Por Macarena Gallo • Foto: Esteban Gardella
El profesor Federico Schopf acaba de publicar su tercer poemario, “La nube”, después de 24 años de mutismo lírico. Es uno de los principales conocedores de la obra de Parra y Huidobro, y acá se explaya sobre los peligros de la canonización, sobre la onda destructiva del amor humano y sobre la abundancia de homosexuales en el arte. Además, define posiciones en materia política y expresa su admiración por el Mago Valdivia, “un sujeto altamente antipático”.
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¿Por qué se demoró 24 años en sacar su tercer libro de poesía?
-La escritura de poemas depende de los niveles de relación, de experiencias, que el escritor tiene con su propia vida, con su entorno, y yo no tengo apremio, ni ningún tipo de presión, externa ni interna, para publicar regular y profesionalmente.

¿Y para escribir?
-Necesito una conjunción de motivaciones, de elementos. No entiendo la escritura poética como una escritura finalística con la cual haya un programa, algo así como los planes quinquenales de la Unión Soviética.

PARAíSO ABURRIDO

Tiene harto poema de ese tipo de amor que lleva a la destrucción.
-”El amor o la destrucción” es un título intencional que tiene que ver con el poeta español Vicente Aleixandre y su libro “La destrucción o el amor”. Hay la conciencia de que la unión significa la destrucción de la unidad inicial. Y como lo demuestra la historia literaria en muchos textos, por ejemplo la leyenda de Tristán e Isolda, este amor se realiza incluso en la muerte. Habría que pensar que las relaciones humanas amorosas están bastantes perturbadas en nuestros días…

¿Sí?
-Ahora mismo se está discutiendo en el comando de uno de los candidatos si se acepta o no el ordenamiento jurídico de las parejas homosexuales o lesbianas. Y esto provoca una serie de terremotos, catástrofes, en que unas ideologías luchan contra otras.

¿Qué piensa usted?
-Yo estoy a favor de que haya tolerancia y de que puedan casarse si quieren. Me sorprende toda la reacción cavernaria de políticos que no se hacen cargo de estos temas. Por otro lado, desde que existe la historia de la humanidad, evidentemente las pasiones tienen un inicio, un desarrollo y un fin. De manera que, al margen de las convenciones, de los mecanismos ordenadores y represivos de las distintas sociedades, existe una temporalidad de las relaciones amorosas y eróticas: aunque se crean eternas, su núcleo está instalado en la temporalidad.

O sea, el amor no dura para siempre como piensan los católicos.
-La iglesia católica puede decir que el amor es para siempre y creer en el matrimonio para toda la vida, pero yo no puedo caer en esta discusión teológica respecto al amor. La iglesia católica impone criterios que dudo que estén necesariamente de acuerdo a los libros sagrados, como la Biblia.


-Desgraciadamene, vivimos en el tiempo, o afortunadamente, porque justamente ayer pensaba en las relaciones amorosas entre los dioses griegos y llegué a la conclusión de que eran infinitamente aburridas, porque tenían infinitamente el tiempo para llevarlas a cabo, y no tenían la angustia del instante, ni la noción del descubrimiento del encuentro casual, del hallazgo, porque tenían “todo el tiempo del tiempo por delante”, como decía Lihn, para realizar experiencias poco intensas. Habría que pensar que el paraíso es muy aburrido.

MISTRAL LESBIANA

Usted también es crítico literario. ¿Por qué en Chile se da tanto la canonización literaria.
-En Occidente, en cada una de las lenguas literarias se han instalado figuras que han sido canonizadas. No creo que el canon sea estático, sino que en él se sustituyen unas figuras por otras. Todas las canonizaciones solemnizan, estatizan, inmovilizan a los autores a determinadas poses y significaciones: falsifican la imagen y obra de los sujetos canonizados, las transforman en dimensiones autoritarias, representativas de ideologías que no representan.

¿Y en Chile concretamente?
-En Chile se han dado por necesidades patrióticas, por un nacionalismo que supone una carrera de caballos para ver qué país tiene los mejores poetas o los mejores jugadores de fútbol; ideas de un país ancladas en el nacionalismo decimonónico que todavía tiene vigencia en Hispanoamérica, en que se instalan protestas oficiales porque alguien llamó no sé qué a la Presidenta de Chile en Perú.

Conchuda.
-Eso. En Chile se dan dos ejemplos máximos de canonización, Mistral y Neruda. Neruda escribió poesía del realismo socialista y es mala poesía, cosa que sus pontífices actuales se niegan a reconocer, es decir, ¡sobreviven los aduladores de la figura sagrada! Les molesta que uno comprenda a Neruda también como un poeta precario, en crisis, que tiene una acción crítica con la sociedad.

¿Y qué pasa con la Mistral?
-Se la inmovilizó en la figura de la maestra ejemplar, de la mujer preocupada de la educación, de una persona con gran entereza respecto a su soledad. Yo pienso que uno de los factores que posibilitó su premiación fue que obtuvo el Nobel inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial.

¿Por qué?
-Todos los contendores de la lucha estaban demasiado mezclados con la guerra. De manera que los jueces tuvieron que buscar afuera, y ahí apareció ella, que tenía fama como funcionaria de las Naciones Unidas, autora en esa época de dos libros, “Desolación” y “Tala”…; o sea, yo podría ser candidato al Nobel con mis tres libros. Entonces, se la canonizó y hasta hay libros que hablan de “Santa Gabriela” o “Divina Gabriela”, y el poder de las ideologías ha sido tal que recién 50 años después de su muerte se ha reconocido algo que siempre se sabía.

¿Qué?
-Su carácter homosexual, su amor por la mujer. Su relación con la secretaria siempre se supo, pero no se había dado a conocer. Resulta inadmisible que hayan todos estos ocultamientos, porque el arte está lleno de homosexuales y de lesbianas.

Pero Chile es un país pacato.
-Ése es el tema. El problema de la pacatería chilena es que va más allá de la doctrina oficial de la iglesia católica.

ANÉCDOTA CON VALENTE

Este año su amigo Enrique Lihn cumpliría 80 años. ¿Qué recuerdos tiene de él?
-Lihn fue muy ninguneado durante su vida. No sólo por razones de competencia literaria, sino por la incomodidad que producía su figura en el mundo de la cultura, debido a que operaba, como él mismo decía, “bajo ninguna bandera”. Era como un suicida capaz de decir lo que pensaba al margen de las consecuencias que eso podría tener. Para la mayoría de quienes lo elogian hoy, era un pesado. A mí me gustaba porque decía lo que pensaba. Habían muchas disputas en esa generación.

¿Entre quiénes?
-Por ejemplo, desde que fui amigo de Enrique, Jorge Teillier me regalaba los libros sin dedicatoria.

¿Por qué habrá sido?
-Porque en una disputa amorosa muy confusa que hubo, no es que yo haya optado por Lihn, sino que la realidad dejó a Teillier sin su señora, y yo no era ni la esposa de Teillier ni de Lihn.

El cura Valente ha dicho recientemente que en Chile hay una escasez de vates nuevos. ¿Qué piensa usted?
-Hay que admitir primero la capacidad crítica de Ignacio Valente y la continuidad que tuvo en el ejercicio crítico para lograr una perspectiva de la producción cultural y poética en Chile.

¿Y respecto a la escasez?
-No es sorprendente que haya escasez de poetas, sino que haya tanto poeta que no logra una escritura poética. La afirmación de Valente tiene el valor de un pronóstico cierto. El espacio del comentario público de la cultura se ha restringido enormemente a partir del Golpe de Estado. No hay dimensión crítica en los estudiantes. En ese sentido, habría que agradecer que Valente siga escribiendo críticas. Sin embargo, siempre he lamentado que su punto de vista haya estado limitado por la extensa forma de religiosidad cristiana, sobre todo desde su limitancia con el Opus Dei… Yo tengo una anécdota bien divertida con Valente.

¿Cuál?
-Él hizo comentarios positivos de mis escasas producciones poéticas; y cuando salió mi libro “Escenas de Peep-Show” (1985) también fue así, pero comparó la representación del amor que allí aparecía -que es a mi juicio el amor que se da en sociedades de libre mercado, de consumo, en la sociedad alienada- con la representación del amor que aparecía en un poeta, cuyo nombre se me olvida, un poeta cristiano que alababa el amor cristiano, la familia y el amor de los hijos.

¿Y?
-Y meses después fui invitado a una conferencia en Concepción y la gran noticia era que este poeta en un acceso había tomado un hacha y ultimado no sé si a un hijo o a su señora, terminando preso, de manera que este poeta del amor cristiano hizo lo menos cristiano del mundo: destruir su familia.

EL MAGO VALDIVIA

¿Vio los partidos de Chile?
-Lamentablemente, no pude porque estaba haciendo un trabajo. A mí me gusta mucho el fútbol. Llegué a ser suplente del equipo oficial en el colegio. Veo el fútbol porque pienso que hay allí una inteligencia, que no es reflexiva, sino una inteligencia muy vinculada al movimiento corporal. No es solamente instinto. Hay un sujeto altamente antipático, que es titular, que es Jorge Valdivia…

El Mago.
-Lo vi cuando jugaba en Concepción y era un tipo impredecible, casi un genio en el movimiento. Él tiene una inteligencia instantánea, extraordinaria, una conexión entre la mirada y el movimiento. Ahora, por supuesto, si él lee a Heidegger no entiende nada y muy probablemente las páginas editoriales de los diarios no le interesen. Es un caso semejante a Maradona, un balurdo como se puede ver.

¿Y qué le parece que Bielsa lo tengan casi como un santo?
-Esos son errores. Pero ha sido pega de la publicidad. Evidentemente es un muy buen entrenador. Y al equipo de Chile, que no es un gran equipo, Bielsa ha sabido articularlo para que sea efectivo.

Usted que vive a pasos de la Plaza Italia, ¿fue a celebrar la clasificación?
-Yo no celebro triunfos ni salgo a la calle. Me parece que son alienaciones, sustitutos, compensaciones de la gente. La parte lamentable es todo el nacionalismo que hay en estas celebraciones. Todos se creen chilenos de corazón con sus banderas chilenas.

¿Cómo ve la carrera presidencial?
-No tengo candidato aún. Pero, tanto en la primera como en la segunda vuelta, mi voto será para que no ocurra lo peor, para que no salga Piñera. Con el sistema binominal, jamás saldremos de esta jaula porque está hecho para que candidaturas alternativas no lleguen a tener representación. De manera que las tres alternativas no son alternativas.