
POR CLAUDIO PIZARRO
Cuando era cadete en las inferiores de Cobresal, José Tomás Larraín -actual director del área infantil de Mega-, cruzaba prácticamente todo Santiago, desde La Dehesa a Maipú, para poder entrenar. Apenas tenía 14 años y era un pendejo más que soñaba con dedicarse al fútbol. Pero no fue fácil. Sus compañeros lo rechazaban por ser rubio y venir del Barrio Alto. “Para ellos era muy duro que un rucio de allá arriba viniera a quitarles una oportunidad de vida”, recuerda.
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¿Cómo te iniciaste en el fútbol?
Partí jugando en mi colegio, el Verbo Divino. Me acuerdo que en un partido con el San Pedro Nolasco el entrenador del equipo, que también era técnico de las inferiores de Cobresal, me vio y me ofreció ir a entrenar al club. Al principio no dimensioné de lo que se trataba pero al final acepté.
¿Qué dijo tu familia?
Para mi mamá fue duro porque yo era el sexto hijo, estudiaba en el Verbo Divino y además vivía en la Dehesa, po hueón. Entonces ella pensaba que iba a estudiar una carrera universitaria y yo, que tenía catorce años, quería fútbol, fútbol y fútbol.
¿Cuánto te demorabas en llegar a Maipú?
Como una hora… salía a las dos del colegio, ponte tú, llegaba al metro Alcántara y me bajaba en Las Rejas, después tomaba una micro por Pajaritos. La vuelta era más maratónica porque desde Las Rejas tomaba el metro hasta la Escuela Militar y de ahí tomaba una micro hasta mi casa. Siempre me quedaba dormido y era típico que el chofer me despertara en el paradero.
¿Cómo fue el recibimiento de tus compañeros?
Al principio muy incómodo, nadie se me acercaba pero, con el correr del tiempo, me acuerdo que me preguntaban cómo era la gente y yo decía “cómo me preguntan esa guevá, na que ver”. Después me di cuenta que se referían a la discotheque Gente.
¿Te sentías incómodo por venir del barrio alto?
Pese a que tuve una actitud bien piolita, muy de bajo perfil, siempre asumí que era un huevón distinto al resto porque me lo hacían notar.
¿Cómo?
El preparador físico, por ejemplo, me decía delante de todos “voh tomai leche todos los días” y, según él, eso se notaba al momento de trancar porque tenía los huesos más duros. Cosas así…También me acuerdo que me encontraba en la micro con un compañero que se subía a vender helados y se sentaba conmigo, entonces, imagínate, él vivía de eso y yo venía del Verbo Divino. Para ellos era muy duro que un rucio de allá arriba viniera a quitarles una oportunidad de vida, se proyectaban para vivir eso y no cachaban que para mí también era una pasión.
Alguna vez te lo expresaron más directamente…
Hubo gente que cachó que era un pendejo que venía a trabajar para ganarse un puesto en el equipo pero había otros que me decían “rucio conchetumadre, ándate a la mierda, estay puro cagándote aquí, cabro culiao”. Algunos me trataban como el pico, igual me afectaba un poco pero no es algo que recuerde como un trauma.
Mucho resentimiento…
Por algunas señales te dabas cuenta de que no eras tan bienvenido. A veces escuchaba “puta la guevá, diste todos los pases mal”, y ahí uno se daba cuenta que en ese comentario había algo más que el pase malo. Uno cachaba altiro a los huevones que no te querían y te tiraban un comentario pachotero cada cierto rato. Yo tenía claro que no tenía que pescarlos pero, siendo súper frío, las diferencias era notorias.
Te pusieron algún sobrenombre…
Me decían el Mormón porque tenía pinta de gringo.
“PUTA LOS HUEVONES RASCAS”

¿Cuándo llegaste a El Salvador?
En el año 92, el entrenador era Gustavo Huerta y na… era un pollito que llegó a una casa a vivir con puros juveniles pero como experiencia fue la raja.
¿Y te siguieron tratando como cuico?
No, cuico no, pero uno se daba cuenta de los huevones que no te querían y por lo mismo mi manejo era distinto con algunos. Trataba de amoldarme y eso me generaba un desgaste. A veces llegaba un minuto que quería mandar todo a la chucha.
¿Por ejemplo?
No sé, po huevón, el baño era un asco, los papeles cagados estaban en una caja, era una huevá denigrante comparado a lo que vivía en la Dehesa, fue súper fuerte. Piensa que éramos puros juveniles, nadie hacía aseo, y todos los profesionales llegaban con jabas de cerveza, me entendí, parecía casa de putas. Uno tampoco podía alegar, ¡las huevas!: llegaba el capitán del equipo, gritaba abran la puerta y voh teníai que saber sumarte a la fiesta.
¿Era mucho el hueveo?
Claro, llegaban las liceanas y uno, como cabrito, tenía que ser uno más o sino al otro día te reventaban. Incluso tenía que inventar en el camarín que me comía a algunas minas para mantener un perfil de futbolista igual que el resto. Me decían “ya, toma un poco”. No, les contestaba. “Pero si viví aquí”. “Ya bueno, ya”, les decía, y botaba el copete pal lado. Puras huevás así.
¿Cuánto tiempo estuviste en Cobresal?
Estuve un año y medio y el 92 nos fuimos a segunda. La campaña fue una mierda. Gustavo Huerta, que era el entrenador, tenía problemas con algunos jugadores que habían sido compañeros de él en el equipo y, cuando hablaba de tácticas, algunos le decían “que vení a hablar si cuando fuiste jugador…”. Entonces, era complicado para él.
¿Qué hiciste después?
Al otro año tomó el equipo el guerrillero, Manuel Rodríguez, y me dijo que en segunda ocupaba puras manzanas caladas y muy poco juveniles. Ahí dije: otro año comiendo mierda aquí, ni cagando. Así que pedí el pase pero no me lo dieron. Llegué a Santiago y mamá justo tenía un pasaje para Miami y me fui donde un amigo de la familia. Allá me probé en un club, los gringos quedaron locos y me quedé nueve meses.
Al menos allá pasabas más piola…
Claro, en el equipo había un colombiano, un peruano, un hondureño y el resto eran sudafricanos, jamaiquinos, americanos, ahí no era tema el lugar de donde venía. De hecho me pagaban más que en Cobresal. Después me ofrecieron jugar en Honduras, en un equipo universitario que había bajado a segunda, y llegué como la gran contratación. Era el crack del equipo, la estrella, y eso que era un pendejo de 21 años. Lamentablemente perdimos en la final y no pudimos subir. Pero fue entretenido. Lo pasé bien. Me saqué todos los balazos.

Ha expulsado mas de 100 funcionarios por caras de raja


