POR MARCELO MELLADO
Ilustración: Ajab

Usted tiene que entender que para nosotros, los resentidos y otros grupos análogos, ver por la tele a tanto cuico feliz celebrando en la zona oriente y a tantas rucias de poto negro en la poniente, vitoreando histérica y arribistamente un triunfo que a todas luces es el producto de un cohecho generalizado, constituye un acto de ordinariez e impudicia insoportable, en un país cuyo eje identitario debiera ser la austeridad. Lo decimos por un cierto espíritu pos conciliar que impulsa no pocas iniciativas políticas, de la que su familia es tributaria, y la mía también.

No lleva ni una semana electo y el billete suyo empieza a ser protagonista. Pudor, pudor, por favor, pudor. No nos cabe duda que esa es una de las enseñanzas clave de una familia católica, el pudor. Y usted parece haberse olvidado de eso. Y para el sentido común su candidatura y posterior elección aparecen como un negocio impresentable. Usted es católico y si la impudicia aparece como su gran capital simbólico estamos más que mal. Como que tropicaliza el ambiente (respetando el mundo del trópico) y lo pone junto al mundo de los impostores políticos. Recuerde que usted está emparentado con familias aristocráticas (aunque usted no lo sea), pero austeras, y que a pesar de los crímenes contra la República que han cometido a lo largo de nuestra historia, algunos de sus representantes han contribuido a su grandeza.

Y ya que estamos en la cosa familiar tenemos el deber de comunicarle que su señora no estuvo muy atinada al meterse en medio de la conversación de usted con la presidenta, creemos que le faltó fineza. Y a usted le falta protocolo y delicadeza comunicacional. Y a su hermano, el impresentable, sáquelo de circulación sin mayores argumentos. Yo tengo uno que habría votado por usted, pero no por razones faranduleras, sino de ficción político-cultural, es decir, usándolo a usted como dispositivo táctico. El problema es que aquí hay un tema estratégico, su proyecto personal de negocios, que incluye ese mesianismo suyo que es una bomba de tiempo.

Yo no quiero ser analista, de esos que han proliferado como callampas, y que pretenden pautearnos la vida pública, pero que en el fondo no son más que registros patéticos de la arrogancia discursiva. Yo, más bien, me dedico a la subjetividad, a la medición de los otros pulsos de la vida despierta, fundamentalmente a eso que tiene que ver con la vida doméstica. Nadie se preocupa mucho de eso; y es en ese registro en que yo me refiero a usted. Y en este aspecto no cabe ninguna duda que, en este nivel de análisis, usted mismo aparece contribuyendo a la criminalización de la política, la de aquellos sujetos que ni siquiera llegan a enfrentar la famosa puerta giratoria, nos referimos a la delincuencia de cuello y corbata, que la derecha suele representar.

Sumado a esto, se nos impone la soberbia y prepotencia, don Piñera, de la ordinariez UDI, por ejemplo. Fíjese que aquí en donde vivo apareció una diputada picante, una tal Pupi o Pepa, que llegó al departamento de cultura de San Antonio a tomar posesión de la ciudad y quería apropiarse de un carnaval que se hace por acá (ya había comprado a las reinas de la jornada anterior), una especie de alcaldesa de Pelarco, para transformar a nuestras niñas en chicas de pasarela. Algo parecido hizo la UDI de la quinta región visitando la Intendencia, como lo deben estar haciendo a lo largo del país.
Por eso le pedimos y tal vez le exigimos que renuncie, ahora, antes de asumir, ¡hágalo por Chile!, como le pedían los momios al compañero presidente Allende. Usted va a entregar el país a la indecencia. Y cuando asuma, si lo hace, lo hará como el más despreciable de los que lo han hecho y debe atenerse a las consecuencias. Ya es notorio que usted, como le reprocha Longueira, no escucha a nadie, y que ese síntoma de megalomanía y autorreferencialidad (soberbia, abacanamiento, etc.) nos hará un daño indescriptible.

Yo, en este periodo pre y post electoral, he visto más tele y he podido noticiarme del país que lo eligió, he visto Yingo, SQP y programas matinales y noctámbulos, y a Schilling, y a Angie, y Pelotón, y me he podido dar cuenta que sé muy poco de esto que ustedes llaman Chile; no nos habíamos dado cuenta que la política es la extensión de la tele, es decir, ese gesto banal de lo público domesticado.
Lo único que le debe quedar claro es que de asumir, nunca más dormirá tranquilo, nunca más, porque el país B o el otro país, el paralelo, ese que estamos diseñando hace un rato largo los radicalmente Otros, le va a impedir el sueño. Hazte o hazme un favor, mándame al exilio, odio este país y, por ende, a ti también. Me iría por mí mismo, pero no tengo los medios, ayúdame a irme, expúlsame, azótame con el látigo de tu power. O, simplemente, avergüénzate de ser el engendro que eres (y renuncia).