Por Jaime Varas

Conmoción causo en el mundo de la pesca artesanal austral el proyecto de ley ingresado a comienzos del año 2009 que permite hipotecar a los bancos las concesiones de acuicultura de la industria del salmón. Dicha ley permite empeñar mar chileno y de esta forma beneficiarse de los millones de dólares que inyecto el Gobierno para apalear la crisis del Salmón y el virus ISA (Anemia Infecciosa del Salmón). Al no cancelar la deuda, estas concesiones pasan automáticamente a propiedad de los bancos.
En la actualidad la constitución de los ya conocidos barrios salmoneros, destinados a controlar la salubridad y el virus ISA se han instalado en perímetros grotescos. Donde no tan solo se busca erradicar a los pescadores artesanales, considerados un vector del influyente virus ISA. Sino que también han debido sumarse a las medidas de control sanitario, erradicándolos de sus caladeros y rutas de pesca ancestrales.
Hoy el dramatismo respecto al negocio del mar aumenta. En los perímetros considerados como barrios salmoneros están los territorios del SNASPE -Áreas Nacionales Silvestres Protegidas por el estado – con su flora y fauna, donde gran parte es vulnerable, hay especies endémicas y en peligro de extinción.
Revisando los Sistemas de Información Geográficos (GIS) destinados a observar la evolución en la instalación de centros de cultivos de la industria salmonera. A simple vista se observa que la industria se ha ido masificando en sectores que técnicamente no tienen las condiciones apropiadas para el cultivo. Fiordos que mantenían su integridad ecológica, hoy están repletos de concesiones de acuicultura que prometen un desastre de proporciones. Esto debido a la falta de fiscalización por los instrumentos de evaluación de impacto ambiental.
Según los afectados por esta hecatombe, entre los que destacan pescadores artesanales, guías de turismo y grupos ecológicos. Los perímetros destinados al control de la crisis del salmón, no son más movimientos del empresariado que intencionalmente ha visto en las hipotecas una alternativa rentable y atractiva para los magnates del turismo. Ya que estos perímetros vendrían con valor agregado, es decir, cuentan con ríos, lagos, especies endémicas, flora y fauna única en una de las reservas de agua más importante del mundo, donde sin dudas, el negocio es redondo.