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11 de Octubre de 2009 92 comentarios

Piñera: El hombre que arrendó su infancia


POR RAFAEL GUMUCIO

Nos guste o no, es virtualmente imposible convencer a alguien que piensa distinto a ti a que piense como tú. Imposible no porque sus ideas sean más sólidas que la tuyas, sino porque en general lo que menos importa en las conversaciones políticas son las ideas. Esas cambian, no paran de cambiar, tal como los datos, las modas o las encuestas. Lo que permanece es la infancia agazapada en el adulto que habla. Es esa infancia la que interpreta los datos, las modas, las ideas. Las convicciones más férreas, las opiniones más contundentes, no son en el fondo más que chillidos de luz amarilla, puñados de tibieza, gestos y silencios que luego las lecturas, las militancias, los años y los hijos, o la casa, no hacen más que endurecer y condensar, que convertir en un verdadero núcleo generador en el mejor de los casos, o un triste tumor, en la mayor parte de los casos, que termina por matar cuando se esparce más allá del límite del pecho.

Nunca podré estar de acuerdo con Carlos Larraín -que me cae muy bien justamente porque sé eso de entrada- porque su madre y su padre le enseñaron una visión del mundo contraria a la mía. Una visión que aloja en la raíz misma de su pelo y no la de su pasajera ideología. Lo mismo me pasa con Evelyn Matthei o Pablo Longueira; puedo entenderme con ellos porque algo de su infancia se parece a la mía (el sentirse extranjero, el vivir en muchas partes, el tener padres que odian el clasismo), pero sé que nos separaremos al mencionar las otras partes de mi infancia que están en contradicción con la suya. Los uniformes, por ejemplo, que temo como a la peste desde que entraron a patadas a mi casa.

La cosas es por cierto más compleja, porque hay gente que lleva un niño de derecha pero se considera de izquierda (Stalin, por ejemplo) y gente de derecha que lleva en sí un niño libre y raro (Churchill). Hay otros que no han dejado de ser niños (Vasco Moulian o George Bush jr, por ejemplo) por lo que no se saben qué son. Las excepciones no hacen más que confirmar las reglas. La puerta giratoria de la justicia es así la representación simbólica del miedo al cuco. La idea de que hay delincuentes, nacidos como tales y gente inocente, condenada a serlo siempre, sólo se puede enseñar a los dos años. ¿Cómo no va a querer que todo el mundo esté preso el que fue golpeado sin piedad por su padre cada vez que no comía todo? La idea contraria, la que todos podemos ser criminales, la que en todo criminal también hay un hombre inocente, le costó a mi madre y a la parroquia de curas de izquierda que me hizo la primera comunión, años de esfuerzo y aprendizaje. Esa misma infancia de izquierda me ha dificultado para siempre la relación con el existo y ha lastrado mi vida laboral y sexual, pero sé que por más que renuncie a ella, es lo que soy y cuando peleo por el lucro en la educación, Fidel o la píldora del día después pesa más que cualquier dato, argumento o idea.

Nadie es completamente un niño de izquierda, ni completamente un niño de derecha, pero todas tenemos una base sobre la que vamos construyendo todos nuestras certezas momentáneas. Socialismo, liberalismo, mercado o Estado me guía como a cualquier otro el instinto más que la certeza. O más bien sé desconfiar de los que disimulan o desprecian esos instintos. Es ese instinto lo que siento falla en Sebastián Piñera Echeñique. El candidato de la alianza está peleado con su infancia. Sus tics, sus gestos, su incapacidad para decir lo que piensa sin un cúmulo de frases hechas, son síntoma de esa incomodidad esencial. Su mismo cambio de equipo de fútbol es todo un símbolo de este quiebre original. Cuando Piñera muestra con las manos el tamaño del candado que le va a poner a la puerta giratoria imposta una infancia de derecha, una lógica de padre castigador que nada tienen que ver con José Piñera Carvallo, ese señor excéntrico que no tenía ni una célula de derechista en todo su cuerpo. Tampoco tenía nada de derechista o convencional su madre, la señora Picha. Tan distinto al común de su clase social sus padres, que se separaron cuando nadie lo hacía. Separación de la que el candidato Piñera nunca habla porque es el candidato de los que se casan una vez y para toda la vida.

Es el fantasma de ese conflicto nunca mencionado el que atormenta su cuerpo y su dicción. Los otros candidatos se han construido una biografía en consonancia con su programa de gobierno. Compleja y múltiple en Marco, tradicional y presidencial en Frei, normal y clase media en Arrate. Piñera ni cuenta, ni parece dispuesto a asumir toda su verdad. Todo lo que dice suena falso porque se basa en esa infancia borroneada a la mala en el último minuto. En medio del escenario, la corbata chueca, la sonrisa helada, Sebastián Piñera, el segundo hijo de José Piñera Carvallo, es también el segundo Piñera Echeñique en ser candidato a presidente. El otro, José, perdió por decir exactamente, y sin disimulo ni tino, lo que pensaba y solamente lo que pensaba. Se ganó, eso sí, la adhesión de los que piensan como él, y el respeto de los que no. Su hermano Sebastián, en cambio, no sabe a qué padre hablarle, al viejo DC o al inventor del código laboral. No es un derechista típico, pero le falta también libertad para mandar a su sector a la cresta. No le importa el lujo ni el dinero pero acumula millones, nunca le gustó Pinochet pero sí casi todo lo que Pinochet hizo. No se atreve a defender a las ISAPRES, los bancos, o las clínicas privadas, pero sí se atreve a comprar acciones en ellas. No se cambia de la Católica al Colo-Colo, actitud despreciable pero humana (¿quién no se ha cambiado alguna vez de equipo en algo.) No, agrega al equipo de su infancia el de sus intereses de adulto. Viola justamente el sentido de ser hincha, la adhesión infantil a eso y no lo otro. Resultado: ninguna de las dos barras lo respeta.

Sebastián Piñera Echeñique no tiene más contradicciones, más trapos sucios, más incoherencias que los otros candidatos, sólo que la suyas parecen alojar al centro de su ser, en el corazón de ese cuerpo que no para de decirle a sus huesos y a su traje que quiere escapar de aquí lo más rápido que pueda.

92 comentarios to Piñera: El hombre que arrendó su infancia

  • Gumucio, la infancia si bien es una etapa importante de la vida, como lo son todas, no debería marcarte, ni menos limitarte. En la infancia se tiene sus propias maneras de ver y analizar las situaciones y personas….. piensas, sientes y sueñas de acuerdo a tu madurez y experiencia, no tienes por que situarlas como tal en la mente actual de un adulto. Hay que saber entender que en la infancia hay puertas que se cierran junto otras que se abren y dejan entrar el futuro. Gumucio tu hablas desde el pasado, quizás tu infancia no la has podido superar, por que no eres capaz de dar vuelta la hoja. Los años te van demostrando que lo que antes encontrabas bello ya no lo es tanto o que aquello que no querías ahora si constituye parte de tus anhelos.
    Las diferentes etapas de la vida te van dejando enseñanzas y experiencias que vas entendiendo y puliendo en la etapa siguiente y así sucesivamente hasta que la muerte nos cierra el ciclo para poner fin a una vida vivida y no a una vida sobrevivida, pues todo es superable en la vida, incluso tus peores recuerdos. Sólo hay que entender que el pasado ya esta, que el futuro todavía no existe y que tu presente no tiene por que ser un prisionero de estos dos.
    bendiciones

  • Lo unico que, se es que al petizo hay que darle como se le da a una piñata hasta que reviente.. a ver que sale?

  • Rafael Gumucio, eres un buen escritor. Muy buen artículo, realmente lúcido.

  • Que wea más alanbicada, para atacar a alguien.
    Yo le doy a este articulo, 10 callampazos.

  • Estimado Rafaél. La familia determina, pero no tanto. Yo no soy para nada facho como mi familia. Me hice solo al constatar sus estúpidos absurdos. Hoy pertenezco a la izquierda ilustrada, para haber sido pobre no está mal no?
    Perdón, pero te equivocas al decir que el señor Piñera Carvallo era un hombre buenísimo, se sabe que era informante de una agencia de inteligencia extrajera. Según consta en documentos públicos. Su hijo José también. Los Piñera son gente que se cree superior, amoral; no son ni lo uno ni lo otro. Se enfurecen cuando la plebe no “entiende”.
    Los rictus de Sebastián son violencia, agresividad, tensión, cálculo, y mucho deseo de ganar siempre. No entiende a los que no queremos ganar, a los que no queremos competir, sino compartir y vivir. Los que ponemos valores y reflaxión sobre la ganancia, Así somos felices y no dañamos a nadie.
    Sebastián tiene una profunda necesidad de sentirse controlando todo, de sentirse dueño de la vida de los demás. Para él la política es un juego de poder, no el ejercicio de una soberanía. Goza siendo prepotente y abusando de los débiles o subordinados. Eso indica que frente a sus hermanos se sentía débil, quizás le cascaban y lo humillaban. Por eso le da con los más débiles sin importarle. Pero no se da cuenta,se piensa bueno, ha hecho todo lo que el sistema dice que es bueno. Tiene la religión correcta, tiene el dinero correcto, profesión etc, etc.. Pero nunca está satisfecho, porque busca un reconocimiento total, absoluto, estar en todas las calles, aparecer en las noticias, ser escuchado, etc.. La idea que tiene de sí es más grande de lo que es en realidad, su contradicción está en sus fantasmas de poder y una inconsciente imagen de debilidad. Tacones, liftings, etc. para esconder su verdad,
    Yo no puedo odiar a alguien así, porque bajo ese cascarón de hierro hay un hombre alienado y oscuro, cuya relación con la realidad es frágil, vive obsesionado con parecer poderoso. Me recuerda el fragmento sobre el dinero de los Manuscritos del 44 de Karl Marx que tu bien debes conocer.

    Un gusto escribirte Rafael,

  • Clinic y su callampeo diario a Piñera….mañana pueden hablar de los peos hediondos o las bolitas que le robaba a sus comapeñeritos de colegio.

  • Gumucio, estay perdiendo tiempo y dinero: dedicate a guionista de telenovelas mexicanas, te hacís el pino.

  • Gumucio, la infancia si bien es una etapa importante de la vida, como lo son todas, no debería marcarte, ni menos limitarte. En la infancia se tiene sus propias maneras de ver y analizar las situaciones y personas….. piensas, sientes y sueñas de acuerdo a tu madurez y experiencia, no tienes por que situarlas como tal en la mente actual de un adulto. Hay que saber entender que en la infancia hay puertas que se cierran junto otras que se abren y dejan entrar el futuro. Gumucio tu hablas desde el pasado, quizás tu infancia no la has podido superar, por que no eres capaz de dar vuelta la hoja. Los años te van demostrando que lo que antes encontrabas bello ya no lo es tanto o que aquello que no querías ahora si constituye parte de tus anhelos.
    Las diferentes etapas de la vida te van dejando enseñanzas y experiencias que vas entendiendo y puliendo en la etapa siguiente y así sucesivamente hasta que la muerte nos cierra el ciclo para poner fin a una vida vivida y no a una vida sobrevivida, pues todo es superable en la vida, incluso tus peores recuerdos. Sólo hay que entender que el pasado ya esta, que el futuro todavía no existe y que tu presente no tiene por que ser un prisionero de estos dos.
    maldiciones

  • Interesante este psicoanálisis, pero inútil y arrogante. Porque quién es el autor para saber todo lo que ha sido la infancia de Piñera? Acaso el autor conoce los vericuetos de su propia infancia? En el templo de Apolo en Delfos había una sentencia que se consideraba la tarea más difícil: conócete a tí mismo, decía. Si el autor seguramente no se conoce a sí mismo, cómo puede dictar cátedra sobre los primeros años de vida de Piñera? No votaré por Piñera por razones políticas y personales, pero nunca me atrevería a pontificar sobre su vida íntima. En este artículo, muy bien escrito donde abundan imágenes que emiten muchos destellos, hay arrogancia e infamia. Este artículo más que enseñar sobre la infancia de Piñera demuestra la perversidad, liviandad y torpeza de esos seres tan mal hechos que el mundo conoce como los chilenos

  • Piñera y Frei son la mayor verguenza de Chile. Un par de corruptos de pies a cabeza como candidatos presidenciales dejan a Chile mal parao como un pais indecente pero por suerte tenemos a otros 2 candidatos que si bien no son perfectos son por lo menos algo decentes.

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