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Por Patricio Araya G.
El mito urbano le atribuye al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva las siguientes palabras, dichas con motivo de su asunción al cargo: “E eu, que durante tantas vezes fui acusado de não ter um diploma superior, ganho o meu primeiro diploma, o diploma de presidente da República do meu país”. (Y yo, que durante tantas veces fui acusado de no tener un título universitario, consigo mi primer diploma, el título de presidente de la República de mí país).
Aunque sus asesores no validan estas palabras, de ser ciertas, ellas darían cuenta de que la posmodernidad –aquel generoso paraguas social y moral inventado para preservar al homo sapiens occidental como especie dominante–, no estaría dispuesta a dejar pasar un detalle tan significativo como aquél, para cumplir con la ritualidad del éxito público: una educación formal (léase, un título universitario).
Tal vez Lula da Silva nunca haya requerido semejante rúbrica académica. A él sólo le bastó abrirse paso desde el sindicalismo anónimo de la fábrica paulista, hasta la gran politik de Planalto, para consolidarse como lo que es: el Rey Momo de su pueblo. Un auténtico self made man salido de las calles y la favela. Los brasileños lo aman tanto o más que a Pelé. Fue Lula quien consiguió para su país la sede de la Copa del Mundo de 2014 y las Olimpiadas de 2016. Dos eventos deportivos que podrían llevar a Brasil a las grandes ligas del desarrollo. Ni siquiera Obama, ni la tecnología japonesa, ni la realeza española en persona, pudieron contra el ex obrero en Copenhague cuando el Comité Olímpico Internacional decidió que Río de Janeiro sería la sede de 2016. A eso algunos le llaman suerte, otros, impronta.
¿Podría hoy ser importante para un país tener un presidente universitario, o será suficiente un sello tan arrasador como el de Lula? ¿Acaso un cartón es suficiente garantía como para no llevar el país a la debacle o al desgobierno? Argentina es gobernada por una abogada (Cristina Fernández), lo mismo que Perú (Alan García). Ecuador tiene un presidente economista (Rafael Correa) y Uruguay es gobernado por un médico (Tabaré Vásquez). Por su parte, el presidente boliviano (Evo Morales) es un ex dirigente cocalero. Todos, sin excepción han tenido sus momentos de crisis institucional.
Que Marco Enríquez-Ominami sólo haya cursado una licenciatura en filosofía, y no tenga un título universitario para archivar como antecedente en la Contraloría, sino un mero grado académico que lo habilita para cursar otros estudios superiores, como magíster y doctorado, podría ser un detalle que muchos estarían dispuestos a soslayar. O bien podría ser un gran mérito en cualquier parte del mundo, menos en Chile. Aquí la universidad es valorada al punto de situarla como el epítome de la perfección, el sumun de la inteligencia intelectual, el final del camino, la llave maestra del éxito social, y por qué no decirlo, el abrelatas de una carrera política que bien podría acabar en La Moneda. Al fin y al cabo, todos los presidentes concertacionistas (Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet) se graduaron en la universidad.
Y qué decir de esa martingala con que nos atormentan desde la sala cuna: “tienes que sacar un cartón y ser útil a la sociedad”. Cartón entendido como título universitario. Todo lo demás pareciera ser de segunda categoría. De hecho, en la administración pública impera la cultura distintiva entre profesionales y simples funcionarios, distinción que determina categorizaciones salariales y sociales. ¿Por qué entonces el Presidente de la República tendría que eximirse de una cuestión tan significativa como ésta?
La exigencia de estudios superiores para alguien que en algún momento tendrá que designar a importantes autoridades, como jueces, embajadores, altos oficiales de las fuerzas armadas, directores de todo orden, intendentes y cientos de funcionarios públicos de alta gradación, podría justificarse sólo en el entendido que el jefe siempre tiene que saber (entender) más que el subordinado, o al menos, contar con un staff de asesores muy competentes que lo salven de meter las patas. Con certeza a Marco se le exigirá –como alguna vez dijera Luisa Durán–, algo más que leer un par de libros y hacer una película. Es su deber estar más preparado. El país no es un club de amigos. (¿O sí?).
Entonces, ¿de qué sirve la presión ejercida sobre la juventud para obligarla a obtener en la universidad –y sólo en la universidad–, el mentado pasaporte del éxito social? El sentido común podrá responder esta inquietud desde la perspectiva del consenso: no todos están obligados a ser universitarios, pero el país requiere profesionales; también se necesitan técnicos y obreros. Sin embargo, ese mismo sentido común sostiene la tesis de que el cargo de Presidente de la República, merece algo más que un grado universitario, implica, sobre todo, capacidad de enfrentar escenarios improbables, capacidad de liderazgo y una gran proactividad frente al futuro. Cierto o no, tal vez una persona que haya sido sometida al rigor de una formación académica consistente, esté mejor preparada para emprender la tarea de gobernar un país. Lula es, desde luego, una notable excepción.
El profesionalismo es aptitud y actitud, no un título. He trabajado en importentes compañías de este país y he visto, buenos y pésimos profesionales.
Bastaría recordar aquél estudio que arrojó lo siguiente:
El 70% de los altos ejecutivos de este país, no entiende lo que lee. Eso es preocupante. La universidad no garantiza que el individuo va a ser mejor. Es la actitud de este, lo que lo va a llevar a destacar, en todo orden de cosas.
Chile es un país de apariencias. Cómo te ven te tratan. Le damos mucho valor a los cartones, pero los únicos pergaminos válidos, son aquellos obtenidos en “el campo de batalla”.
Soy universitaria pero de algo estoy segura, todos contamos con un tipo de inteligencia. Con esto quiero decir que cada individuo tiene su propia inteligencia que se puede manifestar en distintos ámbitos o campos. Salvador Dalí poseía inteligencia para el Arte de la Pintura. Apenas sacó la secundaria pq era matado para las matemáticas, sus profesores comprendieron y resolvieron ayudarlo para que se licenciase pq se percataron que poseía una destreza y habilidad extraordinaria para el dibujo y pintura y todos sabemos ´hasta donde llegó. Entonces para mi no es necesario y determinante tener un título universitario para tener éxito en la vida. Hay universitarios que adolecen de habilidades sociales por ejemplo y no tienen éxito en su vida personal y menos laboral. No olvidemos que existen múltples inteligencias y creo que MEO posee la inteligencia suficiente para llegar a gobernar.
Araya es el cronista? No será además el Capitán Araya… embarca a todos y se queda en la playa… mmmhhh… No era Araya el que inventó el concepto MEO, grandilocuente lo leí y apertrechado lo veo, o no MEO?
Leo el artículo y me queda claro que Araya se salva solo, con y sin MEO. Recula apelando a LULA, no le da importancia a su propia letra. No estoy ni ahí con Meo, ni con los Arayas que lo dejaran en la orilla.
El grado académico de Licenciado no es un mero grado académico. Un poco más de respeto señor.
Es una ironía el tener un título profesional y aun así que te cuestionen…hace pocos días me presente para postular a un Magíster en la UMCE, soy profesora y me titule en un instituto profesional, porlo tanto no tengo un grado académico pero si un título profesional…el asunto es que me mandaron con viento fresco a la basura por no tener un grado académico, siendo que en la publicidad de su página, anuncian en los requisitos “grado académico o título profesional adyacente”…si Marco Enriquez no tiene un título, a quien le importa…su apellido ya es su título, hijo de un rebelde adoptado por un político republicano, él se presenta como una alternativa seductora, pero creo que terminará adoptando los postulados de la mayoría. En este país no importa si tu quieres mejorar como profesional, lo importante es el lugar de donde vienes..estas marcado y el prejuicio es más fuerte.
no veo como es posible,que sigan defendiendo a este seudocandidato MEO ,mas alla de encontrar sin sentido ,este reportaje,lo claro pa mi es que meo,no va ha ser presidente de chile.por razones obvias:no tiene equipo ministerial,mayoria parlamentaria para aprobar las leyes,sus asesores economicos son de derecha y a la primera de cambio en la segunda vuelta se van con piñera,desconoce a la clase politica y los mete a todos en un mismo saco,ayer laguista hoy se desmarca de su propio partido,su ego es mas grande que el yoyo del kiwi,quiere gobernar solo,es un aparecido en la politica,el no va a renunciar a sus privilegio de clase pudiente de este pais,sabe muy en el fondo de su ser ,que es impòsible que sea eleguido y que tenga que volver asu redil,la concertacion.arrate es unico candidato de la izquierda y la clase trabajadora de este pais,
Señor editor the clinic, no es Ud, democrático, hize un comentario y no lo publican, y este medio crei que era honesto, me equivoqué
Fabulosa,el problema està en los enunciados de las cosas,Chile se destaca por poner las cosas tan “claras” que persona no comprende nada, el tìtulo no es adyacente, es EQUIVALENTE y es lo mismo que pasa con los exonerados polìticos, exiliados,torturados y sueldos no pagados etc y pasamos,que a
pesar de las leyes en -principio claras- las reglamentaciones son de una complejidad tal que ni la Contralorìa,ni los Tribunales,ni los Servicios implicados en resolver las Leyes se encuentran coordinados en su aplicaciòn, y tenemos a miles de Chilenos y sus familias dando vueltas y vueltas entre abogados,tribunales nacionales,tribunales Internacionales, en la
ONU, en la OEA, tratando de que se APLIQUEN las leyes y no se ha logrado en veinte años!!! ahora consuélate de que sòlo te hayan votado las copias de tu tìtulo y nò tu vida y tus esperanzas al tarro de la basura -còmo a los otros-.
Aunque mi votación está con Sebastián Piñera, Marco me simpatiza bastante porque es directo y creo representa a parte importante de nuestro Chile Joven. Respecto de si importa o no el título, lo que puedo decir es muchos de los que actualmente ocupan puestos en los gobiernos de la Concertación han obtenido titulos “por debajo de la mesa”, de manera que aunque aparecen incluso con un “cartón” válidamente emitidos, no hay registro completo de ellso en las universidades, ni de asignaturas cursadas, ni % de asistencia, años de ingreso y egreso, lugares u hospitales donde efectuaron las prácticas, etc. En efecto y dado que desde fines de 2006 (debido a una Auditoria en la que participé), y luego de hallar unas Facturas “extrañas” a nombre de la señora Bachelet, me contacté con Alemania, a la Charité Universitätsmedizin de la Humboldt Univ. de Berlin, donde me comentaron que de nuestra Presidenta sólo existen registros de que se inscribió en dicha entidad, pero no poseen antecedentes de ramos cursados, aporbacion de los mismos, con el agravante que hasta ahora no existe Convalidación de Estudios entre dicha institución y la Universidad de Chile. Según las personas alemanas que me enviaron los datos, no existen datos que prueben que doña VERONICA MICHELLE BACHELET JERIA haya cursado asiganturas y aprobado las mismas, porque ellos me dijeron que ella habría ido a continuar sus estudios de Medicina en USA (lo que hasta ahora no consta en su CV), retomando sus estudios en la U. de Chile en 1979. Más, la señora Bachelet aparece recibiendo su titulo en enero de 1982, habiendo sólo efectuado 3 años completos en la U de Chile (sin contar el año y medio seguido antes del Golpe Militar). La Charité Universitätsmedizin me comenta finalmente que el único título que dicha universidad le ha otrgado a nuestra Presidenta es un “honoris causa de Medicina” fechado el 16 de octubre de 2006, en premio por haber sido elegida Presidenta. Por todo lo anterior, y dado que doña Michelle Bachelet se ha negado a explicar cómo obtuvo su título, así como también se han negado la ex ministra Soledad Barría, el actual Alvaro Erazo Latorre, y los Seremis de Salud, Mauricio Osorio y Roberto Belmar Erpel, entre otros, tuve que solicitar que se me entregue la información por medio del Consejo de Transparencia invocando la ley 20.285, curiosamente promulgada por la señora Bachelet, quien hoy se niega a demostrar, y desde hace tiempo, que ella posee un título válidamente emitido. En resumen, se critica a nuestro amigo MEO, pero se olvidan que el principal “talón de Aquiles” de nuestros próceres concertacionistas es no poseer títulos, o que si los tienen, muchos de estos no fueron validamente emitidos.