ética de vida, cultural, valórica. Las ideas de Marco son ideas de la Concertación. Es más, el decálogo que tiene Marco lo escribió efectivamente Carlos Ominami, pero también Mariano Ruiz-Esquide y yo. Fue una reflexión. El documento de nueva Concertación que Marco está usando como base para sus propuestas es un trabajo larguísimo que empezamos con Mariano y Carlos Ominami, antes incluso que existieran Marco y Frei.

Marambio dice que sumaría hoy mismo a los Océanos Azules.

Claro. Tampoco podemos hacer una campaña del terror con que Marco representaría el caos absoluto y la ausencia de gobernabilidad. Por una razón obvia: Marco no tiene una red de parlamentarios.
Y ahí existe un problema de responsabilidad política, de responsabilidad con Chile, en función de un proyecto que sientas que tiene elementos compartidos. Creo que para una segunda vuelta, así como Frei para pedirle el apoyo a Marco tendría que asumir que deberá representar ciertas banderas que no ha destacado lo suficiente y sí lo ha hecho el proyecto que levantó Marco, bueno, si es que Marco llegara a ganar, habría que representar un proyecto común de país que fuera compartido con todos.

¿Crees que los DC votarían por Marco, sinceramente?

Creo que hay una tendencia democratacristiana progresista. Lo que pasa es que en el mundo no hay tres tercios. En el mundo existen dos visiones: una progresista de valores, no ideológicos, sustentados en valores de igualdad, tolerancia, respeto, libertad; y otra de valores conservadores o neo conservadores. Ser centro, para mí, no quiere decir mucho. ¿Qué quiere decir en el debate del aborto, de la píldora del día después, de energía? El centro respondía más bien a un mundo donde había dos proyectos que no dialogaban y se necesitaba un actor que fuera puente. Hoy gran parte de la Democracia Cristiana diría que tiene un ideario progresista.

¿Las odiosidades que se han generado entre estos dos mundos hermanos, Marco y la Concertación, no dan para cerrar esa puerta?

No. Hay un sentido de responsabilidad política, de pertenecer y representar un proyecto político y cultural que trasciende a uno, un sentido patriótico, el que no gane la derecha. Creo que aquí se va a plebiscitar finalmente la segunda vuelta: sí o no a que en Chile gobierne la derecha. Hay muchos elementos que hacen que si Marco llegara a ganar tenga que armar una gobernabilidad responsable y seria en el buen sentido de la palabra. En ese momento, para él, si llegara a ganar, como para nosotros, la prioridad del país va a ser lo fundamental.

OMINAMI

Tú quieres que en la V Cordillera gane Ominami.

Lo quiero con un profundo entusiasmo.

O sea, te representa más Carlos Ominami que Ávila.

Tengo mucho respeto por Ávila, hemos tenido diferencias muy duras, pero siento que el gran desafío que tenemos es unir al progresismo primero y creo que un senador como Carlos Ominami le sirve a Chile y le sirve al progresismo.

Algo que se comenta es que en tu amistad política con Ominami se estaría tejiendo un plan. Esto suena a Pinky y Cerebro, pero no lo pongamos tan grande. Este plan consistiría en que después de la elección te unes a Ominami y se genera un polo progresista que prescinde de la DC y que podría tener al PPD como sede.

No. He tomado la decisión de quedarme en la Concertación, de apoyar a Frei. Hubiera sido muy fácil apoyar a Marco, lo conozco desde chico, mi padre fue su pediatra, estuvo en el mismo colegio que yo, tuvo una matriz cultural más parecida a la mía, vivió en Francia, yo soy francófilo. Si se tratara de cercanía personal, tengo más identidad con ellos que con Frei. Pero estoy en una reflexión política, creo que la Concertación es un espacio progresista que le sirve a Chile y que hay que preservar.

La entiendes como espacio de unión entre mundo DC y progresista.

Creo que va más allá de eso, creo que hay una parte de la DC importante que la asumo progresista.

Pero hay una que si no está contigo va a estar con la derecha.

Sí pero hay una parte de la Concertación que no es sólo DC que ha sido la que optó por las banderas neoliberales o que al menos renunció a defender las ideas del progresismo, que durante mucho tiempo nos tuvo de rehén.

¿Esa red está en retirada?

Lo que pasa es que la derrotó la sociedad. El mundo progresista la superó.

¿Si pierde Frei, le ves alguna posibilidad de pervivencia a la Concertación?

Es por la misma razón que estoy apoyando a Frei. Mi principal argumento es que creo que tiene condiciones de responsabilidad, pero sobre todo porque creo en la Concertación, aunque no creo en la Concertación conservadora. La Concertación es las dos cosas. Las dos cosas, pero acá viene un relevo. Quienes han conducido la Concertación han sido las visiones más conservadoras. Pero cómo, si los últimos gobiernos han sido de Michelle Bachelet y Ricardo Lagos. Es que la Concertación no son sólo sus presidentes. Son las expresiones políticas concretas donde la Concertación renunció a defender ciertas visiones fundamentales para la sociedad chilena. Y cuando te hablo de educación pública, nosotros somos los que pusimos el financiamiento compartido, no lo hizo la derecha. Nosotros somos los que impulsamos la LGE, la Concertación.