Por Lucho Contreras

Así es Patagonia¡¡: corría 1998 estábamos en un montaña del cajón del Maipo, aprendiendo a subir montañas en condiciones patagónicas. El maestro era el gran montañista, nuestro profesor y amigo Claudio Gálvez, (quien lamentablemente moriría 3 años después, en el Himalaya, bajando de una montaña de más de 8.000 metros). Mientras escalábamos el cielo dejaba caer una fuerte lluvia, momentos después está se calmaba y salía el sol entre las nubes…minutos más tarde comenzaba una fuerte ventisca acompañada de nieve. Todo esto es en el trascurso de una hora. Claudio alucinaba, y con una cara de alegría y locura nos daba ánimos gritándonos: así es Patagonia¡¡ así es Patagonia¡¡, que días tan hermosos.
Noviembre de 2009: hace unas semanas regresé de mi último viaje a la Patagonia. Es la cuarta vez que mis pasos me llevan a este rincón del mundo tan mitológico. A este pedazo de tierra que pareciera estar colgando del continente; donde el viento, los ríos, la pampa, los lagos, la nieve, el mar y las montañas conviven salvajemente.
Estamos con la Chascona (la chica que amo) hace 3 horas, en una fría tarde, buscando un lugar donde dormir en Villa O’Higgins, el lugar que motivó nuestro viaje. Simplemente queríamos llegar al último punto de la carretera austral, partimos desde Coihaique, unos 700 km más al norte. Moviéndonos muy lentamente, a veces en mini buses, otras a dedo o incluso caminando por muchos kilómetros (bajo la lluvia o nieve). Esto nos permitió ver directamente cual es el grado de aceptación y rechazo de las personas locales a la instalación de las Represas por parte de HidroAysen. Estas personas son hijos o nietos de los pioneros que llegaron a esta tierra bendita. Desde Santiago es fácil ser ecologista, o estar en contra de la grandes empresas, tenemos todo a mano. Pero lo importante es saber que opinan los que viven a cientos de kilómetros de todo, los que muchas veces no tienen acceso a un doctor de urgencia, los que deben esperar horas e incluso días (me toco vivirlo) para que pase el bus por esta solitaria carretera austral. Gratamente no hubo ningún pueblo o ciudad en donde no encontré carteles “artesanales” demostrando el rechazo, vi frases como “déjenos tranquilos, no a las represes”, “no destruyan nuestra tierra, no destruyan la Patagonia”, etc. De todas las personas que les pregunte cual era su postura solo una me dijo que estaba de acuerdo, fue un señor dueño de una hostería que veía que le podría ir bien económicamente ofreciendo sus servicios a los numerosas empresas que traerían a sus trabajadores a la zona (una visión respetable pero cortoplacista y sobre todo egoísta).
Mientras escribo estas palabras y recuerdo todos los lugares maravillosos que una vez más vi en nuestra Patagonia solo me embarga un sentimiento: FE, fe en que las personas podamos entender que la vida no es algo que se base simplemente en nuestro presente, que no podemos acabar y devastar el entorno natural de la tierra pensando en nuestro bienestar económico, que por satisfacer nuestra necesidades actuales no le dejemos a nuestros hijos la posibilidad de que ellos caminen en 10, 20 o 100 años mas en la Patagonia y esta sea tal cual como la conocemos, tal como la conoció Claudio Gálvez, salvaje¡¡ porque así es Patagonia¡¡ y así debe ser por siempre, por eso NO¡¡ a las represas en Patagonia.