Desde Valdivia. Dr Carlos A. Flores

Mientras escribo estas líneas estoy escuchando a Rosende dando los nombres de los fallecidos por efectos del último terremoto y tsunami que nos ha tocado vivir y a no pocos, morir. Mientras escucho ese mantra negro, me doy cuenta de lo mal que está este país. Como científico reclamo lo que debe ser: las decisiones de carácter científico deben estar en manos de la gente que se ha preparado y entrenado por décadas para evaluar y descifrar los signos de la naturaleza. No en manos de póliticos pusilánimes y mezquinos. Lo mismo con si la píldora era o no era abortiva, decisión que debió haber estado en las palabras de los científicos que han dedicado su vida al tema, y no otra vez en los políticos y la curia que no tienen argumentos válidos en un tema fuera de su ámbito. Chile tiene una buena cantidad de científicos, muchos de ellos reconocidos por la calidad y honestidad de su trabajo a nivel mundial. Los menos son los que están atrapados en su ego (que muchas veces es más grande que sus logros) y otros por su manía de hacer saber al resto que pasaron/están por Harvard o Cambridge (sus gritos igualmente son más grandes que sus logros). Es de esperar que las cosas cambien, arriba como abajo. Que la voz de los expertos se convierta en acción y beneficios a la gente de Chile, y que los científicos luchen por ganar esos espacios y dejen de pelear por las migajas que el gobierno les arroja para manetener su investigación. En estos días lo peor de Chile no solo afloró en el lumpen. La política chilena está enferma y si yo fuese el especialista que debiera decidir que hacer con ella recomendaría amputar.