• Kast se puso celoso: Amenaza con abandonar a Piñera si se acerca a los homosexuales.
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Análisis de Marcos Lagdensen Mamani
Especial para THE CLINIC PRESS

Resulta que Andrés Allamand y Andrés Chadwick -ambos parte del comité estratégico del comando de Sebastián Piñera- venían cavilando la posibilidad de buscar una figura legal para meter el tema de las parejas homosexuales como parte de su campaña. Y llegaron a un nombre inocente, que no puede oler menos a matrimonio, unión civil u otro contrato de peso legal: “Acuerdo de Vida en Común”. Para suavizar aún más el trago, se consideró el trámite como un pacto comodín que también sirve para parejas heterosexuales, que para ir a cometer locuras en el Registro Civil ya tienen el casamiento tradicional.

Aun con todas estas precauciones, la jugada era osada en el contexto de la alianza derechista. Allamand y Chadwick pusieron a circular un documento con algunos lineamientos sobre el tema. Y, seguramente, se sentaron a esperar a que alguien pusiera el grito en el cielo. Ese alguien fue José Antonio Kast, diputado UDI por San Bernardo y guaripola del ala Opus Dei de la coalición.

Kast es conocido como el diputado más conservador de Chile y el archienemigo jurado de la anticoncepción científica. Así que no debe haber sido una sorpresa su irrupción en el tema. Para él, todo este desagradable asunto está más allá del límite de lo aceptable:

“Me interesa que Piñera se pronuncie claramente de que él no va a impulsar un matrimonio encubierto, si no manifiesta su opinión en este sentido, yo me distancio activamente de la campaña”, afirmó Kast a Radio Agricultura.

Y puntualizó: “Si Piñera está de acuerdo con esto yo no podría seguir haciendo algo por él. No haré algo en su contra, pero no podría ser activo de su campaña. Yo en política, a parte de otros temas, estoy por la defensa de la vida y la familia como base de sociedad y si eso no es resguardado por la Alianza, tengo que alzar la voz”

Allamand, tiene que haber tenido preparada su respuesta. En las carpetas de prensa se encontraba un punto débil del blindaje UDI en materia de discurso sobre gays: “Le sugiero a Kast a que revise las declaraciones de agosto de este año, donde el presidente de su partido, Juan Antonio Coloma, señala que una cosa es legalizar el matrimonio homosexual y otra es encontrar formas para reglamentar su atención”.

La pelota, aparentemente, ha quedado botando para que venga Piñera y la meta, ganándose un poroto con el electorado liberal-progre. Pero, como son de retorcidas las cosas en este mundillo, tampoco sería de extrañar que fuera, no un pase-gol, sino que un ladrillo remitido con toda intención del mundo. Los fines de una jugada como ésta pueden combinar desde el extrangulamiento de los udis más duros, hasta un ajuste de cuentas privado o una zancadilla entre los perros grandes.

Independiente de cuál sea el juego, Kast hace el no muy estratégico papel de mono porfiado. Es que cuando hay pichanga el rebote en la muralla a veces también vale. Pero para que el espectador pueda seguir el partido, en realidad basta con que mire los jugadores que sí se mueven.

Si Kast se va, sólo sería para entrar al área rara y saturada de los díscolos. Le espera allí la tragedia de los díscolos conservadores. Ellos viven la contradicción vital entre dos posturas abiertamente opuestas: el tradicionalismo y la rebeldía. Los pocos que se atreven a incursionar en esa doble condición acaban en el ghetto: como los lefrevrista o la Fiducia. Porque el estanque natural del conservador es el poder. La contracultura no le sienta bien. En realidad, cualquier puesto que no sea el trono les debilita.