POR MACARENA GALLO
FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Edwin, a sus 29 años, es la estrella del equipo de no videntes que es dirigido por Miguel Ulloa. Ciego desde los tres años, se ha convertido en el goleador de la escuadra y, a la vez, en un defensor de temer. Va todas las semanas al gimnasio para mantenerse en forma ya que por nada quiere convertirse en un futbolista guatón. “No por ser ciego me voy a dejar estar”, dice. Juega hace cuatro años en el equipo que dirige Miguel. “Me ha costado un poco, porque cuesta adaptarse al terreno y a tus compañeros. Hay que familiarizarse con el entorno, los ruidos, hay que experimentar claves sonoras que te permitan saber hacia cuál clave sonora está tu rival o el arco, para no atacar hacia tu propio arco”. Sin embargo, su principal dificultad está en que tiene un problema auditivo en el oído izquierdo y en el oído medio por lo que se cae fácilmente. “Basta con que me rocen para que me caiga”, dice Edwin. Por ello ha tenido que potenciar su parte física y la velocidad. “Para que no me peguen, trato de correr más rápido, cosa que no me alcancen”. Pese que ha metido muchos goles, no recuerda uno en particular. Lo que le encanta es el momento antes de salir a la cancha. “Siento una ansiedad tremenda, casi como cuando van a salir los caballos de carrera”, cuenta.