Por Alvaro Díaz

Monseñor Escrivá de Balaguer bajo Vespucio, Vitacura, diciembre de 2009

Cuando niño, Rodrigo García Pinochet fue salvado por su abuelo Augusto Pinochet de morir a manos del marxismo intrnacional. El muchacho venía en el Mercedes que fue interceptado y rudamente tiroteado por miembros del FPMR en el Cajón el Maipo, y de no ser por la decidida acción del dictador, que lo cubrió con su cuerpo, quizás una bala loca habría terminado con su vida. Eso dice la versión familiar. Hay otra más creíble donde Pinochet, muerto de susto, se tira al suelo y en la maniobra pasa a llevar al pequeño Rodrigo quien a sus cortos años, fruto de la admiración y en la torpeza del adrenalínico recuerdo, revistió de héroe al papá de su mamá. El caso es que García Pinochet es de los pocos que mantiene su gratitud con la figura del general, orgullo que demuestra colocándolo como escolta celestial de su campaña a diputado por Las Condes-Vitacura-Lo Barnechea. El cartel lo diseñó un orangután y el muchacho no va a ganar, pero su incorrecto e impopular proceder es digno de reconocimiento.