Por Henry Bauer / Arquitecto UCH

Estuve revisando su última publicación referente al terremoto que afecto a nuestro país, y en él me encontré con algunas afirmaciones rotundas y condenadoras tales como ‘el fin del adobe’ o ‘el adobe no sirve’. Entiendo perfectamente la reacción, sobre todo al constatar que casi la mayoría de las construcciones de dicho material fueron destruidas a causa del sismo, además de provocar la muerte de muchas personas, lo cual entiendo, es lo fundamental después de una catástrofe.
Sin embargo, es necesario profundizar un poco más en el tema y considerar algunos aspectos. En primer lugar, es necesario aclarar que el adobe no es un material sino una técnica constructiva a partir de bloques de tierra y paja secados al sol, no así en los casos en que la tierra se usa como ‘relleno’ en estructuras de madera o acero.
Es segundo lugar, quiero recordar que el edificio ícono del desastre es aquel que colapsó desde su base en Concepción el cual fue construido en hormigón armado, sistema constructivo por definición antisísmico, al igual que aquel condominio que colapsó en la comuna de Maipú, algunos pasos sobre nivel en Santiago, y otros ejemplos. A donde quiero llegar con esto, que finalmente los colapsos tienen que ver con negligencias en la edificación y no necesariamente con el método constructivo o con el material de modo directo.
Ahora bien, ¿por qué el adobe es el más afectado? Sin considerar que es el método más antiguo y más utilizado por los sectores más pobres en zonas rurales (por ende la cantidad de colapsos), recordemos que en términos legislativos y normativos, el adobe no es considerado como sistema constructivo deseable incluso en muchas zonas está prohibido, por tanto y lógicamente, no existe un mercado que se dedique al rubro del adobe (y que lucre con él). Son muy pocas las oficinas de arquitectura o las empresas de construcción en Chile que hayan optado por especializarse en la utilización responsable de la tierra como material, pero existen. Si la legislación no contempla una normalización de los métodos y cuidados que requiere el adobe: el adecuado diseño previo, el complemento con las vigas de madera, la mantención periódica, en fin, la comprensión de lo que significa vivir ‘con’ la tierra; entonces se hace difícil confiar en él.
Sé que es majadero de mi parte exponer los ejemplos de grandes construcciones de adobe que si han resistido numerosos terremotos ocurridos a lo largo de Chile, pero es cierto que no pueden dejar de ser considerados como información relevante. El adobe puede llegar a ser antisísmico si se toman las medidas adecuadas.
Existen numerosos estudios y seminarios de investigación que no sólo destacan las propiedades térmicas del uso de la tierra en la construcción, sino que además reivindican aquello que representa el adobe en la cultura chilena. No me refiero al arraigo en las tradiciones, intento ir más allá y dar a entender que construir con tierra representa un modo de vida distinto a aquel en que dependemos de la empresa constructora, al igual como dependemos constantemente de las autoridades y de aquellos que manejan el poder en general. Construir con adobe significa la democratización de la edificación, la libre disponibilidad de la materia prima y un modo de vida donde la responsabilidad de velar por la vida cotidiana incluye también la de velar por la vivienda. Es vivir ‘con’ la casa y no solo en ‘ella’, es un fenómeno sociológico apreciable en las culturas, sobretodo en el norte del país, donde la construcción de la vivienda con tierra es parte del rito del matrimonio en la que ambas familias construyen de acuerdo a los conocimientos aprendidos de sus padres, conocimientos hoy casi olvidados por los pueblos, y casi suprimidos por la legislación.
Estoy consciente que puede parecer simple romanticismo culturalista, pero el asunto es extenso y digno de ser analizado. Quizás no me explique perfecamente, pero me conformo con poner el tema sobre la mesa.