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POR MARCOS LAGDENSEN MAMANI
Análisis para THE CLINIC PRESS

Sí. Usted seguramente se pregunta por qué un grupo de personas de la candidatura de Eduardo Frei está haciendo ese gesto gringo, que significa “Loser” (perdedor), pero girando ligeramente la mano hacia sus propias personas. Qué pasa en el alma de, por ejemplo, dos ex presidentes (el candidato y Ricardo Lagos), a quienes sus ancianas madres alcanzaron a contemplar con orgullo. Qué es lo que los impulsa a tratarse a sí mismos con tanta rudeza.

No se trata de un repentino ataque de sinceridad política, ni una reivindicación del valor de ser un genuino perdedor, sobre todo cuando concienzudamente se hacen todos los méritos necesarios para no ganar. No señor, es otra la idea.

Según comenta un creativo de la campaña de Eduardo Frei es “la última chupada del mate” en materia de propaganda política. “Hay que poner de moda algún gesto macanudo, para que lo puedan imitar los canillitas en los tranvías, la jovenes de la Acción Católica en la Fiesta de la Primavera y la familia que escucha reunida las noticias en la radio del living. Esto si que es un zambombazo del one“, explicó el asesor, respecto del falso auto insulto con la mano.

Tal como la “V” de la victoria que se viene usando desde que la hacía Winston Churchill, con tanto éxito, hasta que llegaron los hippies y la degeneraron en ‘paz y amor’.

Pero la ‘V’ hecha con el índice y el dedo medio ya estaba patentada (y la utilizan desde Hugo Chavez hasta Obama, sin olvidar a Bin Laden). Así que en el comando decidieron proponer a la muchachada colérica esta ingeniosa morisqueta, basado en la frase “Frei gana por nariz”. Un slogan feliz, que reúne la máxima aspiración de la candidatura (ganar por pelos) y la característica física que seguramente le dio al candidato más problemas en la niñez escolar: el tamaño de su apéndice nasal.

Algo muy en la línea de la autotalla piadosa de “Chico de mi barrio”, el jingle de Andrés Zaldívar. O de los juegos de palabras que involucran la expresión “pollo” que eran tan recurridos por el animador Pollo Fuentes.

Como a cualquier analista serio, el uso de este recurso tan fresco por parte de Frei me da varias claves para entender la campaña en curso. Como dato, lo considero más relevante que la última encuesta CERC. De partida nos dice que Frei debiera tener, al menos, tanto futuro político como el Chico Zaldívar y José Alfredo Fuentes. Y eso sí que es estar en onda.

La autotalla, en general, es muy celebrada. Es casi imposible no sonreír, aunque sea por vergüenza ajena, ante ella. Alborota al público brevemente que un feo se trate como tal por mano propia, que el orejudo abanique sus pailas al viento para deleite de la galería o, repito, que el Pollo Fuentes rellene minutos de televisión con un chiste de pollos.

Aunque, si observa, verá que uno que sí se maneja (Don Francisco, por ejemplo) nunca se tratará a sí mismo de cabezón. Dejará que un personaje bufonesco lo haga y le falte el respeto ligeramente, porque sabe que es más elegante y le enaltece ese chiste; que lo molesten y él vaya perdiendo la paciencia hasta hacer que todo vuelva al orden.

Pero la burla auto-inferida en el fondo es una forma demasiado burda de congraciarse. Sobre todo la autotalla inocente, blanca y blanda, con toda su asquerosa inofesividad. El mensaje subliminal del auto sarcasmo edulcorado es: “mi único defecto es el tamaño de mi nariz, y hasta yo me río, jajá”. Y de pronto el gracioso -en vez de humilde y cercano- resulta pretencioso, vanidoso y manipulador. Porque usa el primer axioma del manual de psicología inversa para tarados: si me burlo de mí, nadie más lo hará, y si mi burla es una tontera, a nadie se le ocurrirá una talla buena.

Pero no. No falta quien cavile una crueldad más graciosa. Y la autotalla causará hasta cierta repulsión en el sector del público más despabilado. Esa práctica se le reserva al huasito cornetero que lleva chicha en cacho a las autoridades. Él puede decir sin merma: “acepte un trago de este pobre huaso ignorante”, e incluso a todos les parecerá una salida graciosa. Sólo un jornalero digno sabría de inmediato que ese mamarracho es un pobre remedo de ser humano. Pero ese gañán honorable está muy lejos de la escena y no alcanzó ni a escuchar el diálogo.

Pero, que no se preocupe Frei. Al público de Venga Conmigo, insisto, le encantaban los chistes de pollos que hacía animador… Y esto lo digo como analista. ¿Habrá algo más parecido al padrón electoral chileno que la platea de ese programa? No es broma. Son las mismas cuatro viejas que van a decidir la segunda vuelta. Las que amaban al Pollo Fuentes, aunque tuviera fama de pinochetista (en todo caso son las mismas personas que le dieron el 45% a Pinochet el ’88). Las misma que aman a Piñera por decir refranes que no vienen al caso, porque los recita como huaso cornetero sin serlo. Las mismas cuatro viejas, que nunca le hubieran perdonado a Frei padre que dejara que su nariz fuera el tema de campaña. Viejujas mañosas, nomás.