POR CATALINA MAY • FOTO: ALEJANDRO OLIVARES

Humberto Giannini ha vivido cuatro terremotos en Chile, pero éste, dice, ha dejado ver un Chile que antes no se vió: un Chile donde el apoyo es espectáculo, donde la derecha muestra más miedo que nunca, donde el individualismo campea a sus anchas y donde no se condena con la misma severidad al saqueador que al que construye “con ladrillos llenos de papel”. En esta entrevista, se convirtió en la primera voz en pedir un alza de impuestos para afrontar la catástrofe.
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Humberto Giannini dice que en Chile la casa es un símbolo de permanencia, de estabilidad, algo que hasta puede ser malo en un país de terremotos. Eso, razona, nos vuelve inseguros. “Somos una franjita de tierra que tiembla y de repente todo se destruye. Y esa inseguridad se manifiesta de tantas maneras”, concluye.

¿Por ejemplo?
-Entre otras cosas casi absurdas, se manifiesta en este deseo de seguridad que es sacar un frigidaire en un momento en que no se necesita tanto como el arroz. Este vandalismo que ocurrió en Chile tiene una base casi ridícula: sacar lo que no sirve en el momento, sino con lo que se puede especular mañana. Eso tiene que ver con nuestra vida actual, con el exitismo.

Claro.
-A lo cual se agrega que desde antes de la dictadura hemos sido injustos socialmente, sólo que en la dictadura la injusticia se hizo cruel. Pero siempre hemos sido injustos en la distribución de los bienes, de las posibilidades de vida. Y hay un resentimiento que se manifiesta en un terremoto, pero es porque se apaga la luz, y aparece el sálvese quien pueda. Chile ha desarrollado generacionalmente, no sólo socialmente, un resentimiento muy grande.

¿Cómo es eso?
-La generación pobre de 15 años dice: “Hemos sido abandonados por los padres, por la sociedad y aquí estamos nosotros, obligados a vivir”. Es digno de ser anotado que algo está pasando ahí, un problema muy serio de resentimiento de los que casi no tienen derecho a vivir, pero están viviendo.

Y eso apareció en el terremoto.
-Sí, pero igual como aparece en las manifestaciones callejeras, que en un país que no tiene este problema son gritos solamente, pero aquí se destruye sistemáticamente, incluso cuando nos alegramos porque ganó el Colo-Colo. Eso indica un resentimiemto, una ira. La violencia es ciega, pero la ira pide una recuperación de algo. Por ahí va el gran problema que no tiene que ver con la reconstrucción de las casas, sino del país.

¿Y qué hay que hacer para reconstruir esa dimensión del país?
-No regalemos tanto, también acordémonos de que Chile es uno de los países donde hay más diferencia entre los que ganan más y los que ganan menos. Y es uno de los países donde se pagan menos impuestos, y no los pagan los más ricos. Ya que se ha hablado que en caso de peligro, de inseguridad -Piñera lo dijo-, deberíamos hacer un esfuerzo y hacer un ajuste a los impuestos, este es el momento de hacerlo. Todo el mundo liberal paga altos impuestos. En Europa los regímenes son absolutamente liberales y la educación es de calidad y gratuita, la salud es gratuita, los remedios son gratuitos. Porque pagan más impuestos.

CIUDADANOS

Durante los gobiernos de la Concertación se ha puesto énfasis en los derechos ciudadanos, pero no se ha educado en relación a los deberes. ¿Le parece que eso nos pasó la cuenta en Concepción en las horas siguientes al terremoto?
-Toda la razón, pero yo haría una pregunta a los ladrones: ¿se sienten ustedes ciudadanos? ¿El país les ha dado la posibilidad de ser ciudadanos? Entonces, ¿cómo hacer que el que nace comience a sentirse pronto como un ciudadano? Démosle una educación de ciudadano, una casa propia de ciudadano, la dignidad de un ciudadano. Porque hay un sector de nuestra sociedad que se siente al margen de la ciudadanía.

¿Y qué pasa con las vecindades de clase media alta, que no se pueden considerar fuera del sistema, armadas hasta los dientes y dispuestas a matar? ¿O con los santiaguinos ricos que, a kms de la tragedia, llenaban carros de supermercado, acaparando todo lo que encontraban?
-Lo que pasa es que estamos en una sociedad individualista ciento por ciento. En la escuela y en la universidad se nos enseña para ser individualistas, no para rendir un servicio público. Las universidades se promocionan así: hazlo por ti mismo, crece tú mismo. El acaparamiento es el mismo fenómeno, quitarle al otro sus posibilidades. Esa es una sociedad realmente peligrosa. Y el ciudadano se debe sentir ligado a una relación con los demás. Lamentablemente, eso se perdió en Chile absolutamente.

¿Cuándo y cómo?
-Creo que se perdió con el liberalismo salvaje, darwiniano, una cuestión que no existe en otras partes, sino en América, donde nos dan las sobras de los productos intelectuales. No somos capaces de crear nosotros mismos un ideal de sociedad y tomamos lo que nos está dando el mercado. Durante estos días la televisión tuvo una labor hermosa, de hacernos sentir como un país. Pero habitualmente la TV es la que vende productos, nada más. Y en este salvajismo se roban los productos que se muestran en la tele.

Usted ha vivido ya cuatro terremotos, ¿antes se veía esa épica comunitaria que hoy se perdió?
-Sí, pero lo que pasa es que es engañosa la cuestión de la televisión, que construye un espectáculo que arma una sensación de comunidad que, creo, no existe. Claro, todos quedamos impactados y hay un sentimiento de solidaridad con los otros, pero no es lo que pasaba antes. Siempre ha existido el robo, el acaparamiento -en 1908, para el terremoto en Valparaíso, fusilaron públicamente a algunos que vendían el agua-, pero antes había una solidaridad mucho mayor. Además, vamos a encarcelar por robar televisores, ¿pero que va a pasar a los que fabricaban casas con ladrillos llenos de papel, que se cayeron? Eso es mucho más serio, porque está en juego la vida de los otros.

¿Qué le pareció la Teletón y las empresas gritando en público sus donaciones?
-Chile se ha vuelto espectáculo, incluso la cultura. El apoyo se vuelve espectáculo. Los señores que daban más dinero esperaban hasta el último momento para ser aplaudidos. Los bancos nunca han ganado tanta plata en Chile como en la crisis y están gastando sólo lo destinado a publicidad. No se dio tanto como se ha ganado. Las telefónicas han ganado la plata que han querido. Los farmacéuticos no dieron nada parece. No hay que regalar, hay que hacer justicia con cosas tan básicas como los impuestos.

“LAS HORDAS”

¿Que piensa de este miedo de los ricos a la llegada de ‘las hordas’ de saqueadores? La semana pasada, en pleno Providencia, un día las tiendas cerraron porque supuestamente ya llegaban esas “hordas”…
-Es un miedo que ha creado la derecha. En la dictadura, la derecha ya se había subido a los cerros y había creado castillos impenetrables. En Santiago todo está tan bien separado, que si hubiese una conmoción política, cosa que en todas partes del mundo puede suceder, en Chile sucedería por acá abajo, no por arriba. Mi padre fue una época de derecha, después ya no, y cuando surgió el Frente Popular llegaban sus amigos a la casa y ¡qué no se decía!… Yo era niño y escuchaba que las empleadas tenían grupos para adueñarse de las casas, por ejemplo, y gente culta realmente lo creía. “Va a llegar Pedro Aguirre Cerda, este morenito, y va a hacer tiras la sociedad”. No pasó nada, todo lo contrario, fue un gran gobierno. Son miedos que inventan para que los crea la clase media, que es la más temerosa de todas.

Se ha criticado mucho la demora del gobierno para sacar a los militares a la calle.
-En Chile tenemos miedo hasta a las palabras. La palabra “pueblo” desapareció y Aylwin dijo “gente”. Es posible, puedo entender, que se tuvo miedo de sacar a los militares a la calle, y los militares tienen miedo de hacer lo que ya hicieron. Pero también hay miedo en la derecha de que la gente siga aplaudiendo a la Bachelet, porque estamos muy cerca del 2014 y puede salir de nuevo, entonces hay que desprestigiarla desde ahora. Yo creo que hay mucha mezquindad en todo esto. Cuando se caen las casas se caen los sentimientos y muchas cosas.