Por Germán Lagos

Vivir un terremoto en altura, sentir la inminente muerte, abrazar desesperadamente a tus seres queridos sintiendo la hora final a segundos, desesperase por la suerte de los que no están a tu lado, cuando todo se mueve sin control; es una experiencia que no quisiera volver a repetir.
Luego las noticias, el dolor, mas dolor, la emoción a flor de labios, un mensaje de texto de un amigo al otro lado de la cordillera, una llamada solidaria que te hace llorar, un abrazo de un pariente, y luego mas noticias que te revientan el alma y luego mas dolor.
Parafraseando a Neruda; es tan corto el temblor y tan largo el olvido, las replicas sicológicas son mas fuertes que las replicas telúricas.
En este pequeño país desde hace mucho tiempo (o quizás desde siempre) se venia anunciando un temblor de esta magnitud, la buena noticia es que algunos científicos sostienen que este era el terremoto anunciado, la mala noticia es que otros científicos sostienen que este no era el terremoto señalado, quedamos igual, o mejor dicho; quedamos peor, ahora estamos plenamente consientes de lo terrible que puede ser este absurdo de la naturaleza.
Una replica con efectos en la salud de mi suegra me hizo viajar a pocos kilómetros del epicentro, a unos cuantos minutos de haber salido de Santiago empecé a ver muestras de este absurdo capricho de la tierra; puentes caídos, caminos destruidos y luego todo el adobe en el suelo, iglesias con sus torres a medio camino entre el cielo tierra (como en Los Pilares de Tierra de Follet), y mas replicas, como queriendo darle efectos especiales al paisaje apocalíptico que estamos viviendo y advirtiendo; “siempre puede ser peor” pareciera decirte el aire, el viento o el relato de alguien que viene de lo que fue alguna vez el balneario de la zona, no, no quiero volver a vivir esta furia de la tierra nuevamente.
El insomnio hoy me permite escribir y tratar de sacar todo este dolor de encima, hoy escribo como una forma de exorcizar la angustia que se te queda pegada en el alma y que cada relato y/o replica lo reafirma.
Ya va a pasar, si lo se, pero que pase luego. Mañana vendrán las campañas solidarias, desaparecerá el pillaje, nos acostumbráremos al relato infame, los niños volverán al colegio, volverán las señoras a sus iglesias a agradecer a su Dios, volveremos al trabajo, las deudas servirán de antídoto.
“Es chile un país tan largo mil cosas pueden pasar” así reza la parte final de una mítica cantata y esta vez pasó, primero un terremoto, luego un tsunami y luego apareció esa parte escondida que llevamos dentro todos los hombres, esa parte miserable del ser humano con saqueos y especulación, pero mañana volveremos a la vida que teníamos hasta el viernes pasado, a quejarnos de lo divino y de lo humano, por aquellos que no se podrán quejar mañana del gobierno, por esos niños que el mar se los arrebato a sus padres, por esos niños que les enseñaban seguramente en los colegios y parroquias que eran sagrados y sin embargo el mar no respeto aquello, por ese pobre pescador que todo lo perdió en manos de “ese mar que tranquilo te baña”, por este dolor que de seguro la resilencia me lo sacara de encima, quiero tomarme un whisky y mandar ¡a la puta que lo parió a este terremoto y su mar de mierda!

Linares, 05 de Marzo de 2010, 03 am