SABÍA USTED QUE... TVN nos hizo El Cuento del Tío con las transmisiones del mundial. (Emilio Ciriza) Mándanos tu Sabía Usted Que...
Por Nibaldo F. Mosciatti (*)
* La semana pasada, el periodista leyó este texto en el marco del seminario Justicia Militar en las causas mapuches, seminario hecho por la organización mapuche Kilapán y Familiares de Presos Políticos Mapuches, además de otras organizaciones.
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¿Cuándo el denominado “conflicto mapuche” se instaló en tu/mi/nuestra cabeza, tu cabeza no mapuche?
¿Cuando ibas a acampar a orillas del lago Icalma y jugabas unas pichangas con unos niños que hablaban poco? ¿O fue en Lanalhue? ¿Cuando Castañeda, el amigo de tu padre, cantaba unas canciones en mapudungún? ¿Cuando mataron a Matías Catrileo (y escuchaste el jadeo de sus compañeros que huían con su cadáver, para evitar que quedara en manos de Carabineros)? ¿Cuando viste imágenes de allanamientos? ¿Cuando viste unos camiones que ardían? ¿Cuando le quemaron la casa a alguien que conocías (por ejemplo la casa familiar, con todos los recuerdos y afectos de generaciones, de la bisabuela de tu mujer)? ¿Cuando una autoridad, en La Moneda, dijo que el conflicto no existía? ¿Cuando leíste una proclama reivindicando un atentado y demandando territorio?

Los hechos se suceden. El conflicto está aquí. Tal vez siempre estuvo y hoy, quizás por qué, se nos ha plantado frente a nuestra cara. Y los hechos surgen, se atropellan, se multiplican.
Si no pensamos que se trata de una oportunidad, esa oportunidad la dejaremos pasar y, si es que no ha pasado ya, sólo sumaremos lamentos.
Sí, es una oportunidad. Por eso deberíamos hacer una pausa, reflexionar, tomar conciencia.
Afortunadamente creo que el periodismo -mi oficio- es el ejercicio de la curiosidad. Y, desde ahí, intentar entender qué hay detrás de hechos, gestos, palabras, declaraciones y arengas. O sea, reconocer la diversidad, valorarla, e intentar entender al otro. Todos, al final, en nuestra última e íntima individualidad somos eternamente un otro.
La urgencia actual es cómo humanizar a los actores de un conflicto que, empujados por una humillación o una soberbia o una supuesta autoridad (moral o fáctica) de años han dejado de reconocerle al otro sus rasgos de humanidad, deshumanizándose.
Mucha humillación, mucha opresión. Mucha imposición de modelos, desconociendo la diversidad. En realidad, casi un modelo, que tiene como única lógica la economía, la producción, el mirar los territorios como fuentes de recursos naturales explotables. No bosques, sino que plantaciones, por ejemplo. Chips, rollizos, celulosa.
Desde el gobierno, surgen voces de autoridades que parecieran tener más vocación de esbirros que de políticos, entendiendo la política como la vocación de trabajar para mejor vivir en comunidad y respeto mutuo. Son voces que llaman al orden, pero un orden desde la imposición, la amenaza de la fuerza, la lectura unívoca de la realidad, y, por lo tanto, la defensa de los intereses de los poderosos.
Afortunadamente, hay otros, como el ministro Viera-Gallo, que, independientemente de sus ideas, apuesta por el gran instrumento de la política, que es el diálogo.
Claro, siempre está el peligro, cada vez más recurrente, de ser víctimas de la esterilidad de la política o de los políticos, que se expresa en declaraciones, que muchas veces no son más que la repetición de fórmulas retóricas, ya vacías de sentido, de voluntad. La falta de imaginación para abordar los nuevos temas, la falta de audacia para reconocer que hay fórmulas fracasadas, son parte de ese peligro.
Cuando escucho o leo convocatorias a una guerra, me asombra constatar cómo no hemos aprendido de los efectos del uso de la violencia. Una violencia que, aunque justa, si se transforma en una práctica habitual, termina degradando y brutalizando a quienes la ejercen. Siglos de guerras, de revoluciones, y para qué: rumas de cadáveres que al hacerse expresión de prácticas rutinarias terminaron matando, a su vez, los ideales de esas guerras y revoluciones.
Detrás -o delante- de esa violencia, las palabras inflamadas, las prédicas incendiarias, las proclamas que, como dijo un hombre sabio, “sólo sirven para despertar nuestros más bajos instintos, para azuzar a la bestia del odio que duerme en cada uno de nosotros y para provocar esa ceguera de las pasiones que hace pensable cada fechoría y permite, tanto a nosotros como a nuestros enemigos, el suicidio y el asesinato”.
¿Debemos dejar que sea el odio el que a punta de palizas, allanamientos abusivos, discriminación, hambre, acorralamiento tras las plantaciones de pinos, quema de camiones, emboscadas, incendios, trace un camino? ¿Hay, así, camino posible?
La violencia es lo mismo que el poder, todo poder. El poder corrompe, sí; pero, primero, el poder brutaliza, porque da excusas para el abuso, lo justifica. La razón de Estado es el ejemplo más desembozado. Pero hay otros.
En este caso, el Estado chileno ha recurrido a instrumentos que, en la práctica, constituyen un abuso de poder: la ley antiterrorista, el uso de las antidemocráticamente amplias facultades de la justicia militar. O la cuestionable presentación de testigos anónimos ante los tribunales, por ejemplo en causas que han terminado con los acusados libres de cargos. El gobierno sabe que son instrumentos abusivos, y abusa.
Cierto: la justicia militar es una de las tristes herencias que dejó la transición chilena, que en aras de la estabilidad estuvo dispuesta a sacrificar –bajo la cuestionable consigna del Presidente Aylwin de “justicia en la medida de lo posible”- valores fundamentales de la democracia, como la misma justicia.
La transición fue un camino -o callejón- que tuvo una vereda de luz y otra de sombras. En la primera, estuvo la comisión Rettig; en la segunda, el acuerdo –implícito o explicitado en quizás qué reuniones- de no tocar el poder de los militares y los civiles afines a la dictadura lo que, por ejemplo, se tradujo en la mantención de las excesivas atribuciones de la justicia militar.
Nos acostumbramos a excluir, segregar, discriminar a los mapuches (y no sólo a ellos) y, lamentablemente, escuchamos una respuesta que, a su vez, asume la lógica de la exclusión: la del territorio propio y, en la práctica, la expulsión de los otros. Es la negación del otro como respuesta a la negación antes sufrida. Aunque, en este caso, hay algo obvio que es preciso dejar en claro: siempre es necesario hacer la distinción entre los opresores y las víctimas, y aquí las víctimas han sido históricamente los mapuches.
A veces, viendo la esterilidad de tantos discursos y leyes, uno se pregunta si la solución no pasa, primero, por una toma de conciencia de todos nosotros. ¿Iremos camino a eso? Es la esperanza (que siempre es optimista) de un pesimista.
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Me parece más interesante los comentarios que el artículo mismo, me desilucionó Mosciatti, un artículo lleno de lugares comunes, la redacción ahí nomás y sin un atisbo de solución al problema de fondo. Todos sabemos los abusos que se han cometido contra este pueblo, pero los gobiernos no han tenido el coraje de tomar el toro por las astas, como no lo han tenido en una multiplicidad de temas donde hay que pisar callos y enfrentarse a los poderosos.
Lo primero que hay que hacer, es preguntarles a ellos mismos cuáles son sus demandas, con qué quedarían conformes y llegar a un punto de acuerdo. Pero independientemente de eso lo que yo haría, sería devolverles sus tierras, si para eso hay que expropiar, hay que hacerlo. Darles toda la autonomía posible, jurídica, cultural, etc., pero inserta en la legislación chilena, cosa que no existan conflictos de imperio entre una y otra. Proveerlos de recursos de distinta índole, capital de trabajo, capacitación y becas para estudiantes. En definitiva, reconocerlos jurídicamente como pueblo, con sus costumbre y tradiciones, dentro de la nación chilena, así empezaremos a indemnizarlos, en parte, por el daño causado a través de los siglos. Creo que ese sería el esfuerzo máximo que podría hacer el Estado chileno y no lo que quieren algunos más extremistas que es una autonomía total, con legislación y leyes diferentes y excluyentes a la legislación chilena, eso sería inaceptable.
Tebo porque no te preguntas porquè esas 500 mil hectareas estan ahora en poder de las madereras… serà que se las quitaron a punta de fusil… o bien estos mapuches las vendieron obteniendo buenos billetas de algo que les regalò el gobierno??…
en el sector mapuche los suelos productos del monocultivo del siglo del trigo (que alguien se acuerde) provocaron el agotaminto de estos, quedando premeables con erosion (carcavas) para los que conocemos la zona de Lumaco, Pastene,traigen, los sauces, etc.
que se puede sembrar en las peqeñas vegas que quedan casi nada, solamente el sector forestal a traves de dl 701 provoco un auge en las plantacion forestales y eso es lo que la mayoria del mapuches en conflicto quiere un predio con un bosque para cosecharlo y de hay que.
acuerdence que el fundo alaska fue traspasado a los mapuches en conflicto lo cosecharon y hay esta votado el suelo, sera lo mismo para los demas predios.
En la escuela nos enseñan sobre las heróicas andanzas de los mapuches que, tal como hizo Caupolicán en Concepción (corríjanme si me equivoco), quemaban ciudades enteras para combatir a los invasores. Hoy en día por quemar tractores bajan de la categoría de héroes a la de terrorista. El Mapuche quema el tractor del que quemó su hermano bosque para plantar pinos y eucaliptus, cuyos troncos se van a China a cambio de basura electrónica. ¡aguante, hermano mapuche!
El tema mauche esta demasiado idealisado, una cosa es que el estado
tenga una deuda moral y material con las etnias y otra muy diferente es que tengamos que acepatar su irreverencia, violencia y prepotencia, la violencia solo empeora la situaciòn. Hoy existen los conductos regulares como para ir solucionando los problemas que le aquejan al pueblo mapuche, todos quisieramos que esto camine mas rapido, pero aùn asì hay buenas señales.Ojala los privados, los grandes empresarios vean esto como una gran oportunidad de realizar alianzas con los mapuches, la mayoria de las comunidades que han recibido tierras no tienen como trabajarlas, ese ha sido un gran error del ejecutivo que deberìa asignar las tierras con un proyecto financiado y sustentable en el tiempo, pero mientras eso sucede los privados pueden asociarse con los mapuches que lo deseen y establecer proyectos productivos al menos hasta cuando ellos se capitalicen y puedan seguir solos.
Jaraja: por si no lo entendiste, estaba hablando de Bachelet; pero en clave sarcástica, que es la única manera de describir a un personaje tan abyecto como ése.
Claudio Vázquez:
¿Cuales son los conductos regulares por los cuales hay que ir solucionando los problemas?
En este país el que no deja la cagá, se muere en el olvido, por que no hemos tenido gobernantes que afronten con valentía los problemas, andan haciendo todo a medias o “en la medida de lo posible”. Así ha pasado con los pinguinos, con el paro de los camioneros, con los lecheros y los eternos paros de los empleados públicos incluído profesores. Ahora se viene el paro de la Anef, era obvio poh, si los wns ofrecen un 2,5 % de “reajuste”, eso no alcanza a cubrir ni la inflación, ¿para qué hacen eso? ¿para qué se ganan conflictos gratis?.
Lo mismo ha pasado con el pueblo Mapuche, si saben que tienen una deuda con ellos, ¿por qué no se hacen cargo de una buena vez?
Opinan y opinan gente que se cree “seudointelectual” y que le confiesa con orgullo a sus amigos que postea en el clinic, como una especie de curriculum simbolico. Respecto al problema les digo: QUE SABEN USTEDES DEL MAPUCHE, NO CACHAN NADA
pa que estamos con cosas, a los mapuches los hicieron bolsa, costo mas de 400 años, osea que primero los españoles y despues los mestizo hijos de españoles y mapuches los pacificaron, era obvio que les quitarian las tierras, ahora como hay una gueonera generalizada en las autoridades, guagua que no llora no mama, asi que; mapuches, sigan hinchando pelotas, que algo caera, de lo unico que estoy seguro, es que por fin los funditos que quedan, perteneceran a chilenos (mapuches) y no a hijos de gueones extranjeros.
A propósito de seudo intelectuales o de intelectualillos de quinta categoría, que no tienen idea del conflicto mapuche, y sin embargo meten su cuchara, sólo por figurar, como dijo alguien por ahí, que escribe “en clave sarcástica”, sólo para y en forma repetitiva y majadera atacar cobardemente a la Presidenta de la República, un estúpido misógino, que odia a las mujeres, más encima si éstas son gordas, según sus propias palabras. Un ente que lo único que sabe hacer es tirar basura y mierda y que con una falta de compromiso increíble, insta a otros hacer lo que él no es capaz, demostrando con ello, una cobardía moral a toda prueba,tirando la piedra para después esconder la mano. Qué lástima que existan especímenes humanos como éste, no lo busquen más, está aquí, escribe aquí y se llama…Galo Nomez. Y para ser democrático debemos tolerarlo y soportarlo.