Por Maximiliano Corradi

La catástrofe en Asia sudoriental, fue provocada por un terremoto que tuvo lugar el 26.12.2004. El terremoto tuvo una intensidad de 9,0 de la escala de Richter, con epicentro a 160 Km . de Sumatra, a una profundidad de 30 Km . bajo la superficie del océano Índico. El terremoto fue captado en diversos países fronterizos como India, Bangla Desh, Malasia, Tailandia, Myanmar, Singapur y las Maldivas.
El terremoto fue desacostumbradamente amplio en su extensión geográfica. Tuvo lugar en una línea de dislocación en la que la placa indo-australiana se sumerge bajo la placa de Burma, que se elevó en unos 10 a 30 metros , lo que provocó olas de choque en el océano Índico.
Durante este terremoto se liberaron gigantescas cantidades de energía. Un gran huracán necesitaría 70 días para liberar la misma cantidad de energía.

Los tsunamis son provocados, sobre todo, por terremotos, pero también por erupciones volcánicas, explosiones nucleares, o por la caída de un meteorito al mar. El tsunami desarrolla su capacidad destructiva sólo cuando se acerca a la costa. Las olas, que en alta mar a menudo sólo tienen un metro de altura, se convierten en la costa en murallas de agua de hasta 30 metros de altitud, a veces de hasta 100 metros.
Los tsunamis se producen en el momento en que grandes cantidades de agua se desequilibran, p. ej., por movimientos de un lado para otro del fondo marino. Desde su lugar de origen, las olas se extienden en círculos a gran velocidad. Y en este proceso la rapidez es tanto más alta cuanto más profunda es el agua.
Los tsunamis se componen, por lo general, de una serie de olas que se acercan una tras otra a la costa. A menudo, las primeras crestas de las olas se anuncian con una marea muy baja, a la cual sigue después la ola. Una ola de tsunami puede mover 1 millón de toneladas de agua; así de grande es la energía que lleva consigo un tsunami cuando alcanza tierra firme. Los daños causados allí son enormes. Muchos de los daños se producen, no tanto por la inundación misma, sino que por el efecto que el agua produce al retirarse. Casas, hoteles y construcciones completas son arrastradas por las aguas.
Hoy, y para toda la humanidad, globalizada, unida a través de la información y la imagen, la noticia es el llamamiento que esta realizando la Madre Tierra, mediante el terremoto en Chile, del 27 de febrero, y los efectos enlazados en el océano pacifico, los alerta de tsunamis, tanto en Hawai, como así mismo en Australia, y Japón.
Por medio de palabra profética, y a través de la profeta y mensajera de Dios en la actualidad, Gabriele, de Würzburg, Alemania. Tomemos las palabras de Cristo, a través la profeta, en el año 1993: «Oh ved, las tempestades, se desencadenan no sólo están anunciadas, ellas soplan, se desencadenan, es decir, se desenfrenan en todos los continentes. Pero es sólo el principio. Continentes enteros se tambalearán, pues las placas tectónicas de la Tierra rotan cada vez más debido a que el magma de la Tierra se calienta. Vosotros sólo pensáis en la atmósfera que está destruida, pero Yo os digo: El magma se calienta cada vez más produciendo movimiento en muchas cosas. La Tierra se calienta. El hielo se derrite. Vienen las inundaciones y las tempestades las inician…»
Ya en 1984, esto es hace más de 20 años, Cristo nos llamó la atención a lo siguiente: «En verdad, en verdad os digo: El tiempo se aproxima, en que las aguas se llevarán a muchos seres humanos, en que el planeta Tierra se rebelará y se tragará todo aquello de lo que pueda apoderarse. Y sucederá que las aguas purificarán muchas regiones de la Tierra …»
El poderoso gigante, la ley de causa y efecto, se mueve en la Tierra: ese gigante, son las muchas causas que los hombres han creado en siglos y milenios, de lo cual mucho aún no está expiado. Esta “vibración magnética” camina por la Tierra. El poderoso gigante va de un lado a otro. Allí donde pone su pie, un terremoto; por otro lado: una catástrofe más. Nosotros los hombres hemos puesto, por decirlo así, en marcha a este «gigante». Los efectos que puede tener cuando él camina por los mares, los hemos vivido con la catástrofe de olas marinas sísmicas en Asia sudoriental.
A raíz del fuerte terremoto de Sumatra en 2004, se produjo también un cambio de la rotación de la Tierra; a pesar de que éste es calificado por los científicos como un “mínimo cambio de la rotación del eje de la Tierra ”, no cabe duda de que puede tener consecuencias. En 1986 Cristo explicó a través de Gabriele, la profeta, la siguiente relación: «El llamado eje terrestre, que es como lo llamáis, no sólo se transformará, sino que también será diferente en su rotación, y con ello toda la Tierra. En verdad os digo: En la Tierra se formará una fuerza que sustituirá al eje terrestre. Pero hasta que esto venga, en la Tierra sucederán algunas cosas. El llamado eje terrestre se transforma y se mueve en una dirección determinada. El hombre diría que “se tuerce”, pero esta torcedura no es visible para los seres humanos; ellos lo sienten, puesto que las estaciones están cambiando, el tiempo va más de prisa. Las fuerzas, sobre y dentro, de la Tierra indican que está sucediendo algo grande desde dentro hacia fuera; ¡y va a suceder! A raíz de la fuerte desviación del llamado eje terrestre, de la rotación, los mares se elevan; terremotos, erupciones volcánicas y cosas semejantes se suceden unas a otras…»
Aquí se indican, con algunos ejemplos como confirmación, como desde el mundo espiritual, Dios no ha dejado de advertir a la humanidad, acerca de los efectos de la forma de comportarse del ser humano, para consigo mismo, para con la Naturaleza , y para con el mundo animal, vegetal, y mineral. Así, si podemos reconocer en nuestro corazón, como simples hombres, que muchas veces somos injustos, tengamos entonces en cuenta, en gran escala, que todo es energía, y que esa energía repercute en la Tierra, volviendo a su emisor: el ser humano.

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