Por Maximiliano Corradi

Quien lee el diario y escucha las noticias, oye hablar una y otra vez de catástrofes aisladas que tienen lugar sobre la Tierra : el nivel de las aguas subterráneas disminuye, tsunami, terremotos, maremotos, huracanes, derrumbes, inundaciones, sequías, etc. Usted se preguntará: « ¿Cómo puede permitir Dios las catástrofes, los trastornos de la Tierra y las muertes? ¿Por qué no interviene Dios?». En todos los tiempos Dios habló a través de hombres y mujeres justos, a través de Sus profetas. Dios advirtió y mostró a Sus hijos el camino de vuelta hacia su origen divino. En nuestro tiempo, hace ya más de 30 años, Dios volvió a enviar a un gran profeta a los hombres, Gabriele, de Würzburg, Alemania, la profeta y mensajera de Dios. Sin embargo, la mayoría de los hombres, encabezados por la casta sacerdotal, que estuvo en todas las épocas en contra de los profetas de Dios, ni hizo caso ni sigue escuchando la palabra de Dios.
Por ejemplo, Cristo, en 1984, manifestó a través de palabra profética: «El futuro de la humanidad está escrito en la atmósfera. También la Tierra y los mares dan testimonio de lo que el hombre ha sembrado. En verdad, en verdad os digo: El tiempo está cerca en el que las aguas se llevarán a muchos hombres, en el que el planeta Tierra se rebelará y tragará todo lo que atrape. Y será que las aguas purificarán muchas partes de la Tierra. Y se presentarán diferentes condiciones climáticas…» Y en el año 1993: «Oh ved, las tempestades de los tiempos no sólo están anunciadas, ellas soplan, se desencadenan, es decir, se desenfrenan en todos los continentes. Pero eso sólo es el principio. Continentes enteros se tambalearán, pues las placas tectónicas de la Tierra rotan cada vez más debido a que el magma de la Tierra está cada vez más caliente. Así es como también toda la Tierra se calienta…A los campos se les quitará la buena tierra. Lo que habéis plantado será arrancado de los campos pues las tormentas se desencadenarán violentamente y no sólo azotarán la tierra; al mismo tiempo son huracanes que se formarán y harán reventar comunidades enteras, pueblos y ciudades».
Desde el Reino de los Cielos, se expresó en palabras muy claras a los hombres, que el causante de los acontecimientos venideros no es ningún Dios que castiga, sino el hombre. En la Tierra todavía muchas cosas pueden ser cambiadas, aún en el corazón de muchos hombres. Por esto, el mundo divino nos indicó, una y otra vez, a nosotros los hombres, la ley causal, la ley de siembra y cosecha: «El poderoso gigante, la ley causal, el gigante con las muchas causas que los hombres han creado en siglos y milenios, de lo cual mucho aún no está expiado, camina por la Tierra. El poderoso gigante va de un lado a otro. Allí donde pone su pie, empiezan los efectos y muestran al hombre lo que él mismo ha causado. Pisa por un lado: un terremoto; por otro lado: una catástrofe más; allí empieza una guerra. Camina hacia otro lugar: contaminación nuclear, y él camina también por los mares».