Por Nelson Campaña Pizarro

Luego de más de 72 horas que gran parte del país fuera azotado por un mega terremoto, afectando a 7 regiones del país, con una intensidad de 8,8 grados en la escala Ritcher, asociado con maremotos en zonas costeras del Maule y Bío-Bío, más el archipiélago de Juan Fernández, cabe hacer las siguientes interrogantes y apreciaciones:

1.¿Estamos preparados logística y anímicamente para enfrentar este tipo de eventos naturales desvastadores que experimenta el país cada 25 años?.
Se da un fenómeno cíclico, el gran terremoto de Valdivia de produjo el 20 de mayo de 1960 -récord mundial de 9,6 grados Ritcher-, el de la zona central, con epicentro en San Antonio el 3 de marzo de 1985 y el actual, ocurrido en una vasta zona del centro sur en 2010. Son exactamente con intervalos de 25 años en cada sismo. ¿Coincidencia o no?. Es la realidad histórica.

2. Frente a esta realidad y con el único afán de prevenirnos ante futuras catástrofes de tales magnitudes, que dejan una secuela de pérdidas humanas, materiales y el retroceso en el desarrollo de la nación, el Estado, necesariamente, debiera adoptar como políticas permanentes, elaborar un completo y acabado plan de contingencias, susceptibles de activarse cuando ocurran estos eventos, que tanto daño nos causan.

3. Es imprencindible, dado el carácter sísmico del territorio, rodeado por una diversidad de volcanes, fallas geológicas y la consabida placa de Nazca, exista una cultura sísmica, enseñada como plan de estudio, en escuelas básicas, colegios y universidades, considerando simulacros, primeros auxilios, labores de salvataje y todo lo que concierna hacer frente a estos fenómenos naturales.

4. Paralelamente a lo anterior, hacer conciencia de parte de los propietarios de empresas privadas, como ser: constructoras de edificios y viviendas, concesionarias de redes viales, puentes, ferrocarriles, etc., no tan sólo efectuar trabajos de comprobada calidad, con materiales, infraestructura y tecnología de punta, capaces de responder eficientemente a estos embates. No siendo primera prioridad el lucro legítimo, sino que además aparejado con un rol social que esto involucra, susceptible en el tiempo, de salvar muchas vidas humanas. Todo esto coordinado con la autoridad fiscalizadora, responsable de los vistos buenos respectivos de los proyectos, supervisión final y recepción de las obras.

5. Esto también es válido para las empresas de servicios básicos, como ser: electricidad, gas, agua potable y telefonía. No se trata tan solo de ganar dinero -sólo con los cargos fijos en las cuentas mensuales se embolsan una millonada sideral-, sino que invertir en seguridad, equipos técnicos y profesionales más personal altamente calificado para enfrentar este tipo de contingencias.

6. Es válido destacar también la importancia de asesorarse en experiencias de países como Japón, por ejemplo, que llevan larga data aplicando criterios de esta naturaleza.

7. La población en general, debiera de alguna manera ser reeducada, realizar campañas publicitarias repetitivas en todos los medios de comunicación social y llegar al límite de la majadería, que observen ciertas conductas de convivencia, solidaridad y comportamiento cívico. No es posible tolerar el abuso, el aprovechamiento, el bochorno país ante el saqueo, el desorden que nos delata como habitantes inmaduros, propio de una nación atrasadísima del tercer mundo en cuanto a cultura cívica, llegándose hasta el extremo de aplicar una ley de excepción, con toque de queda para calmar a los más inquietos. El mundo entero ha sido testigo de esta vergüenza nacional.
Si fuéramos capaces de llegar a cumplir una mínima parte de estos considerandos, susceptibles de ser actualizados y adecuados a las circunstancias, estimo que como sociedad ya habremos aprendido algo de esta catástrofe, que si sigue la lógica cíclica, es posible, otro evento de esta naturaleza el año 2035.