POR DORITA NÚÑEZ

Después de permanecer cuatro años congelado en una editorial rumana, En tierras bajas, el primer libro de Herta Müller (1953), Premio Nobel de Literatura 2009, fue publicado, pero con censura, en 1982. Sólo dos años más tarde apareció en Alemania la obra completa. A causa de esto Rumania le cerró las puertas, y ella, firme opositora de Nicolae Ceaucescu, partió exiliada a Berlín en 1987. Traducido al español en 1990, En tierras bajas contiene 15 cuentos, siendo el más largo el que da título al libro. Cada relato podría ser la escena de la vida de un pueblo, cada cuento podría ser el capítulo cotidiano, el fragmento de una novela narrada por una niña que cuela su imaginario brutal: “Manchas de sangre en la nieve. Blancanieves tenía la piel blanca como la nieve y las mejillas rojas como la sangre. Nieve salpicada de sangre, nieve y sangre sobre siete montañas”. Esta niña también es una observadora compulsiva de todo lo que pasa a su alrededor: las rutinas de su abuela, la intimidad de su familia hostil, poco cariñosa, que callada murmura sistemáticamente sus opiniones. El pueblo que aparece en cada uno de estos cuentos es un lugar distinto pero a la vez igual: una especie de provincia brumosa o muy calurosa, siempre un poco conservadora y conflictuada políticamente. Un escenario parecido encontramos en El ser humano es un gran faisán en el mundo (1986), traducido al español en 1992. Aquí utiliza el mismo estilo de frases cortas, de secuencias de imágenes: originales y raras imágenes que pasan por la mano surrealista de una Herta Müller que deja entrar al relato a un gato rojo o a un árbol que come sus frutos; su escritura es una delicada mixtura de prosa, poesía y cuento. En una entrevista la autora aclara el sentido de su faisán: “El hombre es un gran faisán en el mundo. Ése es un giro rumano. En rumano es muy frecuente decir ´He vuelto a ser un faisán`, que significa: ´He vuelto a fracasar`, ´No lo he logrado`. O sea, en rumano el faisán es un perdedor, mientras en alemán es un arrogante fanfarrón… El faisán rumano ha estado siempre más cerca de mí que el faisán alemán”. De este modo y pese a las circunstancias, se podría decir que Herta Mülller escribe pensando más atada a su Rumania, y ese desencuentro con el país que la vio crecer es cardinal en la creación de su mundo literario. En El ser humano es un gran faisán en el mundo que construye, por medio de estampas, la vida mínima de una familia rural que espera poder salir del lugar de donde está, pero como el faisán rumano: fracasa. Están como adheridos al lugar, como anclados a un mundo desesperantemente solitario, con la guerra de fondo. La Rumania misma de Herta Müller: “Vivir en Rumania desde la mañana hasta la noche sólo se soportaba con la idea de que no era para siempre, sino algo provisional de lo que alguna vez saldríamos”. Los personajes son unas pocas almas inexpresivas, semejantes a esas ánimas en pena rulfianas que vagan por un pueblo silencioso, asfixiado, mitológico. Vistas de una realidad que no se distingue de los sueños, o de sofocantes pesadillas a la hora de la siesta.

“Los libros de Herta Muller “En tierras bajas” y “El hombre es un gran faisán en el mundo” se estructuran desde una poética intensa, breve, punzante que aborda elusivamente el paisaje, los cuerpos y la crueldad. Ella, junto a la escritora húngara Agota Kristof (autora de “El gran cuaderno”), forman parte de una constelación literaria que habla de las irregularidades del poder y se detiene en las heridas que provoca la historia llevando a sus sujetos al límite de su resistencia emocional”

Diamela Eltit