POR BENITO BARANDA *

La segunda vuelta presidencial es una buena oportunidad para discutir a fondo las políticas que los candidatos proponen para superar la pobreza y la exclusión social que aún tenemos en Chile. Dependerá de cuan fuerte sean ellos y sus equipos para soportar las presiones de los grupos de interés en estas semanas, que no serán justamente aquellas de los marginados y excluidos. Esperamos que puedan responder o entregar una orientación a algunas preguntas clave. Entre otras que nos ocupan están:
¿Dónde vivirán los más pobres?, ¿A qué zonas los llevarán? ¿Cuánto invertirán en sus viviendas y barrios?

Las barreras sociales y económicas producidas por la segregación residencial son tremendas y han generado en nuestras ciudades graves tensiones sociales, algunos han pretendido ignorar estos efectos pero la evidencia es grosera y dura: la inseguridad actual se debe en parte importante a la política habitacional.

Junto a lo anterior, ¿cómo se abordará el nuevo trabajo con las familias más excluidas? ¿Quién las acompañará en su crecimiento y armonía? ¿Cómo se fortalecerá su rol? ¿Qué propuestas concretas presentan para una conciliación adecuada entre el trabajo doméstico y el que se realiza fuera del hogar?

La familia está sufriendo los acelerados cambios sociales y en los sectores más marginados esto ha traído crisis y tensiones demoledoras.

¿Quién quiere trabajar con los jóvenes excluidos? ¿Les ofrecerán más cárceles o más oportunidades? ¿Serán capaces de soportar la presión mediática y social que busca reprimir y castigar más que promover e integrar?

Con los argumentos falaces de la “puerta giratoria”: ¿Serán capaces de diseñar políticas de dignidad y de reinserción social verdadera? ¿De dónde saldrán los 200 mil empleos para jóvenes del primer quintil? ¿Qué será de los programas de nivelación de estudios y de habilitación laboral?

La realidad de hoy demuestra que estamos aún distantes y ajenos a esta realidad. No atrae votos ni representa un sentir popular.

¿Están dispuestos los candidatos a profundizar la reforma psiquiátrica con la oposición de algunos profesionales de la salud y sin el apoyo de la comunidad? ¿Serán capaces de aumentar el porcentaje del presupuesto de salud destinado a la salud mental y, en especial, a la desinstitucionalización para favorecer la psiquiatría comunitaria? ¿Tendrán políticas e incentivos claros para su integración socio laboral?

La evidencia demuestra que estamos detenidos, que ha costado mucho dar continuidad a una reforma a la salud mental que viene gestándose hace más de una década y que no cuenta con la popularidad que la dignidad de cada ser humano diferente justifica.

¿Qué será de las personas mayores más pobres y solas? ¿Bastará con la pensión actual, con los servicios de salud preparados o el lugar en que habitan?, ¿Queremos integrarlas a nuestra vida social o las consideramos una carga y una molestia?

La población chilena envejece y la cultura de respeto y consideración para con ellos dista mucho de lo que efectivamente debería ser.

¿Qué dirán los candidatos acerca de cómo repartir la riqueza de verdad, sin seguir contándonos cuentos y, de una vez por todas, ir superando esa desigualdad que nos avergüenza, duele y que ofende profundamente la dignidad de las personas?

Esto será seguramente lo más importante a reflexionar, donde no puede estar ausente la discusión de la efectividad de las políticas públicas, la participación de los privados, el aporte de la sociedad civil y la carga tributaria.

Este tiempo coincide con Adviento, un tiempo necesariamente de esperanza y, para los cristianos, un momento privilegiado para la conversión. Para ello es necesario abrir la mente y el corazón para salir de los paradigmas socio culturales que nos han mantenido anclados en un sistema más injusto y con un elevado nivel de desigualdad.

No basta con cambiar leyes y programas si no cambiamos la mente y el corazón. Para sostenerse en el tiempo, las reformas sociales requieren de adhesión ciudadana y ésta se logra con niveles de conciencia moral y social de mayor madurez, y que luego se vean reflejadas en estilos de vida coherentes con dichos principios para poder construir un país más justo y solidario.
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*Director Social Hogar de Cristo